Viernes, 23 Ago,2019
En profundidad / ENE 13 2019 / hace 7 meses

José Fernando Ramírez, el revolucionario democrático

En la década de los 70, con una vanguardia de animadores progresistas y demócratas fue el creador del Movimiento Revolucionario Cultural del Quindío, Mrcq. 

José Fernando Ramírez, el revolucionario democrático

José Fernando Ramírez Cortez, un hombre que trabajó por la cultura de la región.

Si faltara uno más entre el cúmulo de conceptos favorables con los cuales los biógrafos de José Fernando Ramírez Cortez han exaltado el talante distinguido y la trayectoria pública de este multifacético quindiano, el de movilizador de ideas culturales cumpliría tal cometido. Aun así, quedarían fuera de ese sucinto inventario humanístico sus calidades de hombre generoso, tolerante, bueno, comprensivo y sencillo como pocos.

Porque eso y mucho más fue este ciudadano ejemplar. Un ser feliz y enamorado de las buenas lecturas, del arte, la literatura y la música. De la amistad, cómo no. Como oficiante de esos valores los prodigaba a raudales en enseñanzas y obsequios —que entregaba en papel regalo— y con los que buscó siempre, nada más, pero tampoco nada menos, inculcar la apertura mental hacia la ampliación del conocimiento. Y en este trasegar constante por los caminos de la creación artística y la superación intelectual configuró su propia forma de ver el mundo, para criticarlo y cuestionarlo, en fin, para asumir su evolución histórica, desde una perspectiva estética.

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Por cierto, hizo de la cultura su campo de combate, su razón de ser. Todas esas sensibilidades que lo asistían, fueron virtudes que afloraron a lo largo de su vida en cada uno de los espacios, lugares y tiempos que compartía con sus amigos, sus familiares y colegas del universo cultural en el que permanecía desde el primer amanecer hasta el siguiente en que quedaba con la grata sensación de haber participado en una ‘espectacular’ velada cultural de increíbles características, que luego comunicaba al resto de su fraternal planeta.

En la década de los 70, con una vanguardia de animadores progresistas y demócratas fue el creador del Movimiento Revolucionario Cultural del Quindío, Mrcq, institución social y académica para agenciar iniciativas cinéfilas, pictóricas, poéticas y literarias territoriales y nacionales con el propósito de reconstruir la identidad cultural regional. El debate que promovió Ramírez Cortez alcanzó repercusiones nacionales y la intelectualidad quindiana se reconoció en obras y expresiones consagratorias. 

Para entonces la ‘Ciudad Milagro’ se vio invadida de muestras y representaciones en los diversos campos del arte y la cultura: noveles escritores, pintores y poetas saltaron al escenario de las manos de mecenas y maestros como en una nueva ilustración. Galerías, seminarios, debates culturales, tertulias literarias, los cine-club, murales, representaciones simbólicas de la historia cafetera, y demás, agitaron los principales escenarios de la capital quindiana. 

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José Fernando Ramírez Cortez acababa de estructurar una ‘nueva ilustración’, apoyado en la capacidad creativa y crítica y en el renovado entusiasmo cultural de numerosos intelectuales y artistas, y así le abrió paso a un espacio de recomposición espiritual que, en su momento, constituyó una ‘palanca de cambio’. De allí surgieron iniciativas culturales, museos, bibliotecas y centros pedagógicos que en el curso del tiempo han logrado interesante desarrollo en la región

No fue solo un “movimiento cultural” transitorio, sino un “parteaguas” que contribuyó desde la educación y la cultura —principalmente entre las nuevas generaciones— a poner en jaque la tiranía local de Ancízar López cuyo caciquismo —consolidado con el presupuesto público durante décadas— empezó a presentar fisuras como consecuencia de la crítica moderna que surgió de las canteras del Mrcq. Ancízar López fue derrotado por el brillante exponente de las ideas de izquierda liberal, el jurista Horacio Ramírez Castrillón, un lúcido orador público que brillaría en el hemiciclo legislativo al lado de Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar.

Y todo ello —por su señorío y la tranquilidad espiritual que irradiaba— José Fernando se situaría en adelante como en un sendero apropiado para entender y acompañar las luchas sociales, principalmente las de la paz para Colombia. Así, participó con entusiasmo democrático por el sí del plebiscito por la paz que la extrema derecha hizo derrotar con mentiras y dinero mafioso, el 2 de octubre de 2016. Y también lo hizo, claro que sí, en la lucha contra la corrupción en el referendo del 27 de agosto de 2018.

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Ahora este gran hombre que comprendió que lo mejor del Quindío no ha estado casi nunca en sus dirigentes políticos, ni en sus gobernantes ni en sus iglesias ni en sus jueces ni siquiera en sus medios de comunicación, sino siempre y sobretodo —como dijera su admirado Walt Witman— en el común de la gente, ha dejado la vida, su tibio lecho montenegrino donde nació y fue alcalde y líder. Lo despedimos desde la amistad con nuestro afecto y el aplauso de gratitud por su obra y extraordinario legado.


Alpher Rojas C.
Especial para LA CRÓNICA
*Investigador en Ciencias Sociales, Mg en Estudios Políticos
Autor del libro “Desastre en la ciudad”, sobre el terremoto del 25 de enero de 1991 en el Eje Cafetero


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