Viernes, 19 Ene,2018

En profundidad / DIC 02 2017 / Hace 1 Mes

¿Era fidel tal como lo pintan adversarios y partidarios?

Su personalidad era tan compleja e imprevisible, que cada quien podía formarse una imagen distinta  de él en un mismo encuentro.

¿Era fidel tal como lo pintan adversarios y partidarios?

Fidel Castro fue al tiempo un revolucionario, un estadista y un líder que tuvo el privilegio de entrar vivo a la historia como uno de los grandes latinoamericanos de todos los tiempos, merced a su formidable cultura intelectual, a sus conocimientos científicos y a sus habilidades de estratega político y militar.

Su figura, sin duda la más influyente y controvertida de nuestra época, fue aplaudida en los severos auditorios de la ciencia y la geopolítica, donde se discute el destino de la humanidad. Fue llevado al cine y plasmado en obras literarias y ensayísticas; incluso, la música protesta y popular lo registró en la voz de Daniel Santos y Silvio Rodríguez, entre otros.

Fidel encarnó un fascinante fenómeno de la política en el siglo XX y los primeros lustros del actual: fue un comunicador eficaz, un hombre con bríos, una figura romántica, un rebelde siempre provocador, vertiginosamente imaginativo e imprevisible, un actor sin parangón; un dirigente que vivió de manera modesta, casi espartana, sin lujos ni ostentaciones.

Frente a las multitudes, Fidel asimilaba y recordaba con su memoria asombrosa todo lo que había leído, escuchado y visto durante el último medio siglo. Había acumulado unos conocimientos y una erudición fuera de serie. Su capacidad oratoria, tantas veces descrita, era prodigiosa no solo por la musicalidad de su tono público o académico, sino por los destellos de su lenguaje inteligente y seductor, que chispeaba con gracia y buen humor en las controversias privadas.

Fidel era un torrente de elocuencia que se agigantaba en sus didácticas exposiciones sobre la historia comparada. Su amigo García Márquez lo captó bien en su pluma magistral: “cuando habla es la inspiración, el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo”. “Es toda una avalancha verbal que acompaña siempre ondulando el aire con la bailarina gestualidad de sus finas manos”, dijo el poeta Pablo Neruda tras el éxtasis inspirado por un fenomenal discurso de Fidel en la plaza de la Revolución.

Y el sociólogo y periodista español Ignacio Ramonet en su célebre “Biografía a dos voces”  expresa con energía: “Les guste o no a sus detractores, Fidel tiene un lugar reservado en el panteón mundial de las figuras que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la tierra”.

Cuando llegó a La Habana encabezando su Revolución (el 02 de noviembre de 1956) tuvo que erradicar unos cuantos vicios: La holgazanería de los juegos de azar estaba muy extendida en el país (como hoy los casinos y el chance en el Quindío), porque mucha gente soñaba en la buena fortuna, en un iluso “golpe de suerte”, no en la superación, no en el trabajo, menos en el estudio, sino en el azar, en sacarse un premio de la lotería o en ´ganar´ cantidades de dinero haciendo trampa en el juego de cartas en el casino (como en Armenia) dominados por la oscura mafia del juego y los carteles de las apuestas. Todo eso tuvo que erradicarlo Fidel, para cámbialo por construcción de planteles educativos. (por cierto, en Armenia hay más casinos y puntos de chance que escuelas y colegios).

Fidel construyó su revolución fundándose básicamente en los sentimientos de la historia de Cuba. Aprovecho las profundas raíces de las insurrecciones de mediados del siglo XIX contra el colonialismo español, alimentadas por el nacionalismo radical, el populismo y la demanda de justicia social.

Incansable promotor del estudio para la juventud, Fidel inculcó en su entorno la formación cultural, así como la necesidad constante de la producción de conocimiento como pivote de la educación liberadora. 

Toda su vida, desde las primeras letras hasta los últimos días, estuvo consagrada al estudio de las realidades sociohistóricas y a los fenómenos culturales y políticos. Pocos en el hemisferio discernieron tan claramente las necesidades de las ciencias sociales como pedagogía de la cultura para todo un país. 

Era un transgresor instintivo, Incapaz de concebir una idea que no fuera descomunal.

“¿Qué le queda a un hombre cuando ni siquiera puede ser dueño del conocimiento que la Humanidad ha ido acumulando durante siglos? Porque esos conocimientos están en los libros, al alcance de cualquier hombre, pero ese hombre no sabe leer ni escribir. ¡Consideren qué triste es eso! ¡Consideren cuánto más valdrá ese ciudadano para su patria, para su familia, cuando ya tenga una cultura mayor!” (Discurso pronunciado en 1960).
 

Fidel construyó su revolución fundándose básicamente en los sentimientos de la historia de Cuba. 

La humanidad recuerda hoy su extraordinario mérito como genio político, como auténtico revolucionario y como intelectual comprometido con su época y con el destino de la humanidad. Fidel rompió el esquema del político tradicional. Devolvió a la política lo que ella es en su esencia: un arte para llevar felicidad a los seres humanos.

Pero ´El patriarca cubano´ produjo también otras impresiones. Aunque su popularidad en Cuba fue inmensa y la favorabilidad de su imagen nunca decayó, un sector de cubanos –en comparación con la enorme masa de gente entusiasta, humilde y culta que lo admiró– lo consideró un servil satélite de la Unión Soviética. 

La instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba –en octubre de 1962–, cuya función era impedir otro desembarco militar por el gobierno de Estados Unidos (como el de Bahía de Cochinos en abril de 1961), estuvo a punto de hacer estallar la tercera guerra mundial. Luego, desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) impuso a Cuba un ruinoso embargo comercial –reforzado en los años 90 por las leyes Helms-Burton y Torricelli–. 

Fidel luchó desde su lógica internacionalista de solidaridad y, pese a las condiciones de inferioridad, mantuvo a su pueblo unido y salió ileso de los numerosos atentados planeados por la CIA norteamericana contra su vida. Tuvo que vérselas nada menos que con diez presidentes norteamericanos (Eisenhower, Kennedy. Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo).

Finalmente, en diciembre del 2014, los dirigentes estadounidenses tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática, e iniciar un proceso de normalización que implicaría el respeto del sistema político isleño, el líder de ese proyecto fue el presidente Barack Obama.

Con todo, bajo Fidel, los cubanos obtuvieron logros excepcionales en desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general y victorias deportivas en competiciones mundiales.

Su modelo educativo es comparable en calidad al de Finlandia. En salud e investigación médica, desde hace varios años Cuba exhibe tasas de mortalidad infantil inferiores a las de países desarrollados como Estados Unidos y Canadá. Hoy, más de 7.000 cubanos se benefician con la terapia celular en medicina regenerativa, en el Instituto de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana, una de las más perfeccionadas del mundo.

Hasta la víspera de su fallecimiento, a los 90 años, Fidel seguía jugado y movilizado en defensa del medioambiente y contra la globalización neoliberal; firme en la trinchera, ni siquiera el deterioro de los años lo alejó de su posición de vanguardia desde la cual condujo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie lo hicieron renunciar.
 

Alpher Rojas 
Especial para LA CRÓNICA 


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