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General / JUL 06 2014 / Hace 4 Años

Fútbol, política y nación

“Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Albert Camus.

Fútbol, política y nación

“Mientras la burguesía considera al fútbol como ocio, el proletariado lo necesita como un medio de recuperación física”.

En  las últimas semanas, los colombianos se han venido preguntando si existe una relación directa entre el fútbol y la política y si el proceso electoral colombiano del pasado 15 de junio, donde se eligió presidente de la República para los próximos cuatro años, pudo verse afectado por la participación de la selección Colombia en el mundial, luego de 16 años de ausencia. Para responder a esta pregunta se parte de la definición de los sociólogos que afirman que el fútbol  es el deporte de las masas, en torno a él, se tejen todo tipo de pasiones, dado que impacta diferentes ámbitos de la sociedad por su capacidad de producción  y reproducción simbólica, es decir por su capacidad para despertar emociones en torno a una identidad colectiva, pero al que se le atribuye también ser el reproductor de la lucha de clases. 

Miguel de Moragas en Deporte y medios de comunicación, dice que “las modernas historias sobre la bondad y la maldad, el éxito y el fracaso, la suerte y la desgracia, la victoria y la derrota, lo propio y lo ajeno, la identidad colectiva… encuentran en la narración deportiva sus expresiones más populares”. 

Al respecto, no son pocos los científicos sociales que han dado cuenta de su influencia para intermediar en disputas. Los sociólogos Norber Elias y Rober Dunnig, en el texto Deporte y ocio en el proceso de la civilización (1992), sostienen que este deporte es una forma organizada de manejar las tensiones sociales y que a través de él se equilibran dichas tensiones.

 

Fútbol, entre la burguesía y el proletariado
Guadarrama en Antropología social del deporte  explica que mientras la burguesía considera al fútbol como ocio, como una forma de pasatiempo, el proletariado lo necesita como un medio de recuperación física y sostiene que este crea símbolos generadores de cultura y que es así como este adquiere un valor de producción simbólica en los hinchas que se sienten identificados y pertenecientes a algo.

En el fútbol, la patria no existe como algo real pero mueve, como pocos, sentimientos, hasta llegar a que una comunidad se haga ciega mientras dura una ilusión colectiva hasta su despertar. Allí radica su valor simbólico cargado de emotividad y por consiguiente muy dado a las mayores manipulaciones sociales.

Patria y fútbol son las dos condiciones de potencia imaginaria que como promesa emancipadora, pueden explotar fácilmente y a través de las cuales una comunidad o un país completo puede sentirse muy feliz o muy frustrado y abatido frente a la derrota, que cada quien vive como propia, hasta la muerte si es del caso, como lo hacen las barras bravas de hoy en Colombia, un fenómeno  emergente de la violencia representada en el fútbol.
Se puede decir entonces, que no solamente en el fútbol, sino en todo el deporte en general, se hallan comprometidos considerables intereses políticos. Cada país, por pequeño que sea, hace todo lo posible por convertir a sus deportistas en campeones (el patriotismo y el nacionalismo alcanzan aquí su máximo grado de expresión). 

El encontrar un enemigo en el exterior que uniera a  toda la nación y oculte la existencia de grupos sociales antagónicos fue una de las fórmulas del poder militar que había llegado al gobierno a partir de 1976, comandado por el general Videla para acercarse a la identidad de los argentinos  a través  de el mundial de 1978, realizado precisamente en Argentina, para disminuir el descontento político con la dictadura, donde la revista El Gráfico  fue el portador oficial de su discurso.

“Para los de afuera, para todo ese periodismo insidioso y malintencionado que durante meses montó una campaña de mentiras acerca de la Argentina, este certamen le está revelando al mundo la realidad de nuestro país y su capacidad de hacer, con responsabilidad y bien, cosas importantes”.

A propósito en  latinoamérica se recuerda como un hecho histórico que el 5  de septiembre de 1993, quedó marcada por la paliza que la selección Colombia le dio a Argentina, al golearlo con un  marcador de 5-0 en el estadio monumental de Núñez  en las eliminatorias al mundial de Estados Unidos de 1994.

Luego de terminado el partido los hinchas argentinos, incluido el propio Diego Armando Maradona que lo veía en la tribuna, se levantaron de sus asientos y empezaron a aplaudir a los colombianos.

En ese mundial  de USA 1994, la selección Colombia debió abandonar la contienda deportiva en la primera ronda, pero significó una humillación para los argentinos que han sido campeones del mundo y líderes en este deporte.

Las dictaduras latinoamericanas y los políticos se han aprovechado de la popularidad y de la influencia de este deporte para mantenerse en el poder, a través de sentimientos nacionalistas y de identidad.

 

La Política


El fútbol puede momentáneamente sustituir a la política, en la medida en que esta como forma de representación de los sueños y anhelos de los ciudadanos  entra en crisis. Se recuerda particularmente como el correlato de la violencia de los años 40 y 50 en Colombia coincide planamente con la época dorada del fútbol y luego en la década del 70 con la derrota política de Rojas Pinilla en la cual se  genera inestabilidad política en el país y se cuestiona el gobierno de Lleras que declara el toque de queda, el fútbol tiene unos desarrollos importantes, posteriormente los hechos de la toma del palacio de justicia en 1985 coinciden con la transmisión del partido de fútbol de las eliminatorias entre Millonarios y el Unión Magdalena que fue transmitido por televisión para tratar de apaciguar la toma por parte de un comando guerrillero del M-19 del palacio de justicia en Bogotá y cuatro años después, en pleno auge del narcotráfico, cuando ocurre el asesinato del candidato a la presidencia Luis Carlos Galán Sarmiento, se transmite el día de su funeral, el partido entre Colombia y Ecuador en Barranquilla, para las eliminatorias de 1990.

Y luego en 1994, cuando ya se tenía aparentemente consolidada una oportunidad de participación verdadera de Colombia en un mundial de fútbol, ese mismo narcotráfico y el paramilitarismo, como fenómenos que desafían el Estado,  incrustado en la política y en el fútbol colombiano, asesinan en Medellín al defensa mundialista Andrés Escobar por el autogol cometido en el Mundial de Estados Unidos.

En los días posteriores a la muerte del jugador, sus compañeros de equipo, temiendo correr con la misma suerte, estuvieron fuertemente escoltados por fuerzas del orden público. A los funerales del jugador asistieron cerca de 120.000 personas, entre ellas el presidente de la República de la época , César Gaviria Trujillo.
De esta manera se puede inferir cómo un problema que ha afectado tanto al país y que implica un desafío a las estructuras del Estado, como el narcotráfico se le endosa al fútbol y convierte a uno de sus miembros (Andrés Escobar) en una víctima del drama de la violencia colombiana y de sus problemas no resueltos.

 

Golpe de Estadio
Estos hechos de violencia fueron muy bien recreados desde la ficción  en una de las película colombianas más vistas, titulada ·Golpe de Estadio, de 1998, dirigida por Sergio Cabrera, en la que el tema del conflicto armado en el país, se resume en que una empresa petrolera  instala un campamento para la investigación geológica en un caserío de Colombia al que han bautizan como Nuevo Texas, por lo que se convierte en blanco de la guerrilla que sostiene constantes enfrentamientos con las fuerzas pública de la zona, el enfrentamiento se ve alterado por el interés de los bandos de seguir la trasmisión de las eliminatorias del mundial de Estados Unidos 94, por lo cual, terminan haciendo una tregua para reunirse a ver el encuentro entre la Selección Colombiana y la Selección Argentina en el único televisor que queda funcionando en el pueblo. Al final soldados y guerrilleros terminan abrazados y sufriendo por la misma causa, la selección nacional de fútbol.

 

El Desencanto
Hugo Zemelman, pensador chileno, se refiere a la necesidad que existe de generar una ciudadanía consciente de serlo y advierte que el fútbol funciona como desmovilizador a través de la cohesión de gente desencantada. Es decir, que el fútbol atraería a la gente que no ve sus demandas satisfechas por las vías legitimadas, por los poderes públicos en general, sino que funciona  como un placebo y, por tanto, inhibe a esas masas para protestar o luchar. 

De ahí que las protestas que se presentan  hoy en el mundial de Brasil por parte de sus conciudadanos, son una manera inusual de salirse del espectáculo del fútbol y querer ser visibles por fuera de él y utilizar su espectacularidad global para lograr que el resto del mundo entienda que existe allí un malestar popular que la dirigencia política no ha logrado tramitar debidamente a través de su estructura política.

Como lo vimos en Colombia, la incidencia  política  del resultado del partido  frente a Grecia, si es favorable  al país, aumenta la participación política, pero si es desfavorable aumentaría la abstención. ¿Sería por el resultado que más gente salió a votar y por eso ganó Santos?

 

Por Betty Martínez. S
Especial para la crónica


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