General / Marzo 10 de 2013

El oro de Cajamarca

Como las personas, las ciudades tienen destino. No sé cuánto decide, en la predestinación, el nombre. Ni siquiera me atrevo a poner en manos de la coincidencia o de la casualidad, el poder disponer del albur de un pueblo.

Pese a las anteriores reflexiones, escrutaré, mediante análisis, lo que fue y es el devenir histórico de dos ciudades que comparten nombre: Cajamarca.

Cajamarca, situada al norte de Perú, fue donde Pizarro, con solo 160 hombres, engañó, capturó y ajustició (en nombre de Dios) al emperador inca Atahualpa quien con unos 40.000 hombres sucumbió ante los cañones y caballos.

Atahualpa, último gobernante del Imperio Inca, era nieto de Túpac Yupanqui e hijo de Huaina Capác, máximos gobernantes incas. Fue un héroe, preparado para defender a su pueblo: Se le adiestró en el manejo de las armas existentes en esa época.

Se le exigió pericia en el tiro de la honda, en el lanzamiento de la flecha, en el manejo de la lanza y del hacha de pedernal. Debió adquirir fuerza y precisión para el disparo de la cerbatana. En las largas marchas, a través de los caminos, se le hizo estudiar la tierra y sus elementos.

Mediante una celada Atahualpa se acercó a Pizarro. El Inca fue a la plaza de Cajamarca a entrevistarse con los españoles, quienes estaban escondidos para sorprender al emperador y a su gente. Atahualpa nunca había oído el estampido de un cañonazo, de los arcabuces o la desconocida fuerza de la caballería. Todo ello causó gran pánico entre los indios y además una mortandad de más de ocho mil soldados que estaban desarmados.

A estas diferentes causas de desventura, Atahualpa añadió otra, que tuvo su principio en el orgullo humillado de Pizarro. Entre las ventajas de algunos conquistadores, excitaba, sobre todo, la admiración del inca la de la lectura, y quería descubrir si era una habilidad natural o adquirida. Para aclarar sus dudas pidió a uno de los soldados que le custodiaban, que escribiese en la palma de su mano el nombre de Dios, y enseñó en seguida aquellos caracteres a diferentes españoles, preguntándoles lo que significaban. Con grande admiración suya, todos le dieron sin vacilar la misma respuesta.

Un día, que se presentó Pizarro ante el príncipe, éste le alargó su mano, rogándole que leyese lo que en él estaba escrito.

El conquistador se puso colorado y se vio obligado a confesar su ignorancia: No sabía leer. Desde aquel instante Atahualpa lo miró como a un hombre vulgar, menos instruido que sus soldados, y no ocultó los sentimientos que aquel descubrimiento le habían inspirado. El conquistador se sintió humillado al verse objeto del desprecio de un bárbaro, y decidió hacer perecer al valiente.

Cuando Atahualpa fue capturado, por su liberación el inca ofreció toda una habitación llena de oro y dos habitaciones más llenas de plata. A pesar de que el gran tesoro fue pagado, Atahualpa fue ejecutado por orden de Francisco Pizarro, el 26 de julio de 1533. Murió en la plaza de Cajamarca, ahorcado. De esta forma terminó la vida del último emperador del Imperio de los Incas y, además, fue el final de la más espectacular conquista de un imperio de más de diez millones de habitantes, más de tres millones de kilómetros cuadrados de extensión, efectuada por 165 hombres españoles en dos días.

Muchas atrocidades se cometieron en nombre de la evangelización. La batalla de Cajamarca y la muerte de Atahualpa fue un claro ejemplo de ello.

Cuatrocientos ochenta años después, de esa ciudad que comparte destino con su gemela colombiana, los periodistas dicen: El objetivo y meta final de la multinacional New Mont Mining, con el aval del gobierno de turno, es la extracción de 6 millones de onzas de oro, equivalentes a U.S$ 1.200 millones, potencial de oro detectado en 34. 527 hectáreas de los Andes cajamarquinos. La pretensión tiene el siguiente daño depredador: En el área general de influencia del proyecto existen 38 caseríos, 682 manantiales, 102 captaciones de agua, 100 ha., de reforestación, 18 canales de riego y 6 lagunas que, al desaparecer, consecuentemente desaparecerían animales, ganadería, plantas y pueblos.

Sin embargo, pareciera que todo fuera mentira, porque algunos que cuentan la historia, empresarios codiciosos, técnicos mediocres y gobernantes serviles, creen que el pueblo ignora que la minería de cielo abierto, que ya fue prohibida en varios países, y el uso del cianuro, que fue también prohibido en Europa, están causando desastres ecológicos.

La incoherencia entre el discurso y la acción, muestra la decadencia moral de quienes gobiernan la porción del Perú, llamada Cajamarca, que tiene 1 millón 359 mil habitantes, de los cuales 800 mil están dedicados a la agricultura”.

Para equiparar a dos ciudades unidas por el mismo nombre, el relato histórico se traslada a Colombia: Ya en 1513 Vasco Núñez de Balboa había encontrado el océano Pacífico, lo que permitió a Sebastián de Belalcázar iniciar su ruta conquistadora. En su camino, Belarcázar navegó el río Magdalena hasta donde hoy se ubica el municipio de Flandes y siguió su ruta en búsqueda del lugar mítico llamado El Dorado.

La colonización en lugares de difícil acceso o incluso deshabitados se llevó adelante, aunque fuera con elevado costo, cuando el valor estratégico o económico del lugar justificaba el esfuerzo. Donde no había oro no hubo conquistadores.

La riqueza en oro de Cajamarca, Tolima, se reconoce desde periodos prehispánicos, cuando las etnias Pijao comerciaban este material y fabricaban herramientas y elementos de oro para uso personal. El ansia de oro llevó a los conquistadores a inmensa crueldad y aniquilamiento de los indígenas, como la historia de la cacica Yulima, martirizada y ejecutada por los españoles y quien fue una sacerdotisa que regentaba una guaca o santuario religioso en cercanías del cerro Machín. La mohán Yulima fue asaltada y hecha prisionera, siendo conducida encadenada y llevada a la hoguera, por los conquistadores y mientras era incinerada y agonizaba, recibía bendiciones para que su alma volara pronto al cielo.

La rapiña del oro durante La Colonia y por más de 500 años, agotó algunas de las canteras. En los últimos años se descubrieron yacimientos. En la actualidad se ejerce la minería, con la explotación de la mina La Colosa, cerca de Cajamarca, por el sistema de cielo abierto, que trae grandes perjuicios a los recursos renovables y preocupaciones respecto al impacto negativo que esa explotación genera en el medio ambiente.

La mina se encuentra en una zona de altísima actividad volcánica asociada al volcán Machín que, ojo, puede despertar por el estampido de las explosiones.

Anglo Gold Ashanti, la tercera más grande explotadora de oro en el mundo, es la multinacional que explota la mina La Colosa y tiene solicitudes de licencias de exploración y explotación en un área que comprende más de 4 millones de hectáreas del territorio nacional.

El proyecto minero de Cajamarca, se estableció en una zona ambiental protegida por ser una estrella de agua, con 161 nacimientos .El agua es un bien común y la destrucción de sus nacimientos afectaría no solo a los habitantes de esa región sino a todo el país.

Los municipios y departamentos mineros en Colombia son, ahora, los más violentos y pobres del país, tal es el caso del Sur de Bolívar, La Guajira, el norte del Cauca, el nordeste de Antioquia y Chocó, en donde las comunidades son víctimas del desplazamiento forzado, del terror y la violación a sus derechos fundamentales.

Para cuando se extinga el oro y se cierre, la mina dejará atrás problemas sociales tales como la violencia, la prostitución, falta de trabajo, encarecimiento del costo de vida y los alimentos, cambio en la vocación productiva de las comunidades, pérdida de la seguridad alimentaria y problemas ambientales.

La operación de La Colosa consumirá 9 millones de metros cúbicos de agua al año, equivalente al consumo mínimo de 400.000 personas Se utilizarán más de 4 millones de kilos de cianuro anualmente y los residuos tóxicos generados contaminarán los ríos y, también, el suelo con metales pesados como el arsénico, cobaltos, mercurio.

Para 50 mil toneladas diarias de roca, se utilizan 2 millones de litros de agua por hora, que equivalen al agua que consume una persona en 35 años de vida. Los costos de remediar el daño ambiental en la zona pueden superar el monto total de las regalías recibidas

Antes era maravilloso paisaje, ahora es un continuo quejido. Pero más fuerte que el lamento de la tierra, es el estallido de las explosiones en la mina La Colosa. En esa zona el agua se desliza gota a gota o en torrentes, y muy a su pesar contamina las vertientes, se secan los sembrados, mueren los peces, las montañas se estremecen, la misma tierra sufre desgarrada. Se desafía al Machín, por cuenta de la codicia ajena.

Basta de plomo, mercurio, zinc, cianuro y cadmio, pongámonos de pie y gritemos: La vida es la mayor riqueza.


Por Samaria Márquez Jaramillo

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