General / Agosto 18 de 2013

Jairo Baena Quintero, romántico

Había nacido en 1923. El amigo de toda la vida, poeta y periodista abandonó sin prisa ni desasosiego su envoltura terrena para ascender al Olimpo, secundado por las musas y su estro.

Un homenaje póstumo rendido a su memoria y obra hace varios años en el Club Andino de Montenegro, Quindío, su cuna natal, fue el justo reconocimiento a su obra, persona y cariño que dedicó y entregó a su territorio amado. Su recuerdo pervive en la memoria de admiradores y colegas. Este 18 de agosto, habría coronado la respetable cima de 90 años, trajinados sobre el mundo con intensidad y estremecimiento espiritual.

La obra poética de Jairo Baena Quintero ha ganado juicios certeros, siempre elogiosos. De su propio peculio, editó tres libros: Preludio de la Soledad, Límites del corazón y Un clamor de la tierra, Carlos Mazo alma y paisaje, éste último, homenaje al poeta que sembró la inquietud literaria en el Quindío, editado con el agradecimiento profundo del autor al Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Quindío. Pero además, Baena Quintero dejó inéditos varios trabajos de su intelecto: Epopeya de la Sangre, Siluetas del Tiempo y Pensamiento Revolucionario del Libertador.

La activa existencia de Baena Quintero está circundada por un arduo trabajo intelectual. Además de poeta “ejerció” en la pintura, los libros, el periodismo, las canciones a la amada mujer, a la tierra, a los paisajes, es decir, a la naturaleza. La letra de sus bambucos ya de antología, ha sido interpretada por los cultores de la música del Quindío, entre los cuales destacamos a José Ramírez y Bernardo Arcila ya en la eternidad, y el trío de los hermanos Moncada, desaparecidos descendientes del maestro Rafael Moncada autor de los himnos del Carnaval y de Armenia.

Jairo fue una de las personalidades más multifacéticas de la tierruca añorada. Desgarbado, rápido en el andar, fue un trashumante de su propia existencia. Su carcajada era sonora, con estrépito musical. Gustaba del humor fino y provinciano. Su estampa corporal siempre estuvo orlada de buenos trajes y eterno corbatín.

Al amanecer de la revolución cubana, el grupo intelectual que presidía el poeta, Baena Quintero, saludó la presencia del “hombre matinal de América”, Fidel Castro. No fuimos ajenos al fervor ardiente y continental por tan gloriosa epopeya en la isla del Caribe, escenario por muchos años de la satrapía de Batista y los abusos gringos, los atropellos a los derechos humanos y la negación de ser libres allí.

Al calor de inolvidables tertulias en la casa que fue de sus abuelos y padres, con la complicidad y la ternura de su esposa Melbita, el aeda bautizó solemne y serio el nacimiento del periódico El Comunero, grito de batalla contra la violencia en el Quindío, tizón quemante contra hórridas conciencias comarcanas, lanza vengadora contra caciques partidistas que alimentaban con fuego y odio la lucha fratricida.

Padrinos fuimos de esa publicación y coautores de la idea al calor de tragos y amaneceres de pensamiento los amigos de Jairo Baena Quintero: Helmer González poeta y escritor, malogrado por el destino en su juventud: Jorge Alzate García alma buena, rapsoda de grandes méritos literarios; Bernardo Pareja poeta de Quimbaya, de enhiesta pipa e ideario progresista; y quien esto escribe acicateado por los recuerdos. El Comunero tuvo corta vida. Sus enemigos fueron largos… entre los cuales, la avara publicidad.

Hombre de hogar, educador toda su vida, periodista, el paso de Jairo Baena Quintero por los claustros de la enseñanza y el diarismo es recordado hoy. A los 17 años de edad fundó y dirigió Agitación Liberal; colaboró con La Crónica del Quindío y varias revistas, escribió en la Patria –Manizales; Diario del Quindío, Armenia; colaboró en El Tiempo y El Espacio de Bogotá; redactó y dirigió para luego ser propietario Claridad, periódico regional de amplia aceptación y muchas ediciones.

Recordamos su “Oración a Jesucristo” en la Semana Santa. Fue orador de quilates y “coronador” de reinas pueblerinas. Amigo de poetas y literatos, Jairo Baena Quintero fue el hombre, el padre, mejor compañero, “coleguita” en el hermoso oficio del periodismo.

Cuando Gonzalo Arango el profeta, genitor del nadaísmo le dedicó a Jairo parte de su producción, no tuvo empacho en estampar esta dedicatoria:
“Para Jairo, padre de diez hijos. ¡Qué erotismo!
Mucho habrá de escribirse sobre el anecdotario del bardo montenegrino. Queden estas líneas al azar como preludio de su biografía. De cierto, Baena Quintero es uno de los últimos románticos frente al galimatías de la nueva “poesía”.


Por Antonio Valencia Salazar

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