Lunes, 24 Sep,2018

El Papa en Colombia / SEP 08 2017 / Hace 1 Año

“Francisco, amigo, el Llano está contigo”; 600 mil personas en misa campal de Villavicencio

A las 9:00 de la mañana de este viernes arribó el Airbus A320 de Avianca a la base aérea Luis Gómez Niño del Meta con Jorge Mario Bergoglio Sivori a bordo.

“Francisco, amigo, el Llano está contigo”; 600 mil personas en misa campal de Villavicencio


Cerca de 600 mil personas, que se encontraban en el parque Catama de Villavicencio, esperaron con ansias al papa Francisco para decirle con todas las fuerzas de su voz: “Francisco, amigo, el Llano está contigo”.

Pero la espera se tuvo que alargar, ya que 30 minutos después de la hora señalada, arribó el Airbus A320 de Avianca a la base aérea Luis Gómez Niño del Meta con Jorge Mario Bergoglio Sivori a bordo.

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Los feligreses que iban a participar de la misa campal en el mencionado parque, escuchaban por radio o seguían la transmisión de los distintos canales de televisión, todo sobre la llegada a los Llanos Orientales de Jorge Mario Bergoglio Sivori, quien se bajó de la aeronave y saludó a monseñor Óscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio; a la gobernadora del Meta, Marcela Barbosa; y al alcalde de Villavicencio, Wílmar Barbosa, que le entregó al papa las llaves de la ciudad, talladas en madera.

Es de resaltar que en la base aérea de Catam, antes de salir de Bogotá a Villavicencio, el máximo líder de la iglesia Católica dijo a los oficiales y suboficiales víctimas del conflicto armado en el país: “Lo que han hecho y lo que hacen por la paz poniendo en juego la vida, es lo que hizo Jesús, que nos pacificó con el Padre, puso en juego su vida y la entregó”.

Añadió: “Gracias de corazón por todo esto, gracias, y ojalá que puedan ver consolidada la paz en este país que se lo merece”.
 

La misa campal en Villavicencio

Después de saludar a la autoridad Católica y a las políticas del Meta, Francisco comenzó su ida al lugar destinado para la primera eucaristía suya en los Llanos Orientales, pero antes de subir al papamóvil, saludó a varios niños y uno de ellos le regaló un poncho, artículo que sin dudarlo se puso.

Los seguidores del papa, que estaban esperándolo para la misa campal, observaron a lo lejos el arribo del sumo pontífice que los saludaba, ante esto, 600 mil personas lo aclamaron manifestándole su amor y amistad.

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Bergoglio Sivori se bajó del papamóvil para abrazar y besar a varios niños de comunidades ancestrales, que le regalaron un collar con semillas y un sombrero vueltiao, objetos que el argentino no dudó en usar.

 

Foto: EFE/L'Osservatore Romano

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, fueron las palabras que dijo Francisco para comenzar la misa, donde beatificó al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, conocido como el 'Mártir de Armero', masacrado en ese municipio de Tolima en medio de revueltas tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y al obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, quien fue asesinado por el Eln en 1989.
 

"La reconciliación no es una palabra abstracta; si eso fuera así, solo traería esterilidad, más distancia. Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto".


Sumado a esto expresó: “Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz. Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar lo que hagan los otros", ¡basta una persona buena para que haya esperanza!, ¡y cada uno de nosotros puede ser esa persona!”.

Finalizó: “El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia".

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En el epílogo de la misa campal, el papa se refirió a las víctimas del huracán Irma, que pasa por el Caribe y las del terremoto de la noche del jueves en México. 

Francisco dijo: “Sigo de cerca el desarrollo del huracán Irma, que está golpeando al Caribe, dejando a su paso cuantiosas víctimas e ingentes daños materiales, como también está causando miles de desplazados. Los llevo en mi corazón y rezo por ellos”. 

Y a los mexicanos les expresó: “Deseo manifestar mi cercanía espiritual a todos los que sufren las consecuencias del terremoto que ha asotado a México la noche pasada (jueves 11:50 p. m.) provocando muertos y cuantiosos daños materiales, mi oración es por los que han perdido la vida y por sus familias”.

Al terminar el evento, el sumo pontífice fue a descansar y almorzar en el complejo Maloca de Joropo.

3:30 p. m. fue la hora en la que el papa Francisco bendijo a 140 sacerdotes de diócesis de Villavicencio en la capilla de Chirajara.

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Después, el sumo pontífice se dirigió al Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional, en el parque Las Malocas, evento donde participaron 6 mil personas y escuchó a 4 víctimas del conflicto armado.


Las víctimas dieron su testimonio

Deisy Sánchez Rey, una mujer que fue reclutada por las autodefensas a los 16 años; Juan Carlos Murcia Perdomo, quien permaneció por 12 años en la guerrilla; Pastora Mira García, viuda y en varias ocasiones víctima de la violencia; y Luz Dary Landázury, víctima de la explosión de un artefacto en Tumaco, fueron los escogidos para contar sus conmovedoras historias al papa Francisco.

Sánchez dijo: “Por tres años abracé las armas, desempeñándome sobre todo en las comunicaciones, hasta cuando fui arrestada, después de más de dos años de cárcel, quería cambiar de vida, pero las AUC me obligaron a entrar nuevamente en sus filas, donde permanecí hasta cuando se desmovilizó el bloque  Puerto Boyacá, del cual era integrante. Después de desmovilizarme comprendí aquello que ya sentía desde hacía tiempo, o sea que yo misma había sido una víctima y que tenía necesidad de que me fuese concedida una oportunidad”.

Juan Carlos Murcia Perdomo, quien permaneció por 12 años en las Farc, procedente del Caquetá, dijo:

“Cuando me reclutaron tenía 16 años. Después de poco tiempo, perdí la mano izquierda manipulando explosivos. Al inicio colaboré con convicción a la causa de la revolución. Así, fui promovido a comandante de escuadra, con la tarea de acercarme a la población para ilustrarla sobre la doctrina de nuestro grupo alzado en armas. Con el tiempo me sentí frustrado y utilizado, también sentía una ansiosa nostalgia por mis padres, con quienes me habían obligado a perder cualquier rastro”.

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Pastora Mira García, católica, viuda y, en varias ocasiones víctima de la violencia, expresó:

“Cuando tenía seis años, la guerrilla y los paramilitares no habían llegado todavía a mi pueblo San Carlos, Antioquia. Mi padre fue asesinado. Años más tarde, pude cuidar a su asesino, quien, en ese momento, se había enfermado, era ya anciano y estaba abandonado”.

“Cuando mi hija tenía solo dos meses, mataron a mi primer esposo. En seguida, entré a trabajar en la inspección de policía, pero tuve que renunciar por las amenazas de la guerrilla y los paramilitares que se habían instalado en la zona”.
 

“Con muchos esfuerzos logré montar una juguetería, pero la guerrilla empezó a cobrarme vacunas, por lo cual terminé regalando la mercancía”.


“En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola; emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver después de haberla llorado por siete años. Todo este sufrimiento me ha hecho más sensible al dolor ajeno y a partir de 2004, trabajo con las familias de las víctimas de desaparición forzada y con los desplazados”.

Luz Dary Landázury: “El 18 de octubre de 2012, la explosión de un artefacto puesto por la guerrilla en los alrededores de Tumaco, en el Pacífico colombiano, acabó irremediablemente con mi talón de ‘Aquiles’, fracturó mi tibia y el peroné y puso en riesgo de amputación mi pierna izquierda. Las esquirlas provocaron decenas de heridas en mi cuerpo. De aquel día recuerdo solo los gritos de la gente y que había sangre por todas partes”.

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“Lo que más me aterrorizaba era la suerte de Luz Ariana, mi niña de siete meses, ella estaba cubierta de sangre y en su rostro se le habían incrustado innumerables pedazos de vidrio. Ahora Luz Ariana está bien y yo me he recuperado lentamente, gracias a Dios. Hoy deseo ofrecer a Cristo crucificado la única muleta que me queda después del atentado y que he usado para la recuperación. La segunda la he regalado a otra víctima, que la necesitaba urgentemente”.

“Aquella bomba es como si hubiera estallado también dentro de mi corazón, para permitirme curar las heridas más profundas que aquellas de la piel. Al inicio sentía rabia y rencor, pero después he descubierto que si me limitaba a transmitir este odio, creaba más violencia todavía. A las víctimas tenía la necesidad de decirles que tampoco para ellas había terminado todo y que no se puede vivir del rencor”.


David Salazar
LA CRÓNICA


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