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En profundidad / NOV 19 2017 / Hace 5 Meses

La calle oficina de Armenia, en el recuerdo de Miguel Lesmes y su revista “El Niño”

Las primeras revistas circularon en la ciudad de Manizales desde 1954.

La calle oficina de Armenia, en el recuerdo de Miguel Lesmes y su revista “El Niño”


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Una calle nos ofrece variedad de situaciones de la vida urbana; es el camino del rumbo escogido y es también el sitio de encuentro. Hay una calle en la ciudad, cual historia profunda de ella, que fue convertida en la oficina ocasional de algunos personajes de la escena de Armenia.

La carrera 17 entre 20 y 21 es una calle de la quindianidad. Por sus emblemáticos lugares se conoce ya que tiempo ha, en su extensión continua, nos llevaba al Café Bar El Destapado. Pero es, igualmente, el lugar escogido para el trabajo de los escribidores de máquina antigua, quienes se resisten a doblegarse ante el desmedro de su actividad.

Esta calle tiene en su centro la entrada al hotel más señorial de la capital del Quindío, el Maitamá. Alberga todavía la existencia de una academia de billares y, unos pasos hacia la 21, de una cafetería pequeña. En este último espacio -que pareciera normal pero no lo es por su magia particular- muchas veces encontré sentado en una de sus duras sillas al Niño de 94 años que se nos fue a la eternidad, el cabo segundo retirado de la policía Miguel Lesmes Gómez.

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Número 400

Pasar frente a esa cafetería oficina sin detenerse a saludar a sus constantes protagonistas, no era posible. Allí adentro, tomándonos un pintadito o un tinto claro, el periodista Lesmes compartió sus cuitas. Allí encontró a sus contertulios, otros adultos mayores de la plática ciudadana, que también permanecían horas enteras resaltando el valor de sus oficios, o simplemente rumiando recuerdos. Allí llegaba algunas veces con su hija Gloria Esperanza, su secretaria y compañera eficaz en el trabajo de la cultura.

Hoy, luego de tan sensible falta del hombre que trabajó en defensa de la niñez, ese destino de esparcimiento seguirá con su cometido humano. De vez en vez, llega un pensionado aviador militar, que se enorgullece de su recuento familiar, relatando las historias de sus hijos. O también arriba el abogado famoso, político y brillante, que asesora a sus paisanos y a sus amigos en la brega judicial. Otros no volverán como el Niño Lesmes, pero allí dejaron la energía de su presencia.

En esta cafetería oficina, varias veces conseguí su revista “El Niño”, como ocurrió con la número 400, que recibí de sus manos. Centramos nuestra conversación en la tarea titánica de mantener la vida de una publicación durante 62 años de distribución continua, que con ese tiraje se cumplían.

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En verdad, pocas empresas bibliográficas logran tan voluminosa edición
. “El Niño” es y será un referente de la vida ejemplar de un ser que marcó la historia del Quindío. Es difícil destacar alguno de los singulares cuadernillos, porque todos traían siempre lo útil, lo afectivo, lo sensible y lo importante. Un formato pequeño, de fácil traslado en nuestra pertenencias personales, para leer con plena comodidad a cualquier hora del día y de la noche.

Las cincuenta páginas de “El Niño” de los últimos años reflejaron siempre un compromiso de don Miguel Lesmes con sus lectores, que traducen el cumplimiento de una promesa histórica a través de más de 400 entregas. Esto sólo es logrado por la constancia, la seriedad y la responsabilidad de un valioso hombre que encontró en su revista un sentido de existencia. Es indudable que la ansiada publicación renovaba cada vez más su deseo de seguir luchando por sus propósitos. Dos motivaciones lo llevaban a ello, su extensa y querida familia de sangre y los quindianos que lo leíamos en sus reflexiones, en sus cuentos y en sus escritos de la cotidianidad.

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Contraportada

“El Niño” nos dio a conocer su marca personal, que son máximas de vida. Por eso entendió que esas frases esenciales debían acompañar la portada. Ellas fueron “leer es culturizarse, no deje de leer” y “leer evita la pérdida de memoria (Alzheimer)”. Su constante aplicación, en la vida personal, aunado al empeño diario por escribir, nos mostraron cómo la edad avanzada no es disculpa para tener activos el cerebro y el intelecto. No sólo fue un roble en su fortaleza física sino un efluvio de actividad mental. Todo un ejemplo para sus nietos, bisnietos y las nuevas generaciones.

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No sólo la portada de “El Niño” es significativa.
Su contraportada nos traía siempre una semblanza humana. La que más recuerdo era la del No. 364, dedicada a don Jorge Celis Devis, más conocido como “Mi Rey”, quien murió hace dos meses, dejando un vacío en su cafetería – oficina de la carrera 19 con calle 18 de Armenia. Era otro personaje de la historia, tan elegante y garboso como don Miguel Lesmes Gómez, que dedicó su solitaria vejez a la remembranza del cantante de tango Gardel, el ídolo de su veneración.

Las primeras revistas circularon en la ciudad de Manizales desde 1954 y en sus portadas aparecieron fotografías de infantes. En una de ellas (año II, No. 10) ya se hacía alusión al deseo permanente de Miguel Lesmes, que no logró cristalizar, la estampilla pro-niñez. Todos sus artículos y comentarios estuvieron dirigidos a esos pequeños que él protegía, haciendo parte del Servicio de Protección Infantil de la Policía Nacional.

El lugar de impresión estaba ubicado en la capital de Caldas y sólo a partir del número 50 aparece la ciudad de Armenia como sede de la revista, compartida con Manizales. Desde el número 120 (año 1968) aparece como administradora de la publicación Alicia Lesmes, conservando su fundador el cargo de director. Una de las más constantes colaboradoras de la revista responde al nombre de Margarita Huechá, desde la década de los noventa, condición que conserva hasta los últimos números de este año 2017.

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Escritores y cronistas

Respondiendo al espíritu de su publicación, la totalidad de artículos y secciones estuvieron dirigidas a los niños, desde el editorial hasta los apartes graciosos que él tituló “Humorismo para el Niño”. Estos son algunos de sus escritos: Cuento “El conejo y el león”, “Fábula de Esopo”, noticia sobre el Bosque infantil de Palestina y hasta propaganda relacionada, anunciando el consultorio del doctor Bernardo Mejía Vieira como el médico de los niños, correspondiendo lo ya mencionado a las revistas 6 y 7 del año 1 (1954).

Para el año 2 (1955), en las revistas 10 y 11, aparece un editorial titulado “Lectorcitos de la Revista El Niño”, además de cuentos, transcripciones de artículos infantiles aparecidos en La Patria y otras publicaciones, más fábulas de Esopo y la primera reseña-propuesta sobre la estampilla, entre otros. Se destacan un artículo especial titulado “Un niño habla sobre la primera feria anual de Manizales”, la propaganda informativa que titula “El teatro Avenida presenta películas seleccionadas para los niños en las funciones de Matinal y Popular todos los domingos” y el poema “Dulzura” de Gabriela Mistral.

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Gracias a las páginas interiores de “El Niño”,
conocimos muchos escritores y cronistas, conocidos y anónimos, quienes colaboraban asiduamente con la permanencia de la revista en el medio quindiano. Una empresa que tampoco hubiera sido posible sin el respaldo empresarial. Almacén Marco A Forero, Super Ponqué del Quindío, Musicales del Recuerdo. -entre los más constantes- y otros patrocinadores, junto con todos los habitantes de este departamento, lloramos la partida de un ser que, sin embargo, nos dejó su alma de Niño. Paz en su tumba.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


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