La mayoría de los doce escenarios que van a ser construidos o remodelados carece de planes para su utilización habitual después del evento, afirmó un directivo de la Asociación Brasileña de Industrias de Base (Abdid) que representa al sector de empresas pesadas y de bienes de capital.
“Verificamos que en la mayoría de estadios no se va a desarrollar un concepto de multiarena que permita su aprovechamiento después del certamen”, dijo el vicepresidente de la Abdid, Adilson Primo, en un seminario sobre el mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016.
La rentabilidad de los estadios también ocupó espacio en el discurso del vicecanciller y ministro de Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, que participó en el encuentro.
Westerwelle tendió la mano a Brasil y ofreció la experiencia de su país como organizador del mundial de 2006 para enseñar cómo aprovechar los campos y además, desarrollar otros aspectos como infraestructuras y transportes.
El ministro brasileño del Deporte, Orlando Silva, rechazó que los proyectos de los estadios sean inviables e insistió en que los bancos públicos únicamente concederán sus créditos a los proyectos sostenibles desde el punto de vista financiero.
“Algunos proyectos incluso han reducido la capacidad de los estadios para ajustarse a los criterios”, ejemplificó Silva.
Las ciudades que la Fifa eligió como sedes son Río de Janeiro, Sao Paulo, Brasilia, Belo Horizonte, Porto Alegre, Salvador, Cuiabá, Curitiba, Fortaleza, Manaos, Natal y Recife.
Varias de estas urbes no cuentan con equipos en las principales divisiones del país, por lo que el fútbol no aseguraría la rentabilidad de las inversiones.
Un claro ejemplo es el de Brasilia, la capital del país, donde se va a levantar un estadio nuevo con 70 mil asientos de capacidad que posteriormente quedará sin dueño porque en la ciudad no hay equipos de fútbol profesionales.
El club más destacado de la región, el Brasiliense, de segunda división, juega desde su fundación en su propio estadio en la ciudad de Taguatinga, a 20 kilómetros de la capital.
La rentabilidad se une a otras preocupaciones, como el ritmo de preparación de las obras, que no han comenzado en ninguna de las doce ciudades sede.
EFE.