Jueves, 18 Oct,2018

Armenia / DIC 30 2017 / Hace 9 Meses

“Hacemos la labor porque nos da tristeza ver a jóvenes en las drogas”

Cuatro amas de casa lideran proyecto de admirar en Los Quindos y Villa Claudia con personas adictas a las sustancias alucinógenas.

“Hacemos la labor porque nos da tristeza ver a jóvenes en las drogas”

En Armenia hay cerca de mil habitantes de calle, 500 de ellos reciben atención por parte de la alcaldía.

Aunque en la sala de estudio de sus hogares no tienen un título que las acredite como sicólogas o trabajadoras sociales, Elvira, Ana, Mercedes y Maira, decidieron, un día, hacer sus labores a un lado para conformar un equipo de apoyo con el que pudieran guiar a los jóvenes adictos a las sustancias alucinógenas por el camino correcto.

La tarea no ha sido fácil. El tiempo que dedicaban a los quehaceres domésticos se tuvo que dividir entre la profesión de ama de casa y la pasión por la labor humanitaria.

“Un día pensé que podía honrar a Dios ayudando a las demás personas. Mientras asistía a una iglesia, se me dio la oportunidad de trabajar con jóvenes adictos a las drogas. Sin tener conocimiento del caso y asumiendo la labor con total responsabilidad, me encontré en el camino con otras mujeres que también estaban dispuestas a darlo todo. Por eso, estamos de corazón haciendo la labor porque nos da tristeza ver la juventud perdida”, dijo Mercedes Barco, una mujer que vive en el sector de Los Quindos y quien ayuda en uno de los dispositivos de la Pastoral Social para recuperar jóvenes entregados por años al vicio.

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En el sur de Armenia, son dos los puntos que se han creado para ayudarle a los más de 80 jóvenes, que asisten a buscar ayudar, a encontrar otras salidas.

“El trabajo social que realizamos en la parroquia San Vicente de Paúl está ubicada en el barrio Los Quindos. Mi posición es coordinadora general de toda la pastoral social. Trabajamos habitantes en situación de calle, entrega de mercados, grupo de adulto mayor, comedor el buen samaritano y se da el almuerzo los días martes y jueves. Con las personas adictas a las sustancias alucinógenas adelantamos un tratamiento comunitario con el que pretendemos ayudar a los jóvenes”, dijo Elvira Gallego Jaramillo, madre cabeza de familia y de profesión auxiliar contable.

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Ana Moreno es otra de las mujeres que día a día entrega lo mejor de sí para rescatar a la juventud de este flagelo.

“Nosotros no manejamos grupos sino todas las personas que llegan al punto. Son habitantes de calle y jóvenes que tienen sus familias pero que están en el mundo de las drogas. No nos importa entregarnos en cuerpo y alma a ellos, hacemos esta bonita labor sin recibir remuneración porque ellos lo necesitan. Requieren de alguien que los guíe y que les enseñe lo que está bien o mal”, aseguró orgullosa de la labor que realiza por más de 1 año.

En Villa Claudia hay también amas de casa que han decidido dejar sus labores a un lado para entregarse a la labor humanitaria

Es el caso de Maira Alejandra Rodríguez quien conoce a profundidad los procesos que llevan 5 jóvenes que se encuentran en rehabilitación. 

“Muchas veces lo que ellos necesitan no es dinero; a veces solo un abrazo o una palabra de aliento los puede llevar a tomar la mejor decisión de la vida: Salirse del vicio y de la vida nocturna”, apuntó.

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Aunque los recursos no abundan, siempre hay alguien que está dispuesto a ayudar a los demás. 

“Estar en el proceso es una bendición muy grande. Para lograr todo lo que hacemos necesitamos de la solidaridad de muchas personas, entre las que se destacan los benefactores que nos ayudan a que podamos realizar el proceso”, dijeron.
 


Cerca de 80 habitantes de calle hacen parte del proceso en los dos barrios de la ciudad. 
 

Andrés, un ejemplo de superación 

Trajinado por los 10 años que vivió en las calles y con la esperanza de volver a vivir llegó a uno de los dispositivos de ayuda, Andrés, un joven de 25 años de edad que hoy es ejemplo de superación

“Le doy gracias a Dios porque hoy puedo decir que he vuelto a vivir. En el momento me encuentro trabajando en una peluquería donde me dieron la oportunidad después de un proceso de desintoxicación por cerca de 8 meses”, contó a LA CRÓNICA este cuyabro nacido un 16 de agosto de 1992. 

Hoy, que ve la vida con otra cara, agradece a quienes lo detuvieron en el camino para guiarlo. “Salir de las drogas es muy difícil, pero cuando se quiere se puede. Por eso le doy las gracias, por tener la oportunidad de vivir, de poder saber qué es la vida, de tener tranquilidad, paz y felicidad luego de tantos años perdidos”.

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Cuando tenía tan solo 15 años, decidió entregarse al vicio y la calle. Una decisión que hoy reprocha. “Por 10 años fui consumidor de sustancias y simplemente en ellas se encuentra tristeza, desolación y muerte. En muchas ocasiones sentí la muerte cerca, porque en la calle nadie te va a amar como lo hace tu familia”. 

Agregó: “Cuando probé las drogas, lo único que quería era experimentar y sentirme más que otros. Vi que otros compañeros lo hacían y solo por ser aceptado en un grupo de amigos me dio por saber qué era eso y ahí quedé: Atrapado”.
 


Ocho de cada 10 jóvenes que consumen drogas lo hacen para atenuar problemas emocionales


Con insistencia cuenta que el mundo de las drogas es parco y frío. “Estar sumergido en ese mundo es terrible. Es solo oscuro, solo encuentras problemas, peleas, y consumo. Es un mundo de desespero, un laberinto del que es muy difícil salir”. 

Mientras estuvo una década de su vida por fuera de casa recorrió muchas ciudades. “Viví en muchos lugares. Eran tantas las ganas de consumir que no me interesaba si mi familia estaba bien o no. Solo quería estar en ese mundo consumiendo”.

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La vida le ha dado una nueva oportunidad y está convencido de no querer despreciarla. “Ya me inscribí a la carrera de administración de empresas. Quiero retribuirle a todos mis seres queridos ese amor que me han ofrecido como apoyo para salir adelante. A mi madre, que es ama de casa, y a mi padre, que es taxista, les agradezco el calor de hogar que hoy me brindan. Gracias a ellos voy a poder ser un profesional y no dudo en hacerlos sentir orgullosos. Volví a nacer”, cuenta, a todo pulmón. 

Como gratitud por lo que hoy recibe decidió enviarle un mensaje a todos los jóvenes del Quindío. “La droga lo único que hace es atrapar la mente. No dejar ver las cosas grandes que Dios tiene para uno. Hay que valorar la vida. Vivir sin drogas es mucho mejor. No hay nada más hermoso que poder adorar la grandeza de la naturaleza”, declaró Andrés.

 

 Estar sumergido en ese mundo es terrible. Es solo oscuro, solo encuentras problemas, peleas, y consumo. Es un mundo de desespero, un laberinto del que es muy difícil salir”. 


En 2017 se aprobó política pública de habitante de calle 

Con 18 votos a favor fue aprobada en el concejo de Armenia el pasado martes 28 de noviembre la política pública de habitante de calle, que pretende mejorar la calidad de vida de la población. Según los concejales ponentes Juan David Caicedo Guaca y Diego Fernando Cardona Carmona, “la iniciativa busca que quienes vivan en las calles sean reconocidos por el Estado como personas con múltiples problemas y que sean atendidas a través de programas de asistencia en distintos frentes, y buscar así su reinserción en la comunidad como un ciudadano productivo y de servicio al colectivo”. José Marcial Apablaza Yáñez, coordinador del programa ‘Habitante de calle’ de la Pastoral Social de la diócesis de Armenia, señaló que parar lograrlo fue necesario crear una mesa de incidencia en Armenia.

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“El proceso comenzó en el año 2013 con algunas organizaciones de la ciudad. Para hacer posible todo ello, se creó la mesa de incidencia de política pública. Ante la preocupación por las personas sin hogar, hablamos con algunos concejales en el año 2016, que quisieran empezar a laborar con el acuerdo. Por fortuna hoy se hace realidad y es un aliciente para las cerca de mil personas que atendemos”, puntualizó el líder. 


María Fernanda Ramírez Tejada
LA CRÓNICA


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