
Con información tomada del ministerio de Educación
La calificación de los cuentos es uno de los pilares del Concurso Nacional de Cuento RCN y ministerio de Educación, el escritor y periodista Cristian Valencia, que por tercera vez tiene la oportunidad de conformar el comité de jurados, habló sobre esta tarea.
“Pocos se pueden imaginar lo que significa calificar un cuento y más si éste proviene de un estudiante al que le falta técnica pero quien tiene muchos deseos de escribir”, dijo.
"Una tarea compleja especialmente para este año, porque estuve en las dos primeras categorías, es decir, los cuentos presentados de preescolar hasta séptimo grado y los de séptimo hasta grado 11”, comentó. Por sus manos pasaron alrededor de 400 cuentos, en donde según él sorprendió la calidad, muy superior a la de las dos versiones anteriores.
En el proceso de evaluación examinó dos tandas de casi 200 cuentos. En promedio, Cristian leyó 11 cuentos diarios durante tres meses. Esto le tomó un tiempo estimado por sesión de 3 horas. “Cada cuento merece una lectura desprevenida y luego, una relectura crítica y si es el caso, dos y hasta tres”, aseguró.
"Hay cuentos muy buenos que te seducen a la primera leída, como también otros muy flojos y estos en su gran mayoría se deben a las temáticas escogidas en las que pululan hadas, ogros, príncipes y castillos. ¿Cuándo acá en Colombia se ven castillos encantados?".
Aunque toda regla posee su excepción y recuerda un cuento donde estaban presentes príncipes, dragones y castillos, pero el eje del relato eran dos niños que compartían un juego de rol, lo cual lo hacía innovador. “Esto de la innovación es un factor determinante en la escogencia del cuento. Debemos superar el: había una vez…; a Harry Potter y la idea de que la imaginación es hablar de unicornios y seres fantásticos".
Otro asunto que merece ser considerado es el gran número de historias referentes a la actualidad del país. "Hay dos frentes temáticos que atraviesan las narrativas de los jóvenes en las dos primeras categorías: la guerra y la violencia sexual, dos asuntos que aunque pareciera que toca a muy pocos, existe una creciente tendencia a escribir sobre ellos".
Cada cuento se lee con pinzas y a veces calificar resulta un acto doloroso. "Es duro descartar cuentos en que se aprecia un talento, pero que por distintos factores la pieza no corresponde a los parámetros del concurso. Uno siente que el autor pudo dar más y que quizás con otro cuento le pudiera ir mejor".
Confiesa que lastimosamente existen algunos cuentos plagiados, esto no quiere decir copiados literalmente, sino concebidos con la misma idea de otro cuento y esos deben calificarse negativamente.
"Personalmente los cuentos que más me gustaron responden a ideas simples pero que conllevan a una creación de un universo. Por dar dos ejemplos, está el de una abuelita que teje una ciudad con sus agujas y otro llamado El balón de fútbol que no quería meter goles, que ya desde el título resulta encantador".