Jueves, 15 Nov,2018

Región / MAY 22 2016 / Hace 2 Años

El suicidio y el grupo social, a propósito de la ola de suicidios en el Quindío

Un caso singular de suicidio en nuestra tierra fue el famoso caso de la joven de 28 años, Érika Salazar, que amenazada por prestamistas prefirió envenenar a sus tres niños y suicidarse. 

El suicidio y el grupo social, a propósito de la ola de suicidios en el Quindío

Según el Instituto de medicina legal y ciencias forenses, entre los años 2010 y 2014, se suicidaron 206 personas en el Quindío.

Este y los demás casos nombrados en nuestra primera entrega, nos muestran que problemas como el desempleo o las deudas pueden ser causantes de una tragedia como la que estamos analizando.

En este sentido, podemos entender por qué para el modelo sociológico, basado principalmente en los estudios de Durkheim, la sociedad es la culpable del fenómeno del suicidio, pues, lo que está en la naturaleza de cada hombre individual no es más que la repercusión de lo que éste se ha hecho en medio de la sociedad, esto, a partir de los recursos que la colectividad le brinde (o deje de brindarle) por eso, los motivos de la acción suicida no vendrán, de acuerdo a Durkheim, completamente de cada uno, a pesar de que sea una decisión elegida conscientemente, sino que en el fondo, serán estructurados a partir de los presupuestos del grupo social particular en el que este está inscrito.

La consecuencia será el aislamiento o la integración total y la muerte autoinfligida.

 

La prevención
Otra noticia que también podría hacernos pensar que el modelo sociológico para el manejo y prevención del suicidio debería implementarse, es la que nos narra John Jolmes Cardona en LA CRÓNICA del Quindío, sobre el suicidio de Carlos Andrés Restrepo que se lanzó del puente La Florida en 2014:

Los espectadores instaban al ciudadano a lanzarse…que creí que no lo haría, que era lo que pensaban las muchas personas que acudieron a la que tomaron como una función.

… me molestaban los gritos de la gente que a mis espaldas, en un acto que todavía no puedo comprender, le gritaban que saltara, que lo hiciera, que era una gallina, que era un simple cobarde.
… alaridos que se mezclaban de forma macabra con risas
… Sus manos seguían sujetas a la baranda y yo alcanzaba a ver en sus ojos un brillo demente, pero al seguir escuchando los chistes, las burlas, las frases sin sentido, volteé y vi en los expectantes aquella misma mirada de locura.
… No eran todos, tengo que decirlo, porque en otros ojos vi una tristeza grande…
… Yo lo estaba mirando cuando sus brillantes ojos y su cuerpo entero fueron tragados por la penumbra.
… El acto había terminado, al voltear vi como los cabalmente ciudadanos se alejaban... pronto ascendió la mala nueva de que Carlos Andrés había muerto.
…Yo no he podido sacarme esa imagen de la mente y me niego a creer que la indolencia que presencié aquella noche haya sido real. También me niego a creer que la vida importe tan poco1.

Lo anterior nos demuestra que nos estamos volviendo una ciudad grande, ya no nos importa el otro, no queremos ayudar a nadie, el sufrimiento de los demás se ha convertido en una atracción por una simple noticia que pasamos de largo.

 

Formación moral
Podemos pensar entonces, después de todo lo dicho, y como lo afirma la postura de Durkheim, que es necesario establecer una formación moral en donde debe estar involucrada en la escuela, la universidad, los padres de familia, las instituciones y las leyes. Para Durkheim, solamente una sociedad cohesionada impide que sus miembros evadan la responsabilidad que tienen con ella, al darse muerte. Si la persona se integra, aprenderá a mantenerse vivo para los otros, superando los problemas que puedan presentarse, mediante un apoyo mutuo y constante con los demás. Formación moral implica el compromiso de restablecer el tejido social, restablecer la cohesión social, restablecer el lazo entre los individuos. En este sentido, se tienen que empezar a atacar las causas sociales del suicidio y no al suicida, como acostumbra el modelo psiquiátrico.

A nivel personal, podemos actuar en contra de factores determinantes que estén a nuestro alcance, contra el maltrato intrafamiliar, contra el abandono de los ancianos, la intolerancia, entre muchas cosas que nos pueden ayudar a velar por el bienestar del otro.

A nivel del gobierno local y regional, primero, atacar nuestros principales problemas sociales como son el desempleo y el microtráfico. En segundo lugar, necesitamos grupos de supervivientes para comprender la experiencia del duelo y el sentimiento de superación, no grupos de autoayuda; necesitamos una línea de atención local como el 125 pero que funcione, ya que el 01 8000 113 113, línea de atención nacional en salud mental, que aparece en la página de la alcaldía de Armenia, tampoco sirve; se necesita una capacitación “real” para las instituciones, colegios, universidades, padres de familia, bomberos, policía, defensa civil; y con “real” me refiero a la manera de enfrentar situaciones de riesgo suicida, cómo repensar el problema centrándose en la persona particular, sin tratar de atacarla para proteger a la colectividad, como acostumbra al modelo psiquiátrico; establecer un equipo de profesionales, voluntarios y pasantes de diversas disciplinas que ayuden a estructurar un verdadero modelo de prevención del suicidio; vincular universidades y grupos de investigación que ofrezcan resultados reales y no solamente estadísticas, como los que tiene la Universidad Von Humbolt y la de San Buenaventura.

 

Datos, para terminar
Según el Instituto de medicina legal y ciencias forenses, entre los años 2010 y 2014, se suicidaron 206 personas en el Quindío.

En 2015 y  lo que va de 2016 se han suicidado en el Quindío: Nelson, Héctor Julio en Calarcá; Sor María,  Rubén Darío, Angie Vanessa en Quimbaya; Alejandro, Juan Carlos, Verónica, Alfonso, Johana, Jaime, Pedronel,  Jesús, Orlando,  Jhon Germán, Francisco, Jonathan, Libardo,  Johan Stiven, Camilo, Rubén, Sofía Catalina, Adalberto, Iván Alberto, Carlos, Sigifredo, James y  Jhon Henry en Armenia; Jhon Darío, Cosme,  Carlos Alberto en Montenegro, Daniel, Arley en Circasia, José Ovidio en Pijao; Eduardo en Buenavista (pongo aquí los nombres y no el números de suicidas para hacer notar el efecto suavizante y encubridor que las estadísticas tienen sobre la realidad concreta), fuera de otros casos que la gobernación y las alcaldías no han querido reportar como suicidios para no verse mal ante el país, o que las familias de los afectados quieren ocultar para evitar el señalamiento social. Y tendrán que morir muchos más antes de que veamos la necesidad de encontrar soluciones verdaderas.

 

Conclusión
Es evidente que el gobierno local y regional ha pensado estos últimos años que el fenómeno del suicidio no es más que un problema de salud pública o de salud mental y no un problema derivado de una realidad social deteriorada. Al contrario, podemos decir que el que se mata no es simplemente un loco, un pecador o un delincuente, sino una víctima de la violencia social, de la incomprensión, del aislamiento, del estigma. Tenemos que hablar de los suicidios en el Quindío desde diferentes posiciones, desde diferentes saberes, para poder buscar soluciones, para poder implementar mejores políticas de prevención, para motivar de nuevo en los ciudadanos el interés por los otros. El tabú del suicidio no puede obligarnos a seguir en silencio: la responsabilidad del suicidio debe ser colectiva.

 

Fuentes:
Diario La Crónica del Quindío
Diario ¡Vea pues! Quindío
Durkheim, Emile. El suicidio. México. D.F.: Publicaciones UNAM, 1974. 526 p.
Forensis. Revista del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. 2010-2014.
Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI. Buenos Aires.
Szasz, Thomas S. El mito de la enfermedad mental. Talleres Gráficos Color Efe. Buenos Aires.

 

 

Por Jairo Alberto Cardona Reyes
Profesor de Filosofía, Uniquindío


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