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En profundidad / JUN 17 2018 / Hace 4 Meses

Fiar, la palabra evocadora de una lámina y de un librillo singular

Ambas han entrado a la galería del recuerdo y de ellas solo nos queda la fuerza de la graciosa pintura.

Fiar, la palabra evocadora de una lámina y de un librillo singular

Recopilaciones del verbo fiar en diferentes lugares de Colombia.

Ni la palabra fiar ni el cuadro donde se enmarca esa idea acompasan con el mundo comercial contemporáneo. La costumbre de fiar - vender sin comprar al contado- era el motor del comercio, así como la imagen y la frase de “yo vendí a crédito, yo vendí a contado” se constituía en el mensaje subliminal de la dinámica en las tiendas del pasado.

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Ambas han entrado a la galería del recuerdo y de ellas solo nos queda la fuerza de la graciosa pintura y la lectura agradable de cientos de escritos que algún día el cronista cuyabro don Alfonso Valencia Zapata visualizó y luego plasmó en el primer capítulo de su singular librillo titulado: “Los típicos letreros de las tiendas y fondas” (1982). Repasemos los más comunes para que en ellos recordemos las anécdotas de fiados y la tortura que nos producía el cuaderno de cobro del tendero:

En una panadería de Armenia estaba fijada la siguiente leyenda: “Si fío pierdo lo que es mío, si doy pierdo la ganancia de hoy, si presto, pierdo el resto. Y para librarme de esto, ni fío,ni doy, ni presto”.

En Riosucio, Caldas, en una cantina de la plaza principal, este aviso: “Pida lo que quiera: cerveza o trago, pero no me diga: Después le pago”.

En Balboa, Risaralda, en una tienda: “No le fío, no me crea tan marrano”. El cerdo estaba pintado en lugar del nombre. En una tienda veredal de La Tebaida  decía: “Fiar no me sale la cuenta, mas si le parece bien, lleve valor de cincuenta y deje en depósito cien”.

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En una tienda de Ibagué: “No fío para no comprar enemigos con mi dinero”. En la misma ciudad :“Estamos de luto, al que fiaba lo mataron por bruto”. 

En Quimbaya fijaron en una tienda: “Si quiere que le fíe, debe tener más de 90 años y traerme a su papá de fiador”. 

En la fonda del municipio de La Virginia, Risaralda, se leía: “No le dé pena decirme que le fíe, que yo con mucho gusto le diré que no”. 

En una cantina de la localidad de Salento, este letrero: “No fío, no doy. No presto… Porque usted no me ayudó en esto”. 

En una tienda de barrio de Armenia, el siguiente aviso: “El no fiar me causa pena y el fiar, pena y pesar. Para no tener dos penas, lo mejor será no fiar”. 

En Santa Rosa de Cabal: “Que te fíe? No jodás. Mejor sigamos de amigos y así quedamos en paz”.

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En la población de Granada, Meta, en una cantina: “Sólo confiamos en Dios. Los demás pagan de contado”. En Génova, Quindío, todos los parroquianos sabían de memoria el letrero de una tienda urbana: “Prestar del cajón es duro, es algo que desagrada, pues es convertir en nada lo que tenemos seguro”. 

En una tienda de La Tebaida, figuró hace varios años este anuncio: “Si usted es hombre prudente y necesita dinero, no se valga del tendero que jamás será su cliente”. 

En una cantina de Anaime, Tolima: “Si quiere que le fíe, debe tener más de cien años y traerme a su abuelo de fiador”. 

En un negocio ambulante de cigarrillos de Armenia: “No cambio cheque, no presto plata, no doy cigarrillos, no fío, no doy recomendaciones, no compro lotería, no doy la hora, no me apunto a rifas, no doy limosna, no compro periódicos, no me hago embolar, no doy consejos, no enamoro viudas, no doy razones y no me caso”. 

En Circasia, un letrero de panadería: “Aquí lo atendemos bien, pero no le fiamos”. 

En una lonchería de Pereira: “Que le fíe…? Que le preste….? Que le sirva de fiador…? Vea…. - en lugar del nombre estaba pintada una mano haciendo pistola-.

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En Salento, fue muy comentado este aviso de tienda: “No presto. No tengo. No quiero. No joda”. 

En una cantina de Bogotá, este anuncio: “Dice usted que el trago le hace olvidar?. Es mejor que pague antes de que olvide”. En Pácora, un letrero de fonda: “Atención…Fir. Si viene a fiar… carrera mar”. En un carrito de dulces de Armenia: “Vendemos bien, pero no le fiamos”. 

En dos tiendas de la misma capital: “Como es tan duro pagar y tan penoso cobrar, he resuelto no fiar”. “Si doy, a la ruina voy, si presto, al cobrar molesto, y para librarme de esto: Ni fío, ni doy, ni presto”. 

En una cantina de Montenegro: “Fiar no es vender”. 

En Roldanillo, Valle, en un granero estaba este anuncio: “No le fío, estoy en la olla”. En la localidad de Zarzal, Valle, en una cantina: “Tanda pedida. Tanda pagada”. En Roldanillo: “Si viene a fiar, vaya a otra parte”. 

En Abejorral Antioquia, en una tienda: “El que fiaba se murió. Mil saludes le dejó”. En una lavandería de Armenia: “Mansos para fiar, cachorros para pagar”.

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En la capital del Quindío funcionaba el “Rancho Quindiano”. Al pie de la puerta que da al balcón interior fue fijado: “El de los vales por aquí se tiró y saludes le dejó”. En una fonda de la vereda Pantanillo, Armenia, había un letrero que decía: “Llegan con mucha mansedumbre y cuando van a pagar parecen un tigre”. En una tienda de Génova, Quindío: “Hoy no fío, mañana sí”. En otra del mismo municipio: “El que fía no está aquí, salió a cobrar”. 

Curiosa compilación de Valencia Zapata, que lo motivó también a publicar anécdotas curiosas: “En Valparaíso, Antioquia, funcionó una tienda que está llegando a la quiebra por los fiados. Su propietario hizo pintar un cementerio con sus respectivas cruces, en un cuadro grande. En cada cruz puso el nombre de sus deudores y en la parte baja esta leyenda: “Los que aquí yacen, no dejaron deudos sino deudas”.
 

Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


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