Domingo, 16 Jun,2019
Deportes / MAR 24 2019 / hace 2 meses

Isabelino Gradín, el atleta de los 400 metros goleador de Copa América

Isabelino fue el primer afrodescendiente en una selección.

Isabelino Gradín, el atleta de los 400 metros goleador de Copa América

Isabelino Gradín aparte de ser jugador de la selección Uruguaya vistió los colores negros y amarillo de Peñarol.

Isabelino Gradín es recordado no solo en Uruguay sino en el continente americano por convertirse en el primer máximo artillero del torneo de selecciones más antiguo de la historia del balompié con otra cualidad especial, atleta que corría los 400 metros planos.

Fue el primer goleador del certamen celebrado en 1916, además el primer jugador afrodescendiente en la historia de una selección, todo un sinónimo de cambio y revolución, enganchado también al atletismo, su otra pasión, ganador de nueve medallas en los campeonatos sudamericanos.Fundó un club de la práctica base.

Gradín fue extremo izquierdo, descendiente de africanos de Lesoto, se crió en el barrio de Palermo, en Montevideo, y defendió los colores de Peñarol, de la selección charrúa y del club de atletismo Olimpia.

De acuerdo con una historia publicada en el diario El País de España en el 2015, mientras en Europa se combatía la I Guerra Mundial, Uruguay rompía barreras al jugar con dos futbolistas de color: Gradín y su compañero Juan Delgado. 

En el partido inaugural de aquella Copa América, Uruguay goleó a Chile 4-0, y Gradín marcó dos tantos. Algunos directivos chilenos pidieron la anulación del encuentro porque Uruguay “había alineado dos africanos”. No hubo anulación. Uruguay ganó la Copa América y Gradín fue el máximo goleador con tres tantos. Para aquella época, Gradín llamó la atención de la dirigencia del deporte rey en tierra uruguaya por su aspecto, estado físico y porte. El atacante inspiró a poetas y escritos de la época y más recientes, como Eduardo Galeano, quien en su libro ‘El fútbol a sol y sombra’ recordaba cómo la gente se levantaba de las sillas para verlo jugar.

“La gente se levantaba de sus asientos cuando él se lanzaba a una velocidad pasmosa, dominando la pelota como quien camina, y sin detenerse esquivaba a los rivales y remataba a la carrera. Tenía cara de pan de Dios y era un tipo de esos que cuando se hacen los malos, nadie les cree”.  

Isabelino murió en 1944 con 47 años de edad. La afición que le vio jugar ya no vive. Sin embargo, su recuerdo sigue latente, porque una de las peñas más jóvenes de Peñarol, la del barrio popular La Aduana, muy cerquita de donde vivía Isabelino, lleva su nombre. 

Vivió sus últimos años en la pobreza, como muchos jugadores de su época por aquel entonces el fútbol era amateur, se jugaba sin cobrar. El balompié se volvió profesional en Uruguay en 1932.

Cuentan que poco antes de morir, tumbado en la cama del hospital en el que estaba ingresado, hacía llegar mensajes a los jugadores del Peñarol, que se jugaban una final importante, sobre cómo había que defender los colores de esa camiseta. Como regalo, le trajeron la Copa.


Andrés Felipe Ramos Gámez
LA CRÓNICA


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