Domingo, 23 Sep,2018

Región / MAR 18 2015 / Hace 3 Años

En la cola del Giraldo en Calarcá, 40 familias optaron por la invasión

El de ayer fue el día 25 de trabajos de mujeres, niños y hombres en la cola del barrio Giraldo de Calarcá, donde construyen sus casas al lado de la quebrada El Pescador. Sus hogares constituyen una nueva invasión.

En la cola del Giraldo en Calarcá, 40 familias optaron por la invasión

Los habitantes del barrio trabajan en la construcción de sus casas. Dicen que con lo que pagan un arriendo pueden construir una vivienda dónde tener a sus hijos.

Son en total 40 familias, en su mayoría de madres cabeza de hogar. Tomaron la decisión porque dicen que el dinero con el que pagan el arriendo ahora les servirá para comprar comida.

Por eso cogieron el azadón. El domingo 22 de febrero bajaron y comenzaron a cortar la maleza y poco a poco fueron descubriendo lo que les pareció una especie de hallazgo arqueológico: los pisos, unos 200, de las casas que antes del terremoto de 1999 estuvieron allí.

Algunas cedieron ante el sismo, otras terminaron en perfecto estado. Pero al final todas fueron destruidas y el lote, perteneciente al municipio de Calarcá, quedó de nuevo deshabitado. Ahora esos pisos son un punto de partida.

Los antiguos moradores, los damnificados por el terremoto, fueron reubicados en el barrio Llanitos de Guaralá.

 

Escondan a los niños

La noche del lunes fue de temor. Algunos duermen en el lote para prestar guardia, porque la Policía Nacional, en el desarrollo de sus funciones, puede llegar a desalojarlos.

Pero ese no fue el mayor temor. Dicen que algunas personas los amenazaron con quitarles a los niños. “Nos dijeron que si no nos íbamos vendría Bienestar Familiar y se quedaría con nuestros hijos”.

Por eso durante la noche los escondieron en casas de familiares y de amigos. Sin embargo, ayer con palos y palas de juguete los pequeños colaboraron en la limpieza del terreno.

 

Primer desalojo

El domingo fueron desalojados. La administración municipal de Calarcá tiene la misión constitucional de proteger que los bienes del municipio sean de todos y no terminen en manos de particulares.

Por esa razón sus representantes están obligados a actuar, sin importar que vean de cerca el drama humano.

Los cambuches se fueron a tierra, y entrada la noche ya no se escucharon las voces de los invasores, solo el rumor del Pescador, que arrastrando desperdicios desciende en busca del río.

 

Nadie nos arrienda

Los moradores de la cola del Giraldo viven entre la espada y la pared. Así lo dijo Mónica García Hidalgo, que adorna el espacio que limpia, de cuatro metros por cuatro, con artesanales banderas de Colombia y de la paz.

Dice que esos trapos los protegen. Su padre, de 75 años, la ayuda a adecuar el terreno. Dijo que tiene dos hijos menores, uno de cuatro años y otro de ocho meses. Mientras ellos trabajan, su madre, que está enferma, cuida a los niños.

“Si pagamos arriendo, no tenemos para la comida”. Repite la que se ha convertido en la consigna de los que en ese momento buscaban entre el pasto crecido y la basura los que esperan sean sus hogares.

Dice que se dedica a lo que resulte. “Ahora estaba trabajando en Versalles vendiendo jugos”. Antes hacía turnos en cafeterías y restaurantes. “Todos necesitamos donde vivir”, asegura y llora.

Contó que quienes alquilan piezas no los reciben si tienen hijos pequeños porque dañan las paredes con dibujos y letras. Mencionan que algunos hacen rayas con lápiz que van desde la sala hasta la cocina. Explica que para pagar una casa completa, que cuesta entre 300 y 400 mil pesos, no le alcanza.

 

Se unieron para invadir

No hay agua, no hay luz, pero la necesidad los obliga. John Jairo Soto Benítez se ha convertido en el líder del asentamiento. Vende frutas en el centro de Calarcá, pero por el momento la mayor parte del tiempo la pasa en el Giraldo.

Antes de bajar a la cañada tuvieron una reunión y decidieron ponerse manos a la obra. Recuerda que no han tenido trato con la alcaldía. “Solo han venido a traernos documentos en los que nos explican que tenemos que desalojar”.

Las 40 casas se unirán a una decena que antes constituían la cola del barrio. Una de sus habitantes contó que llevan un año allí, lo que hace que sus raíces sean más fuertes.

Por esa razón este día no las tocarán. La medida será dirigida contra los nuevos invasores. El alcalde Jesús María Zuluaga dijo que hoy, en cualquier momento, se hará un nuevo desalojo.  

 

 

Por Oliver Gómez Solarte


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