Miércoles, 18 Sep,2019
La Salida / SEP 02 2019 / hace 2 semanas

Fundación El chocolate una obra de Dios y para Dios

La entidad dirigida por Carlos Arcila, trabaja por la dignidad del adulto mayor en situación de calle.

Fundación El chocolate una obra de Dios y para Dios

La fundación empezó a hacer obras sociales desde hace 5 años con la entrega de un chocolate con pan y un desayuno los domingos.

LA CRÓNICA habló con Carlos Arcila, fundador y director de la fundación El Chocolate, una entidad sin ánimo de lucro que nació hace cinco años y que trabaja por la dignidad del adulto mayor en situación de calle. Los miembros de la corporación se dedican a repartir cerca de 450 alimentos en el centro de Armenia los días miércoles y domingos.

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¿Con qué iniciativa nació la fundación?

La fundación El Chocolate nació hace cinco años por iniciativa de un grupo de amigos que buscaba dignificar la vida de las personas en situación de calle en Armenia, en especial de los adultos mayores, donde decidimos después de algunas reuniones, empezar a repartir un chocolate con pan y mortadela. La primera vez repartimos 20 por todas las calles de la ciudad, hasta que decidimos hacernos en el CAM, frente a la iglesia San Francisco, donde estuvimos por varios años, hasta que llegó la galería satélite y nos movimos al atrio de la iglesia y ya llevamos un buen tiempo. En la actualidad repartimos alrededor de 450 chocolates con pan y mortadela, no solo a personas en situación de calle, visitamos algunos hogares de paso. La idea central de nuestro proyecto social es darles testimonios de vida a través de la palabra del Señor, recuperamos gente, les ayudamos a recuperarse, les hacemos oración, siempre vamos acompañados de una Virgen y de hecho ya tenemos varias personas que se han recuperado por completo.

¿Qué poblaciones en particular tratan de beneficiar?
Nos enfocamos más en los adultos mayores en situación de calle, pero después de varios años de repartir el chocolate y el desayuno, nos dimos cuenta que debíamos ampliar un poco más la cobertura porque nos llegaban muchísimas personas y definitivamente no podíamos decir que no.

¿Cuáles son las jornadas que realizan?
El chocolate lo repartimos todos los miércoles a las 8:00 de la noche, estamos ahí más o menos durante una hora y luego nos desplazamos a los hogares de paso. El desayuno es todos los domingos en la carrera 15 entre 12 y 13 desde las 8:00 de la mañana, tenemos un sitio que nos prestaron donde caben 130 personas sentadas. Quiero resaltar que el proceso que nosotros llevamos es buscando dignificar la vida de esas personas, que los desayunos que ellos se coman, sean como el que se come cualquier persona en su casa.

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¿Cómo gestionan los recursos para las labores?

Esa es la parte difícil y la que más nos ha causado dolores de cabeza porque inicialmente no sabíamos que esto se fuera a crecer tanto; trabajamos con personas de buen corazón y voluntarios han conocido la obra, hay personas que nos hacen muy buenas donaciones. Hemos tratado de hacer más contactos para que nos colaboren, pero ha sido muy complicado, aunque hemos dado con personas que realmente disfrutan ayudar, de hecho tenemos en este momento un hogar de paso para 26 abuelitos. También tenemos un ‘pulguero’ donde las personas nos donan ropa y artículos usados y nosotros los vendemos a muy buen precio, y los recursos son para el hogar.

¿Por qué se han centrado más en adultos mayores?
Creemos que los ancianos son incluso más desamparados que los niños, a los viejitos los botan a la calle, y ellos agradecen muchísimo cualquier tipo de apoyo, incluso el mejor regalo para ellos es darles un rato de conversación.

¿Ha aumentado el grupo con la migración venezolana?
Claro que sí, y a nosotros nos da mucha tristeza ver las condiciones en las que viven esas personas, así que tratamos de ayudarles, aunque sabemos detectar a las personas que de verdad lo necesitan y a los que no, claro que los viejitos siguen siendo los mimados de nosotros y las personas de acá de la región.

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Háblenos de los casos de personas que han logrado recuperar.

Primero hay que aclarar que este proyecto nació en la iglesia María Reina de la Policía con Emaús, conseguimos con ellos hacer un retiro para 20 personas, algunos de ellos consumidores y tengo que decir que muchos de ellos están súper bien, con ellos y las personas del hogar nos reunimos los viernes en la noche a hacer unas oraciones y a hablar.

¿Cuál ha sido el costo de llegar a dónde están?
Ha sido un proceso muy difícil con algunos de ellos, hay unos que no respetan, que son groseros, que son cochinos y que no tienen el interés de cambiar; hemos tenido también grandes problemas con los vecinos del sector porque se incomodan con la presencia de ellos en el lugar, y pues la parte de los recursos que ha costado demasiado desde que empezamos la labor.

¿Qué piensa del problema de la mendicidad y la costumbre de las personas de dar limosna?
Pienso definitivamente que uno no debe dar plata a ninguno, hay que dar cariño, amor, compañía, un rato de charla, una conversación, y mirar qué necesidades tienen, si es un mercado, una comida, un hogar de paso, una oración, o una terapia si se trata de una persona consumidora y tratar de ayudarles con lo que más se pueda sin dar dinero, eso es motivar la mendicidad y por supuesto en algunos casos, la drogadicción.

Carolina Marín
LA CRÓNICA


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