La Salida / Mayo 01 de 2015 / Comentarios

“En la actualidad siento que los jóvenes andan algo perdidos”

“En la actualidad siento que los jóvenes andan algo perdidos”

Irene Vasco se define como formadora de lectores y escritores. Varios libros publicados y años de experiencia en el difícil pero necesario oficio de promotora de lectura avalan lo dicho. Colombiana con nacionalidad brasileña, Vasco es una autora de libros para niños y jóvenes conocida dentro y fuera del país.

Expedición Macondo (2015), su más reciente obra, rinde homenaje al mundo fantástico salido de la pluma de García Márquez.

 

Expedición Macondo tiene un fuerte componente autobiográfico. ¿Qué importancia tiene el componente oral en la formación de los chicos? ¿Cree que las nuevas tecnologías entorpecen el diálogo entre las distintas generaciones?

La diferencia entre el ser humano y el animal es la palabra y la capacidad de simbolizar. La transmisión de la cultura ha sido siempre a través de las narraciones pues no solo simbolizan quienes somos como especie sino que contienen las reglas de juego: los cuentos nos indican lo que se espera de nosotros. Por eso, al iniciar a los niños en la literatura, siempre parto de la oralidad para llegar a la palabra escrita. Cuando los mayores narran, los jóvenes crean referentes interiores que les ayudan a regular su comportamiento social y a construirse como individuos.

En la actualidad siento que los jóvenes andan algo perdidos. No saben quiénes son ni quiénes deben ser. Tristemente han dejado de recibir el legado universal de los cuentos y las tradiciones. Ellos no tienen la culpa. No pueden pedir algo que no conocen. Tal vez a causa de esta carencia es que se enfrascan en las pantallas, buscando símbolos y narraciones que les ofrezcan marcos de referencia. Por supuesto ahí no las consiguen. Somos los adultos los responsables de transmitir y nosotros no estamos haciendo nuestra tarea.


Cuenta usted que leyó Cien años de soledad a los quince años en el pueblo de Tolú. ¿Qué papel jugó en su vida de lectora y escritora la obra de Gabriel García Márquez? Además, ¿cuándo decidió hacer un mapa de lectura para los niños de la novela más conocida del Nobel colombiano?

Cien años de soledad llegó a mis manos en el momento justo. A los quince años pasaba de las lecturas de infancia a las lecturas de las grandes novelas. El libro acababa de ser publicado, no era un producto de moda ni había premios detrás. Sencillamente fue un regalo de Navidad que me dieron mis padres y que me llevé a las vacaciones. Ahora, desde mi perspectiva de lectora experimentada, creo que esta primera lectura de Cien años de soledad fue una combinación de mi despertar a la maravilla de leer un libro “de adultos” y el lugar donde ocurrió, las playas de Tolú, tan parecidas a lo que iba leyendo. Reconocía cada personaje, cada situación caribeña a lo largo de las páginas.

Sobre Expedición Macondo, no fue decisión mía. Fue una invitación expresa de Elena Gómez, directora de Penguin Random House, con quien he publicado otros libros. Cuando llegó el momento de hacer un libro para niños sobre Gabriel García Márquez, ella pensó en mí pues conocía mi pasión y mis reiteradas lecturas de su obra. Realmente agradezco tan feliz oportunidad.


Plantea al final del libro que Expedición Macondo fue una charla de literatura con sus lectores. ¿Qué mecanismos literarios emplea para enganchar a los chicos a un libro?

Mi trabajo cotidiano, más que de escritora es de promotora de lectura. Viajo por el país entero, llegando a lugares muy remotos, intentando formar lectores, en especial maestros que a su vez formen nuevos lectores en las aulas. Leo textos literarios en voz alta para luego entablar diálogos y provocar deseos de leer más y de escribir. Quiero que los asistentes a los talleres descubran que saben mucho más de lo que creen y que desarrollen lecturas creativas y creadoras con sus estudiantes.

 

Los escritores nacionales de libros para niños y adolescentes están incluyendo en sus obras cada vez más elementos de la difícil realidad colombiana: tenemos de ejemplo su libro Mambrú perdió la guerra. ¿Cree que hablarles a los niños de la realidad les servirá para evitar los fantasmas de la violencia?

Los niños viven la “dura realidad” cada vez más de cerca. Antes no se hablaba de la guerra y de la muerte frente a ellos. Ahora todo el entorno en que viven repite sin cesar que vivimos en medio de la barbarie: los televisores de los hogares permanecen encendidos, la radio, las publicaciones, las conversaciones, las redes sociales… todo se encarga de reiterar que estamos en guerra. Los niños oyen, a veces preguntan, y los adultos nos hacemos los sordos porque no sabemos qué contestar, cómo contestar. Los fantasmas crecen y se multiplican en el interior al no encontrar respuestas exteriores. A través de la literatura pueden, eventualmente, hallar soluciones a sus dudas existenciales.


Háblenos de su método de trabajo. ¿Cómo escribe sus libros?

Escribo sin método. Escribo lo que va apareciendo en mi cabeza y estas apariciones son muy lentas. Lo único claro es que cuando inicio un libro, este se vuelve una obsesión. No puedo dejar de pensar en lo que quiero contar aunque esté haciendo mercado, conversando con la familia o viendo televisión. Y si estoy leyendo, es peor aún. La lectura me remite a mi escritura automáticamente, pierdo el hilo y mi mente brinca a mi propio texto.


¿Qué otros autores colombianos de literatura infantil lee con frecuencia? ¿Cómo está la salud de este tipo de escritura en el país?

Le sigo la pista a los nuevos escritores colombianos, tanto los que escriben para adultos como los que escriben para niños y jóvenes. Hay gran cantidad de publicaciones, la mayoría de pobre calidad editorial. Pero de cuando en cuando hay “joyas” que merecen ser leídas no solo por los colombianos sino por el mundo entero. Por fortuna cada vez hay más divulgación y los libros alcanzan mercados internacionales con mayor facilidad.

 

¿Qué proyectos literarios tiene en mente? ¿Ha pensado escribir libros para adultos?

Después de Mambrú perdió la guerra, publicado por Fondo de Cultura Económica, México, en el 2012, no había publicado más libros pues estaba dedicada a recorrer el país dictando talleres en zonas rurales, en selvas y montañas. Escribir así es muy difícil. La escritura es un proceso lento y reflexivo y no de aviones, aeropuertos y hoteles de paso.

Este año decidí limitar los viajes y dedicarme a terminar varias ideas y manuscritos apenas delineados. Quiero terminar un libro sobre mi trabajo de promotora de lectura en territorios violentos y en comunidades indígenas y campesinas. Trato, además, de afinar un proyecto de libro digital gratuito y colaborativo, una especie de diálogo virtual con los lectores, donde cada uno podrá escribir e ilustrar nuevos capítulos. También tengo otros dos libros en proceso de edición… y una colección que me estoy imaginando. Pero esas son sorpresas que pronto conocerán. Todavía no es el momento.
 

Por Ángel Castaño Guzmán

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