Por: Gustavo Adolfo Andrade Patarroyo
Falta de cultura ciudadana, enseñanza del manejo de los residuos sólidos desde los primeros años de escolaridad y aprender a reciclar fueron algunos de los puntos en común expuestos por los expertos internacionales que hicieron parte del IX Congreso Internacional de Residuos Sólidos y Perspectivas Ambientales.
Con la asistencia de más de 400 personas y la ampliación de temas como la problemática en el manejo de los residuos hospitalarios en Colombia y latinoamérica, cierres de rellenos sanitarios, recuperación de la energía de los residuos, entre otros se dio cierre ayer al certamen llevado a cabo en el Armenia Hotel.
Héctor Collazos, director académico del evento dijo que curiosamente los que más botan desechos orgánicos como comida son los estratos bajos, mientras que los altos son los que menos desperdicios de este tipo arrojan.
“El problema de los residuos sólidos involucra al sistema de educación, nosotros no podemos seguir votando 1.200 toneladas diarias de comida a los vertederos, mientras que en el país se está muriendo la gente de hambre. Son estos alimentos los que nos producen los incendios en los rellenos y los que traen a los gallinazos, ratas, moscas y demás animales e insectos”.
Si por medio de la educación se corrige ese daño “estamos recuperando el ambiente, para mostrar la calidad y la importancia de este sector. Los ingenieros debemos dar soluciones, pero no podemos seguir diciendo que haremos grandes plantas de tratamiento, porque esto lo que produce es que suban las tarifas para poder financiar la construcción y el manejo de la infraestructura. Aunque el factor educacional es más lento nos ofrece mayor control y perduración en el tiempo”.
Es así que los japoneses tienen una educación tal “que para ellos es un absurdo arrojar un papel al suelo, no necesitan ya de normas o señales de prohibido tirar basura, porque se los han enseñado desde la infancia”.
Por consiguiente es vital que la cultura ciudadana sea trabajada desde las instituciones educativas, “así como desde el hogar, donde uno aprende desde la niñez muchas de las cosas importantes para la vida”.
Residuos hospitalarios
En la jornada también intervino la procuradora Ambiental y Agraria de Antioquia y coordinadora a nivel nacional de la Gestión de Residuos Hospitalarios, Fanny Enríquez Gallo quien se refirió a la problemática actual en este aspecto y la incidencia del Estado en la solución.
Por un lado se refirió al diagnóstico realizado por la Procuraduría General de la Nación entre los años 2004 y 2005 y que fue editado en un libro llamado Gestión de Residuos Hospitalarios en Colombia, donde se evidencia la problemática en el país, “pese a que ya se han solucionado algunas falencias, aún se presentan dificultades en el cometido de desechos tanto de material hospitalario como agujas, hasta los residuos anátomo-patológicos”.
Resaltó que el diagnóstico está lamentablemente vigente en el sentido de la deficiente gestión interna de los generadores como hospitales, clínicas, entre otros tanto privadas como públicas, “presentando en una mayor incidencia los hospitales públicos”.
Dichas contrariedades “se refieren entre otros al manejo inadecuado de efluentes líquidos, falta de operatividad de un grupo de gestión ambiental referido a los residuos hospitalarios, desconocimiento de la existencia de protocolos de bioseguridad, carencia de elementos de protección para los encargados del manejo de los desechos, deficiencias que hacen que la disposición final no sea la adecuada y genere problemas de salud pública”.
Si bien se hace un seguimiento por parte de la Procuraduría General de la Nación, “en su función preventiva se han obtenido avances en especial en hospitales de tercer nivel, pero estos sólo representan un 1% del total de instituciones que producen este tipo de elementos, motivo que llevó a identificar que la principal falencia es el transporte de los residuos, a pesar de que las grandes ciudades han hecho un esfuerzo por mejorar este aspecto, los municipios aún están usando los camiones en que se transportan para alimentos generando un problema de salud pública para los habitantes”.
Destacó que las problemáticas son graves, “no obstante el Estado es el que debe actuar puesto que actualmente no se implementan muchos controles al respecto, además en el tema muchos de los generadores están cumpliendo con un mejor manejo desperdicios, pero la oferta de receptores sigue siendo demasiado baja, puesto que de los 32 departamentos que tiene el país sólo 8 ciudades capitales tienen hornos incineradores para darle una buena disposición”.
De igual modo el licenciado en ingeniería mecánica Mauro Gandolla, quien actualmente es consultor para la planificación ambiental se refirió a la importancia de una buena programación de los rellenos para lograr dar un mejor trato al medio ambiente.
Aseguró que un relleno sanitario debe ser planeado y administrado con una versión interdisciplinaria, global y a largo plazo con la colaboración de especialistas para su realización.
“Hay que tener en cuenta que la duración del fenómeno va sólo hasta unos años después de la clausura del relleno sino que se prolonga durante muchas décadas más. Éstos debe ser planeados y administrados en función de su reinserción ambiental, con el objetivo de reducir al mínimo los impactos y de transferir su gestión a la naturaleza en un tiempo futuro”.
En relación con lo anterior el ingeniero Marcel Szantó, de Chile aseguró que la mayoría de los municipios de América latina y el Caribe depositan los desechos sólidos en forma inadecuada y por tanto han impactando en forma negativa el medio ambiente, “razón por la que se debe orientar en la adecuada disposición de los residuos, evitar el uso de los botaderos a cielo abierto y dar cierre y reinserción a los vertederos y rellenos que lo ameritan”.
Precisó que el aumento en la cantidad de desechos, el uso de nuevos materiales de plásticos, principalmente en envases y embalajes ha generado mayores impactos al medio ambiente. “Se observa un fortalecimiento de iniciativas de educación ambiental, lo que ha permitido el posicionamiento de una conciencia social más comprometida, con la conservación del ecosistema”.
Exaltó que cuando un relleno sanitario ha completado su vida útil debe seguir funcionando eficazmente manteniendo los residuos controlados ambiental y sanitariamente, durante un largo período de tiempo en el futuro. “Acto seguido se debe implementar un plan de cierre y sellado donde se deben considerar aspectos como el diseño de la capa de sellado, sistemas de control de las aguas superficiales y drenaje, control de los gases de vertedero, control y tratamiento de los lixiviados y sistemas de monitoreo ambiental”.
Añadió que después de cerrar el vertedero se les puede dar usos posteriores para fines recreacionales, en los cuales se pueden diseñar campos de golf, parques, entre otros. Asimismo se pueden utilizar para construir parqueaderos, lavautos, tiendas y hasta centros comerciales, así como también pueden tener utilidad agrícola para plantar árboles y especies, dependiendo de la calidad en que haya terminado el terreno.
Biocell
Patrick Hettiaratchi, docente en el tema de residuos sólidos y peligrosos llevó a los asistentes el concepto de Biocell mediante el cual se busca recuperar los recursos y la energía de los residuos, enfoque que busca eliminar las emisiones de metano a la atmósfera, lo que reduciría el cambio climático y a generar electricidad a partir de los gases emitidos desde los rellenos sanitarios.
“Actualmente en Calgary, Canadá existe un laboratorio de una hectárea en un vertedero de 50 hectáreas en el sureste de la ciudad, el cual está cargado con aproximadamente unas 55.000 toneladas de residuos ordinarios, revestido con barro y plástico y sellado con una geomembrana”.
El proceso que dura aproximadamente un año, consiste en cultivar activamente los residuos secos y remojarlos con los lixiviados recogidos en la parte inferior del relleno sanitario y cuando se comience a generar el gas, éste empezará a salir a través de las tuberías diseñadas internamente y podrá producir alrededor de 300 kilovatios de potencia a lo largo de los próximos cinco años.
“A través del enfoque Biocell se puede reducir la dependencia de energía no renovable mediante la creación de energía a partir de la basura, que también afectan a los precios del petróleo y el gas. Además la mayoría de la basura se convertirá en un producto útil y se podrá reducir el uso de los vertederos tradicionales”.