Lunes, 22 Abr,2019
La Salida / FEB 09 2019 / hace 2 meses

“Hemos confundido la propia gratificación con la felicidad”: Densho Quintero

El maestro budista de la escuela soto Zen del Japón, Densho Quintero, estuvo en el Quindío para dictar una conferencia y dar apertura al nuevo centro cultural Zen en Armenia.

 

“Hemos confundido la propia gratificación con la felicidad”: Densho Quintero

El maestro misionero de la escuela Soto Zen del Japón, Densho Quintero, visitó el Quindío para dictar una conferencia en BoticaSol y dar apertura al nuevo centro cultural Zen en Armenia. Es heredero del Dharma del maestro Shohaku Okumura, abad de la comunidad Zen Sanshinji en Estados Unidos. Desde 1984 se ha dedicado al estudio y a la práctica del budismo Soto zen, escuela en la que recibió la ordenación de monje en Francia en 1987. En diálogo con LA CRÓNICA habló sobre cómo llegó a convertirse en monje y en qué consiste la práctica.

¿Qué es el budismo Zen?

Es una escuela del budismo japonés, básicamente un camino de autoconocimiento, para comprender fundamentalmente cómo nos comportamos frente a la vida y cómo también nosotros mismos somos los causantes del sufrimiento propio, porque muchas veces nos sentimos víctimas de las circunstancias, pero no nos damos cuenta cómo nuestras acciones producen consecuencias. Vivimos acelerados, actuamos inconscientemente o no actuamos, sino que reaccionamos desde la rabia, la envidia, el resentimiento, la vanidad, los celos, el orgullo y no nos damos cuenta el daño que producimos en los demás, en los recursos naturales y en la vida en general. Es un camino para detener y corregir ese vértigo con el que corremos por la vida y mirar hacia adentro. Nuestra escuela está fundamentada en la meditación pero no para lograr o conseguir algo, sino para estar presentes, para despertar a la realidad, al momento de la vida.

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¿A qué se debe su visita al Quindío?

Junto con Jairo Alberto Betancourt, un amigo con el que he venido trabajando desde hace varios años, hemos construido el proyecto de regalarle al Quindío un centro cultural Zen. El Zen en Japón, desde el siglo XIII hasta el siglo XVII, tuvo una influencia muy grande en artes como la pintura, la caligrafía, la música, los jardines, porque arte para oriente es ser nosotros mismos, el artista es alguien que permite que la vida se manifieste a través de sí mismo. Queremos abordar la práctica de la escuela desde la cultura y además desde la meditación, que es una herramienta maravillosa para la vida. Hoy vamos a estar desde las 7:00 de la mañana y ayer tuvimos una conferencia en BoticaSol.

¿Cuál fue su primer acercamiento con la escuela y por qué?

Eso fue hace muchísimo tiempo, estaba muy joven en esa época y estaba pasando por una crisis personal muy fuerte, yo cuento un poco de eso en uno de mis libros, que se llama El despertar Zen, el camino de un monje colombiano. Un momento muy difícil de mi vida, dejé la carrera que estaba realizando en ese momento, ingeniería electrónica, y quedé como en un vacío, que no sabía qué hacer con mi vida, entonces empecé a leer mucho y entre las cosas que leí, estaba un libro que me impactó profundamente porque lo que buscaba era poder tener silencio en mi cabeza, ya que tenía muchas voces que me juzgaban por mi fracaso en la vida, una frase de un poema en particular de un maestro chino me marcó, y dice más o menos: “Acalla todos tus pensamientos, deja que el musgo crezca en tu boca, hazte semejante a un trozo de seda blanco inmaculado y una vez más aseméjate al incensario del templo abandonado de una aldea desierta”. Ese era el imaginario de quietud que quería darle a mi mente y sentí que era el camino que quería recorrer, empecé a indagar más y terminé yéndome a Europa a estudiar.

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¿Cree que el Zen podría solucionar las problemáticas sociales del país y del mundo?

Creo que en este momento en el mundo en general hay una crisis de valores tremenda, intolerancia y falta de respeto hacia los demás, precisamente porque estamos demasiado centrados en nosotros mismos y queremos lograr nuestros propios objetivos, pensando que se puede pasar por encima de los demás para lograrlo. Hemos confundido la propia gratificación con la felicidad y justificamos lo que sea por conseguir eso que buscamos y no nos damos cuenta cómo nuestros actos producen consecuencias en los demás. Hay un maestro budista que decía: “Todo lo que tú pienses, todo lo que tú creas está muy bien, pero en algún lugar del mundo hay alguien que piensa todo lo contrario y esa persona también tiene razón”, entonces es muy importante respetar y valorar lo que piensan los demás y entender a cada ser humano como un universo único y en esa medida, si partimos del respeto a los demás, podemos empezar a modificar la manera como nos relacionamos y en lugar de seguir produciendo sufrimiento en otros, vamos a empezar a aliviarlo.

¿Cómo podemos desprendernos de la insatisfacción que nos impide trascender?

Hay que entender muy bien cómo funciona la mente, el cerebro y por qué experimentamos la insatisfacción y eso es un fenómeno puramente biológico, y la biología evolucionista explica que si con la primera comida que tenemos ya nos sentimos satisfechos el resto de la vida, no volveríamos a comer y moriríamos, entonces nosotros de una manera mecánica y compulsiva, obedecemos a esa necesidad de estar satisfaciendo permanentemente los deseos, por eso, primero hay que entender que la felicidad no es satisfacer los deseos, la felicidad no viene de producir neurotransmisores en el organismo, como dopamina para sentirnos bien, la felicidad viene de estar en equilibrio con uno mismo. Si creemos que la felicidad viene de obtener cosas, nunca nos vamos a saciar, porque una vez que uno logra algo, enseguida va a desear otra cosa, entonces siempre se va a estar insatisfecho.

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En su libro Zen, un camino a la transformación, ¿a qué se refiere con la palabra transformación?

Ese es mi tercer libro, que fue publicado en España, cuando uno habla de transformación, pareciera que tuviéramos que convertirnos en otra cosa o persona, en algún ideal diferente de nosotros mismos y en realidad es transformar la manera como nos relacionamos, precisamente para ser la mejor versión de nosotros mismos. Lograr identificar cuáles son las reacciones mecánicas desde donde actuamos y poder ser más libres.


Carolina Marín
LA CRÓNICA


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