Lunes, 17 Jun,2019
En profundidad / JUN 09 2019 / hace 1 semana

Gloria Chávez en su cuento

Cuentos del Quindío, Akum, La magia de los sueños, este último la primera de una trilogía de novelas breves, culminada entre espacios de décadas, fueron sus primeros libros escritos y publicados.

Gloria Chávez en su cuento

Puede preciarse el canon literario del Quindío de tener entre sus aportantes dos auténticas Glorias. Ambas de raigambre local, prolongada residencia en el exterior, meritoria formación académica, carrera pedagógica, y reconocida producción textual: Gloria Cecilia Díaz, con diversos galardones en narrativa infantil-juvenil en su haber, y Gloria Chávez Vásquez, autora de ensayos, de relatos en formatos de crónica periodística, cuentos y novelas de análogo lector-objetivo al de su homónima, además de incursiones en el verso.

De la primera, nativa de Calarcá, radicada en Francia hace décadas, licenciada de Uniquindío, doctora en letras de La Sorbona, guardo un recuerdo algo ingrato. Con ocasión de su visita a Armenia, hace más de una década, tras haber obtenido una importante distinción continental por el conjunto de su obra, en gran parte inspirada y ambientada en el entorno humano, geográfico y paisajístico de su remota Calarcá natal, durante  nutrido homenaje brindado por su amiga y coterránea, Martha Lucía Usaquén, directora entonces del museo Quimbaya, en respuesta a la ingenua indagación de una condiscípula de infancia –dichosa por los triunfos de la excompañera– sobre su sentir hacia el pueblo donde nació, respondía: “me hablan de Calarcá, yo escucho Colombia, entiendo Latinoamérica...” No fue seguramente el propósito, pero el explícito desdén de la escritora, atuendo parisino y ademanes elaborados hacia su sitio de origen, adscrita al impostado cosmopolitismo, lugar común en la atmósfera intelectual post-contemporánea, cayó como glacial lluvia en la sala.

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La ronda de preguntas del público finalizó con un broche de candidez, formulado por otra de sus antiguas camaradas, comprensible para quienes conocemos la cortísima distancia —menos de seis kilómetros o sendos minutos—  entre la capital departamental donde discurría el acto, y la ciudad aludida: -Gloria Cecilia, ¿cuándo harás una visita a Calarcá? Su displicente arrogancia ascendió a la cima: “no lo sé, será alguna vez; en esta ocasión no la tengo en mi agenda”. Fue demasiado; abandoné de prisa el recinto, aspirando la tibia noche quindiana; el diablillo interior repetía entre carcajadas: ¡te lo advierto de nuevo, valorar la obra, ignorar al autor!

Ajena por entero al plano literario o al propósito de esta reseña, la escena no supone baldón para la tarea escritural de nuestra connotada paisana, traducida a diversos idiomas, ni envuelve prevención alguna; puede incluso valer como acicate para nuevos lectores afines a su línea narrativa o al sentir no localista, a la ciudadanía orbital. La empleo, simplemente, para contrastar posturas personales y actitudes respecto al lugar de origen —en este caso compartido—de quienes dedican talento y esfuerzo a la expresión literaria, al divergente criterio frente a este, y para acentuar curiosas coincidencias no exentas de paradojas, entre dos luminarias de las letras quindianas. 

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A Gloria Chávez Vásquez  cuyos trazos humanos y literarios perfilan con precisión las académicas e investigadoras, Zahyra Camargo y Graciela Uribe, en el prólogo de “Antología de cuentos” de la aludida, libro a reseñar en los siguientes párrafos —Biblioteca de Autores Quindianos, gobernación y universidad del Quindío, 2014, 237 páginas—, solo la he visto y escuchado a través de entrevistas disponibles en la red. Con la lectura de los cuentos elegidos, del prolijo estudio crítico de las antólogas —atributo medular del tomo—, realizado con admirable rigor metodológico, y el empleo del recurso audiovisual, puede cualquier interesado hacerse cabal idea, tanto de la escritora, de su trasiego físico e intelectual y rasgos particulares, como del resultado de su labor narrativa, en el contexto regional y fuera de este.

Nacida en Armenia mediando el siglo anterior, Chávez Vásquez, cercana desde su primera infancia a los míticos relatos verbales de la tradición regional, como atenta escucha de los mismos y por tempranos intentos de transformarlos en textos, se trasladó a Nueva York al culminar la secundaria, buscando su propio sueño americano, aún al alcance de la audacia juvenil en años de plena expansión económica del monstruo norteño, sobre todo en la multicultural capital del orbe. Animación, producción audiovisual, historia y crítica cinematográfica, ocuparon como temas de estudio sus primeros años de inmigrante; cursó entonces un pregrado en psicología y literatura con un Magna cum laude obtenido tras años de esfuerzo y dedicación, para alcanzar luego un máster en Educación en St. John’s University. Paralela al quehacer como escritora constante, recreando el legado de sus años de niñez y juventud en el Quindío natal, o en su ejercicio como profesora de High School por varios lustros, Gloria Chávez cumplía labores periodísticas, sumando distinciones, y ampliaba su acumulado académico de postgrado. U. de Stanford, U. de Lawrence, Darmouth college, U. de Michigan, entre otras instituciones, aportaron conocimiento y bagaje intelectual en campos como literatura inglesa, rusa, de escritoras latinas, estudios asiáticos, y otros. 

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Cuentos del Quindío, Akum, La magia de los sueños, este último la primera de una trilogía de novelas breves, culminada entre espacios de décadas, fueron sus primeros libros escritos y publicados  en Nueva York, aunque con materia prima quindiana… “nada ni nadie podría ya arrebatarme esos recuerdos…”  Agmandiel, el camino de los reinos, y El libro de Yodín, de reciente aparición, completan la trilogía. Crónicas del juicio final, Depredadores de almas —cuentos—, Cuajada, Conde del jazmín —novela—, Opus Americanus —cuentos— y Las termitas —cuentos y ensayos—, además de textos impresos en diarios, revistas y publicaciones académicas, conforman su corpus literario.

Escuchar a la reseñada en sesión académica informal con estudiantes de la universidad del Quindío, video disponible en Youtube, extraña a poses de gran dama, de expositora magistral hipervaluada, o en despliegue de vana erudición, es ameno y útil ejercicio. Comparte con sus interlocutores puntos de vista, experiencias, criterios, que enriquecen y aleccionan; crea una atmósfera de cercanía, de confianza mutua, empleando un lenguaje coloquial, con cierto dejo caribe -¿cubano?- resultado quizás del cotidiano contacto con la mayor de las colonias latinas en la gran metrópoli. 

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Centrados en la “Antología de cuentos”, por cierto incluidas interesantes ilustraciones gráficas de la propia escritora, es forzoso ponderar el acierto de Zahyra Camargo y Graciela Uribe, primero al elegir a Gloria como sujeto de estudio; después, al clasificar los textos seleccionados, en cuatro acápites: 1- Búsqueda de sus raíces indígenas y de la tradición popular; 2- Ensoñación, recuerdos de infancia, juventud y entorno familiar; 3- El texto nostálgico e irónico de su experiencia como inmigrante; 4- Textos alegóricos o simbólicos de instauración de nuevos sentidos. Tal agrupamiento, además de contribuir a la comprensión motiva de la autora, de la arquitectura de sus relatos, añade interés al lector raso; también a quien desee profundizar en el estudio del bloque narrativo de nuestra coterránea. En cada una de las vertientes que confluyen en su obra, las autoras se detienen, tanteando sobre el plano formal y en la profundidad del concepto, hallando claves, enlaces, recursos, que permiten reafirmar la vigencia y calidad de la misma. Una de las compartidas conclusiones tras la lectura de los relatos y del prólogo de las analistas: el trabajo ficcional de Gloria Chávez, por su raíz local, por el manejo de elementos autóctonos con proyección universal, por su propia autenticidad, tiene un sitial preferente en la narrativa de origen quindiano, además del obtenido fuera de fronteras regionales y nacionales.


Hugo Hernán Aparicio Reyes
LA CRÓNICA


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