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General / MAY 27 2011 / hace 8 años

Indolencia social, insensibilidad e indiferencia ante dolor de los demás

Es una característica marcada de ladrones, corruptos y criminales lo que no les permite sentir remordimientos, recato ni consideraciones con nadie.
Indolencia social, insensibilidad e indiferencia ante dolor de los demás

Indolencia por un lado significa flojera, pereza o haraganería, y por el otro, indica insensibilidad y el no conmoverse ante el dolor propio o de terceros.

Esto se debe a que en la antigua mitología griega la divinidad que personificaba la indolencia también interpretaba a la pereza. Su nombre era Ergia y convivía con otras deidades que representaban al sueño, la quietud y el silencio. Se le pintaba como un ser somnoliento, dormía en medio de telarañas y se mostraba contrapuesta al trabajo. Desde un punto de vista psicológico, una persona indolente describe a quien no se afecta o conmueve ante el dolor. La indolencia social incluye ser indiferente ante el sufrimiento de una o más personas o de una comunidad.

“La indolencia social se presenta en algunas comunidades producto de un fatalismo provocado por la desesperanza y por no poder cambiar el trágico entorno donde habitan, ni poder ‘salir de abajo’ aunque se hagan esfuerzos notables en el trabajo. La obligada resignación y una aceptación forzada de la ruinosa realidad, produciría en algunos la indolencia y una actitud de poca o ninguna solidaridad. En este caso, nos referimos a la indolencia social que encontramos en ciertos niveles desposeídos de la sociedad. En casos individuales, sin importar el nivel socioeconómico, el indolente es una persona egoísta por naturaleza, generalmente inescrupulosa, superficial. No reacciona ante calamidades y tragedias”, explicó la psicóloga María Victoria Rivas.

Los indolentes no piensan en los demás, se concentran en sí mismos. Esto les permite no sentir remordimientos, recato ni consideraciones con otros. Así, los delincuentes son indolentes con sus víctimas. Los corruptos son insensibles al daño que ocasionan.

“También tropezamos con los indolentes ‘pasivos’ que se concentran en su propia existencia, ocupados en lograr sus objetivos sin ‘ver para los lados’, aunque algunos sean arribistas y perjudiquen a otros para ellos ‘subir’ o ‘ascender’. Entre los indolentes pululan los fríos y calculadores y los indiferentes y apáticos, estos normalmente terminan solos y abandonados”, aseguró Rivas.

Se puede comenzar a dejar de ser indolente adhiriéndose a alguna causa común con miembros de la comunidad, participando en apoyo y respaldo en distintos eventos, siendo solidarios con las personas cercanas y con la comunidad en donde se viva. El conocer los problemas de otros, aportar soluciones o colaborar con ello, poco a poco, despertará el interés y en algún momento la indolencia dará paso a la sensibilidad, al entusiasmo y al existir con sentido gregario y social.

“Cabe señalar que las personas que padecen este tipo de conductas han tenido una niñez sometida a maltratos, humillaciones y en muchos casos infringidos por los mismos padres, lo que lo hace un indolente en potencia en su vida adulta”, comentó la psicóloga.

En la mayoría de los casos los afectados suelen tener una vida medianamente normal, forman un hogar bajo un perfil muy diferente al que esconden cuando se les presenta una situación específica, es decir cuando ven en la calle algo que requiera de su ayuda.

“Las familias de estos enfermos no suelen darse cuenta sino mucho tiempo después del accionar de su cónyuge o padre a ciertos eventos de dolor o de compasión, es en este momento donde la ayuda y el apoyo es primordial”, concluyó María Victoria Rivas.


Consecuencias

-Aislamiento social.
-Abandono por parte de la familia.
-Repudio por parte de la sociedad.
-Desamor por parte de los hijos y familiares.
-Desprecio generalizado.

Causas

-Niñez maltratada.
-Familia con padre indolente.
-Baja autoestima.
-Ansiedad.
-Soledad.
-Negativismo.
-Falta de valor por la vida y las personas.


Por: Yaqueline Hurtado Domínguez

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