Sabado, 18 Ago,2018

La Salida / ENE 09 2018 / Hace 7 Meses

Johanny Zuluaga Valbuena, en los zapatos del invidente

Ser representante de las personas con discapacidad visual ante el comité municipal de Armenia y departamental es garantía para quienes son invisibles ante la ciudad y la sociedad.

Johanny Zuluaga Valbuena, en los zapatos del invidente

Su superación personal se constituye en el impulso para quienes apoya. A él y las personas con limitaciones los sostiene la espiritualidad, el apego a lo trascendental y Dios.

Personas con baja visión y ciegos, así como quienes poseen otras capacidades especiales en el departamento del Quindío, encuentran en este sicólogo el apoyo emocional y profesional para retomar desde cero y saberse completamente capaces al momento de iniciar un proyecto de vida. Trabaja sin remuneración alguna. Apoyar al semejante y saberlo diestro para defenderse solo es su mayor recompensa.

¿Cuéntenos sobre usted?

Tengo 54 años, nací en Armenia, Quindío, viví en el barrio Granada. Soy sicólogo de la universidad Abierta y a Distancia, Unad, fui empresario junto con mi hermano Wílmer del sector telecomunicaciones. Viajé a Israel por varios años, al lado de una persona con quien tengo una hija de 28 años, la cual vive en Inglaterra, y soy abuelo de una hermosa niña.

¿Hablemos de la familia?

Nací en el hogar de Raúl Zuluaga Ospina, quien murió siendo muy joven, y Luz Mery Valbuena. Tengo dos hermanos con quienes llevo una excelente relación Wílmer y Luz Stella, y una hermana que falleció. Adoro a mi mamá y comparto ahora mis sueños junto al amor de mi vida Nelly López Alméciga, quien me alienta y apoya siempre.

¿Y sus estudios?

Soy bachiller del colegio San José de los Hermanos Maristas e hice unos años en el Rufino Centro. No concluí los estudios de topografía en la universidad del Quindío y estudié sistemas en Bogotá.

¿Por qué la inclinación por los temas sociales?

Es innato el deseo de ayudar a los demás, desde la época escolar, apoyar a los necesitados y estar del lado de los desvalidos, los menesterosos. 

¿Cómo adquirió la discapacidad?

Desde joven tuve problemas de miopía y en el 2005 hubo un desprendimiento de retina del que me operaron en Cali, luego de seis meses de tratamiento, la situación se complicó por un glaucoma y el diagnóstico fue retinoplastia. A esto prosiguió una profunda depresión, duelo por mi visión, desesperanza, sentirme menos y hasta ideas de no querer vivir en esas condiciones. Fue difícil salir avante y lo logré. 

¿A quién admira?

A Ana María Bernal, una mujer espectacular, ella fue para mí el motor y el modelo para entender y aprender que es posible una vida plena y feliz con limitaciones. Es una sicóloga ciega, funcionaria de planta de la secretaría de Educación municipal de Armenia, un ser humano dulce, con increíbles valores y un tesón sin igual para salir adelante y destacarse en su campo profesional. También a Hugo Mejía, gestor cultural, músico y licenciado en matemática, que fue mi profesor en el bachillerato, otra persona ciega, que ayuda y vela por los demás desde la fundación Manos Fraternas. 

¿Cuál es su principal propósito de vida?

Contribuir positivamente en la existencia de las personas con limitaciones de cualquier índole y en especial, de quienes como yo tienen baja o nula visión. Luchar hasta lograr que en el país y la región se les brinde una oportunidad de vida digna, con igualdad de posibilidades en el campo laboral, una educación inclusiva y hacer entender a la ciudadanía que está impidiendo la movilidad en las ciudades, al parquearse o ubicar las ventas ambulantes, bicicletas o simplemente conversar sobre las rampas de acceso a los andenes, o sobre la línea guía, por citar solo unos ejemplos. 

¿Cuántas personas con discapacidad visual y de otra índole hay en el Quindío?

Actualmente existen 22 mil discapacitados en total en el departamento, 6 mil de ellos en el tema visual en 11 municipios y 2 mil en Armenia. Yo quiero fervientemente que un alto porcentaje de ellos accedan a programas integrales sin costo. 

¿Cuáles programas?

Existe uno nacional, de carácter gratuito, liderado por el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos, Crac, con sede en Bogotá, del cual se tiene apoyo en el Quindío, desde el 2015, inicialmente, con Corpocultura y el año pasado con la Sociedad de Mejoras Públicas. Necesitamos otros aliados estratégicos.

¿Pueden aprender quienes tienen baja o ninguna visión?

Claro, la tecnología existe en los celulares para esta población, hay que desaprender para volver a aprender a desenvolverse con la ayuda de los demás sentidos. No todo está acabado. Es posible, yo lo comprobé, acercar a las personas con limitaciones al universo de la tecnología, de los magnificadores de caracteres, de los lectores de pantalla, a conocer los billetes y las monedas, a desplazarse por la calle sin otra persona a su lado, con la ayuda de un bastón y de la seguridad en sí mismos.

¿Cómo se sostiene económicamente? 

Obtuve una pensión por invalidez y me dediqué a servir. Apoyo a la Asociación de Limitados Visuales del Quindío, Asoliviquín. En el programa del Crac participé en el 2017 como el sicólogo de apoyo, sin remuneración alguna y espero este año apoyar de nuevo el proceso, en las mismas condiciones si así resulta. 

¿Quién era usted antes de la disminución en la visión y cómo es ahora?

Antes de adquirir la discapacidad era un hombre interesado en los negocios y hacer empresa, me dolían las injusticias, pero no había fijado mi atención en quienes forman parte de comunidades vulnerables y con capacidades especiales, me eran indiferentes. Ahora, conozco y comprendo las desigualdades en todo orden con los menos favorecidos, que no pueden valerse, ni movilizarse por sí mismos. 

¿Dónde comunicarse para ingresar a los procesos gratuitos que se ofrecen?

Escribir a los correos [email protected] y comunicarse a los teléfonos 3117486192 y 3206295754.


Adriana Patricia Matiz R.
LA CRÓNICA


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