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En profundidad / JUN 09 2019 / hace 3 meses

Estamos ‘matando’ la vida

“Convertid un árbol en leña y arderá para vosotros, pero no producirá flores ni frutos para vuestros hijos”: Rabindranath Tagore, Nobel de Literatura.

Estamos ‘matando’ la vida

El transporte público en Bogotá, como en Armenia, es un foco de contaminación ambiental. Son chimeneas que afectan a la población incluyendo al personal de las secretarías de Tránsito.

El 5 de junio, António Guterres, Secretario General de la ONU, envió el siguiente mensaje: “es hora de actuar con contundencia. Mi mensaje a los gobiernos es claro: gravar la contaminación, dejar de subvencionar a los combustibles fósiles y dejar de construir nuevas centrales de carbón. Necesitamos una economía verde, no una economía gris”. La recomendación la hizo porque el pasado miércoles se conmemoró el ‘día mundial del Medio Ambiente’. Como expresa la página web de las Naciones Unidas, esta fecha brinda la oportunidad de ampliar bases de una opinión pública bien informada y una conducta inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la conservación y la mejora del medio. El tema central de este 2019 fue: ‘Contaminación del aire’. Se buscó sensibilizar sobre un asunto particularmente apremiante, así como llamar a la acción para combatir el problema que afecta a millones de personas. 

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Con este tema, China —el organizador de esta conmemoración— invitó a considerar los cambios que podemos hacer en nuestro día a día para reducir la contaminación del aire que generamos en la vida cotidiana. El objetivo es, ni más ni menos, eliminar de forma progresiva nuestra contribución individual al calentamiento global y, de este modo, detener sus perniciosos efectos en la salud y la del planeta.

Entender los tipos de contaminación y cómo afectan la salud y el medio ambiente, ayudará a tomar medidas para mejorar el aire que respiramos. Esta situación se vive en todas partes, pero a menudo ni se ve. Nueve de cada diez personas en el mundo están expuestas a altos niveles que superan los estándares de seguridad señalados por la Organización Mundial de la Salud, OMS. Tenemos que hacer algo ya, resaltó la ONU en su página web.


8.8 millones, defunciones en un año

Se ha deteriorado tanto el aire, que se registran al año 8.8 millones de defunciones en todo el planeta, cifra que ha estado aumentando con el paso de los años, según la OMS.  Son bien conocidas las fuentes de esa contaminación, siendo unas antropomórficas y otras naturales. Ellas son: hogar, industria, transporte, agricultura, residuos, erupciones volcánicas, tormentas de polvos, huracanes, etc. Las tres últimas son inevitables. 

Aunque el fenómeno afecta a todos sin distingo, también es cierto que los pobres son los más afectados, como sucede con la contaminación en los hogares. Como lo resalta la ONU, cerca de 3.8 millones de muertes prematuras cada año son causadas por ese hecho; la gran mayoría en países en desarrollo.  

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Los fallecimientos por causas del transporte automotor, es un dato para prestar atención: unas 400 mil víctimas en el mundo se deben a las emisiones del dióxido de carbono. La agricultura no se queda atrás: el ganado produce metano y amoniaco, así como la quema de residuos agrícolas. La agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo, son responsables del 24% de todos los gases de efecto invernadero.  Por otra parte, el carbón quemado en las centrales eléctricas, viene haciendo su aporte. Por eso se está prohibiendo la construcción de este tipo de plantas. 


El planeta también tiene derechos

La humanidad contamina tanto, que hace poco surgió un movimiento de científicos con un manifiesto, reconociendo derechos a la naturaleza. Así es como en la reciente publicación de la revista científica Science, se divulgó la petición de los investigadores José Vicente López-Bao de la universidad de Oviedo en España, Guillaume Chapron de la universidad Sueca de Ciencias Agrícolas y Yaffa Epstein de la universidad de Uppsala, también de Suecia, quienes argumentan que la destrucción de la naturaleza es un error moral que debe ser detenido.

“Esta afirmación no está basada en evidencia científica, pero no es menos válida que la afirmación de que dañar al ser humano es un error moral”, sostienen ellos. La universidad de Oviedo, UV, y la Sociedad Internacional de Investigación Científica, Sinc, divulgaron la información el 3 de junio bajo el título: ‘Científicos piden en un manifiesto el reconocimiento de derechos para la naturaleza’. 

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Allí expresan: “algunos de los intereses de la naturaleza que se han considerado de importancia de cara a otorgar dichos derechos incluyen los intereses de existencia, hábitat o el cumplimiento de funciones ecológicas”.

Aunque el movimiento para promover los derechos de la naturaleza es similar al movimiento por los derechos de los animales, es decir, que ambos buscan promover los derechos de formas de vida no humana, los de los animales, como los de los humanos, están focalizados en el individuo, mientras que los de la naturaleza se asemejan más a derechos colectivos.

Los autores indican que el objetivo será centrarse en los derechos de las comunidades naturales, los ecosistemas u otras entidades naturales que están vivas o sustentan la vida, como las montañas o los ríos. También señalan: “se pueden hacer paralelismos con los derechos colectivos, como los de las naciones a la libre determinación o el derecho a la protección cultural”. 


Crisis ambiental, más aguda 

La información de la UO y Sinc también indica: “En 2018, por ejemplo, se reconoció la personalidad jurídica del reino animal en la India” y resaltan: “Es interesante observar cómo se han otorgado derechos a entidades no humanas como corporaciones o Estados, e incluso se está discutiendo actualmente sobre la personalidad jurídica de los robots, mientras que el debate sobre los derechos de la naturaleza aparece en un segundo plano”. 

Asimismo, sostienen que, de cara a operacionalizar los derechos de la naturaleza, aún quedan varias preguntas por contestar y las contribuciones de varias disciplinas serán necesarias para implementar esta revolución de derechos y garantizar su efectividad. Al igual que con muchos derechos humanos, no está inmediatamente claro cómo se definirán, por ejemplo, a qué tipo o calidad de restauración ambiental podrían tener derecho las entidades naturales. Tanto los científicos como los filósofos y juristas pueden aportar para interpretar las posibles implicaciones. 

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Son varias las evidencias que señalan la crisis ambiental que cada vez se está acelerando. En otro artículo cité parte del informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos, que señaló: “Sobre el total de las especies evaluadas en el informe, se estima que alrededor del 25% de las especies están amenazadas, y que al menos un millón están amenazadas de extinción”.

Asimismo, en otro artículo indiqué que Gina Mcarthy, exadministradora de la Agencia Ambiental de los EE.UU. dejaba claro que el cambio climático es fundamentalmente la contaminación, indicando: “La polución es una asesina que da las mismas oportunidades a todos. No podemos tolerar más la contaminación, especialmente aquella que está amenazando el futuro de nuestros hijos”.


Una defensa desde la Constitución  

El futuro de la Tierra y sus habitantes es un compromiso de todos, obvio que quienes gobiernan tienen mayor responsabilidad, porque deben aplicar leyes que protejan al planeta y controlar las empresas que por sus actividades están más proclives a polucionar. Pareciera, cuando se lee la Constitución Política de Colombia, por lo que allí se expresa, que estamos protegidos del problema medio ambiental. 

El capítulo III trata de los derechos colectivos y del ambiente. En particular, el artículo 79 expresa: todas las personas tienen derecho a gozar de un ambiente sano. La ley garantizará la participación de la comunidad de las decisiones que puedan afectarlo. Es deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para lograr estos fines. 

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Además, el artículo 80 señala: el Estado planificará el manejo y aprovechamiento de los recursos naturales, para garantizar su desarrollo sostenible, su conservación, restauración o sustitución. Deberá prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y exigir la reparación de los daños causados. Asímismo, cooperará con otras naciones en la protección de los ecosistemas situados en las zonas fronterizas. 

Pero esos artículos son una ilusión. El panorama ambiental de Colombia está muy mal. El considerado para algunos el pulmón del planeta: el Amazonas, está enfermo. Su deforestación es tan exagerada que está en riesgo de desaparecer, así lo indican las cifras: si no se toman medidas, para el 2020 ya se habrán perdido más de 800 mil hectáreas de bosques, lo cual quiere decir que los gobiernos anteriores y el actual no han tomado medidas urgentes para frenar esa destrucción.  


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected]
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