Lunes, 18 Dic,2017

Región / MAR 24 2013 / Hace 4 Años

Ignacio Torres, un quindiano de 120 años

Ignacio Torres Giraldo, fue un sindicalista nacido en Filandia, las ideas revolucionarias estuvieron presentes desde muy corta edad.
Ignacio Torres, un quindiano de 120 años

Un quindiano ejemplar, nacido en Filandia, escritor, humanista, sindicalista, que casi nadie recuerda en la región.

La influencia de la antigua Unión Soviética, las tensiones entre las diversas facciones de los partidos Liberal y Conservador y el naciente proyecto comunista despertó en él la necesidad de pensar de manera diferente, de luchar por los derechos y agitar las masas en torno a la revolución.

Desde muy temprano tiene conciencia de escritor, de observador y transmutar en palabras lo que su experiencia, su memoria y su investigación no querían perder. Sus primeros años de vida los pasó entre Pereira y Sevilla, ya que su padre sufrió de persecuciones a raíz de su apoyo a los liberales en la Guerra de los Mil Días.

Su progenitor se encarga de enseñarle a conocer los números, a dibujar y a firmar, pues no tenían los recursos y tampoco había escuela donde matricularlo. Aunque aprendió tarde a escribir, su sed de conocimiento, y su esfuerzo autodidacta de leer los avisos públicos, lo llevaron a lograr juntar sílabas y palabras desde muy niño.

Luego de lograr leer de corrido, se enamoró de la literatura y empieza a alquilar libros en la única biblioteca existente en Pereira, y cuando tenía la posibilidad compraba las obras que encontraba más afín con sus ideas comunistas de autores franceses y españoles.

Por falta de recursos no pudo entrar a la universidad, sin embargo, su espíritu curioso y ansioso por conocer el mundo, asiste a clases del profesor Deogracias Cardona. A pesar de no estar oficialmente en el curso que dictaba, Ignacio presentó poemas a su profesor dedicados al río Otún y que según él mismo eran “horrorosos”.

A pesar de ser apenas un adolescente, simpatizaba con el liberalismo radical de Rafael Uribe Uribe y de Benjamín Herrera, sin embargo, la revolución de octubre de 1917 lo llevan a vincularse al movimiento obrero y al marxismo. Lleno de energía e ideas sindicalistas, viaja por todo el país en labores de agitación, y participa en la fundación de los primeros sindicatos y grupos socialistas de Colombia.

Junto a otros lideres populares como María Cano, Raúl Eduardo Mahecha y Tomás Uribe Márquez, organiza sindicatos, promueve huelgas y hace demandas en defensa de los trabajadores. Gracias a un joven policía de Pereira que había fundado un periódico, aprende a ejercer el periodismo y se enamoró de las letras y de la forma de difundirlas entre la gente.

De esta manera participó de la redacción de los primeros periódicos comunistas del país entre los que se encontraba La humanidad y Tierra. Fue un hombre de acción y palabra, hizo mucho y escribió un montón, su inteligencia fue producto del aprovechamiento que les dio a las oportunidades que se le presentaron y que supo aprovechar en todos los instantes.
Durante su época de revolucionario sufrió detenciones, prisión y destierros arbitrarios de las autoridades locales y regionales que veían en Torres Giraldo un enemigo público por sus ideas. Sin embargo, no pudieron silenciar las voces revolucionarias con las que nació, y participó en la fundación de la Confederación Obrera Nacional, el Partido Socialista Revolucionario y el Partido Comunista de Colombia.

Además participó del IV congreso de la Internacional Sindical Roja y del secretariado latinoamericano de la Internacional Comunista en Moscú. Con la idea de conocer más y desarrollar nuevas ideas para Colombia, se traslada a la Unión Soviética, donde vive y trabaja por casi cinco años y se convierte en uno de los primeros enlaces comunistas con España y el resto de Latinoamérica.

Por enfrentamientos públicos con Luis Vidales y Augusto Durán, además de la desavenencia con la dirección nacional del partido Comunista, abandona este. Después de esto, se dedicó al trabajo intelectual y periodístico, publicando los cinco tomos de Los inconformes, trabajo histórico sobre las luchas populares en Colombia.

También escribió María Cano, mujer rebelde, La cuestión campesina en Colombia y escribió algunas obras de ficción todavía inéditas. En los últimos años, al tiempo que escribía, organizaba su archivo y dictaba cursos sindicales; también tuvo una pequeña librería en Palmira, llamada Cervantes.

Escribía historias del pueblo colombiano para aportar a su educación sembrando la esperanza y los deseos de un futuro mejor para los obreros, campesinos y demás sectores marginados de la sociedad. Murió a los 75 años en Cali y su cuerpo fue velado en la sede de la Federación de Trabajadores del Valle, siendo despedido por líderes sindicales y políticos.
Luego de su muerte, la familia donó su amplísimo archivo de libros y papeles a la facultad de humanidades de la universidad del Valle, que lo declaró patrimonio de la nación e inició sus trabajos de conservación y difusión.

Entre las donaciones se encontraba su Anecdotario, que muestra su propia definición, con pequeñas notas con identidad temática que concentran, en su espacio de escritura un imaginario que se parece a la realidad de los recuerdos.
El legado de su vida y obra debe servir como ejemplo a todos aquellos que deseen transformar lo existente y poner sus conocimientos al servicios del pueblo.

Demostró ser un intelectual de su época que lucho siempre por hacer de Colombia una sociedad verdaderamente democrática, independiente y soberana.

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