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La Salida / JUN 29 2016 / Hace 1 Año

Isabel Crooke, de arqueóloga a poeta

Isabel Crooke Allinson está radicada en Colombia desde hace 47 años, dio un vuelco a su vida desde que pisó las regiones donde tribus indígenas vivieron.

Isabel Crooke, de arqueóloga a poeta

Isabel Crooke Allison, británica nacionalizada en Colombia, poeta de los indígenas.

Su encuentro con la poesía llegó luego de un accidente que la alejó de su contacto con los indígenas y la llevó a reflexionar sobre todas las tradiciones en esa cultura, que solo han sido transmitidos de manera oral.

Crooke nació en Cambridge, Inglaterra, lleva el arte en su sangre, con una madre pintora y un padre escultor. Aunque inicialmente no tuvo como opción profesional una carrera en el área, pues estudió arqueología, años después se convirtió en poeta, y fue una de las invitadas en la programación del Festival Internacional de Poesía de Medellín, que tuvo este año como sede alterna a Armenia, con el apoyo de la Corporación de Cultura y Turismo, Corpocultura.

 

¿Cómo llegó a Colombia?
Me vine a Colombia en 1969, es un cuento muy largo. Yo primero estudié historia y arqueología en Inglaterra, entonces se me presentó la oportunidad de trabajar como asistente de un arqueólogo norteamericano en Colombia. Llegamos a mitad de la selva Amazónica. Faltaba poco para iniciar el trabajo, pero desafortunadamente el profesor se ahogó, aunque nos advirtieron de la peligrosidad de las aguas, él no hizo caso.

Estaba a punto de irme cuando salió otro trabajo en el Putumayo. Una labor que duró 7 años, después me casé con el director del proyecto.

Luego inicié un trabajo con periodos cortos en la Sierra Nevada, aunque no me gustaba el tiempo, tuve una experiencia maravillosa con un chamán, pues una vez terminé mi primera labor allí, fui a Bogotá a llevar los reportes y allí mismo se estaba ofertando un curso de primeros auxilios, mandé un telegrama diciendo a la comunidad y a mi marido que me iba a demorar 2 semanas aprendiendo la ‘medicina del hombre blanco’.

Cuando llegué al Amazonas me dijo una muy buena amiga indígena: “Isabel, mi esposo se está muriendo de una enfermedad del mundo de ustedes, y el chamán está haciendo todo lo posible para tratarlo, pero no ha sido capaz y como usted está estudiando la enfermedad del hombre blanco, entonces puedes hacer algo”.

Yo había llevado la penicilina, pero cuando aprendí a poner inyecciones, fue con una naranja, y se me olvidó asegurarme que la aguja no tuviera aire y de hacer la prueba de sensibilidad, recordé esto una vez ya había puesto la inyección.

Pero en la tarde ya estaba bien. Entonces el chamán me dijo que si quería él me ayudaba a aprender todos los misterios de la medicina, y a cambio yo debía enseñarle la medicina del hombre blanco (esas poquitas cosas que tenía para dar). Duró un año el proceso.

 

¿Se quedó como médica, qué pasó con la arqueología?
Regresé a Bogotá, pero yo no estaba muy de acuerdo con esos periodos tan cortos de investigación. Entonces hablé para saber qué posibilidad había de hacer un curso para médico, a través de una amiga fui a hablar con el director de una universidad con la carrera y él me ofreció un cupo, pero me aclaró que para médicos no había, que había posibilidades de enfermería.

Terminé el curso, y luego me especialicé en dermatología. Regresé a la tribu pero esta vez con la intención de trabajar como médica, a través de la secretaría de Salud.

Pasé un buen tiempo viajando por comunidades indígenas tratando enfermedades, hasta que un día yo tuve un accidente y no pude trabajar durante dos años. A partir de ese momento un amigo me había hablado de Barichara, Santander, fue mi encuentro con este pueblo, allí junto a mi padre, terminé comprando casa.

Inicié mis prácticas como doctora y también a escribir sobre todas mis experiencias en medicina con los indígenas, y de ahí pasé a la poesía.

 

¿Cómo fue la llegada al mundo de la poesía?
Esto luego de descubrir que el lenguaje hablado está lleno de metáforas, de una fluidez musical tan linda que es para escribirla, y como ellos no tienen una literatura o un referente escrito, sino oral, entonces mi labor era hacer lo mejor que pudiera para expresar a través de mi poesía estas experiencias indígenas.

 

Dentro de la programación del Festival Internacional de Poesía de Medellín con sede alterna en Armenia hubo un taller de poesía para los niños, ¿cómo fue la experiencia?
Yo precisamente titulé la charla ¿Has visto el amanecer? la música y la poesía a través del mito, porque la poesía del indígena o su lenguaje es muy musical o sus mitos relacionados con la música son impresionantes.

 

¿Qué mito de los indígenas recuerda más?
Hay un mito muy lindo de una comunidad del Amazonas; decía que un día un hombre cansado se sentó al lado del río y se dio cuenta que un palillo que estaba tocando contra un tronco llevaba el ritmo de la quebrada, el ruido del agua del resalto sobre las piedras, de pronto escuchó, el pájaro cantar y se dio cuenta que con el palillo también estaba tocando el silbido del ave, y después escuchó el viento y le pasó exactamente lo mismo. Y entonces se dio cuenta que podía acompañar con su canto todo este ritmo, y nació la poesía.

 

¿Cuál es el consejo para los niños, o para las personas que quieren empezar a escribir poesía?
La poesía tiene que ser bonita, bella, algo que fluya, entonces piensen en cosas bonitas, pero acuérdense que cuando uno escribe, hay que primero hablar. Es una gran falla escribir sin hablar, porque entonces tú no sabes si lo que estás escribiendo fluye, es poético o no.

 

¿Cómo vio el proceso de los niños y la poesía en Armenia?
Yo he tenido mucha experiencia con los niños en el tema, pero el problema es que ellos están rodeados de cosas desagradables, música bastante violenta, familia donde hay muchos problemas etc.

Entonces cuando un niño hace pintura o poema, es algo violento, un poquito grotesco con el manejo del lenguaje, entonces uno tiene que decirles, trata de pensar en algo bonito, y ellos dicen “no hay nada bonito”, “es que mi mamá me pega”, “mi papá llega borracho”, pero no, debe haber algo bonito, pinta algo o escribe algo, y ellos inicialmente hacen cosas como las que hizo un niño que pintó a su abuelo sin la cabeza, “¿pero por qué haces esto?”, le pregunté, “porque mataron a mi abuelo en la violencia”, respondió. Pero ya pasó la violencia, piensa en algo bonito, entonces dice “voy a pintar a mi gato”, y lo hace.

Pero cuando un niño está pintando algo agresivo se le ve en la cara, los ojos son furiosos, y cuando pinta algo bonito, tiene una sonrisa en la cara, para esto hay que decirles que piensen mejor en los sueños.

 

 

Por Lily Dayana Restrepo


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