Miércoles, 17 Ene,2018

La Salida / DIC 19 2017 / Hace 30 Dias

La Casa, el sueño de José Nodier Solórzano hecho realidad

Es una oportunidad de todos para vivir, leer y compartir, afirma el novelista.

La Casa, el sueño de José Nodier Solórzano hecho realidad

José Nodier Solórzano.

Más que una librería, La Casa –ubicada en la calle 40 # 22-17 de Calarcá– es la materialización de parte de los sueños del novelista y gestor cultural José Nodier Solórzano Castaño. Tal como él la pensó y diseñó, La Casa será un sitio de encuentro alrededor de la palabra, la amistad y el arte. LA CRÓNICA dialogó con el escritor sobre este nuevo emprendimiento y el trabajo cultural en el departamento.

¿Qué lo llevó a fundar La Casa? ¿Cómo se conciliarán su trabajo cultural con esta faceta comercial?

La Casa es un emprendimiento cultural que, como el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales de Calarcá, pretende convertirse más que en un lugar de encuentro, que ya es mucho, en un espacio para la reflexión universal y local. Que allí podamos conversar y vernos de otra manera.

En La Casa, que es una librería de libros leídos, encontraremos amigos, sí, pero también personas para discrepar y conversar en santa paz, como decía mi abuelo Manuel. Es un negocio, claro, porque necesitamos ser sostenibles, y a la vez una oferta cultural y artística para propios y extraños.

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La gestión cultural, por sí misma, no puede excluir la posibilidad de construir una empresa solidaria. Lo que quiero decir es que trabajaremos con serenidad, apego a la ética pública y privada y buscaremos entre todos un esbozo de felicidad. La Casa es una oportunidad de todos para vivir, leer y compartir.

¿Qué razones los hicieron montar ese negocio en Calarcá?

Necesitamos proponer alternativas culturales para el Quindío, espacios, y sobre todo propugnar modelos de oferta cultural y de negocios. Propender dentro del sistema de consumo, que es tan áspero y difícil, otras posibilidades que deconstruyan la idea de la banalización del día a día.

Las dinámicas de pauperización cultural de la cotidianidad, es decir el apego al exhibicionismo radical de las redes sociales o de la televisión comercial, deben ser confrontadas con lugares y momentos que vuelvan la mirada y el sentir hacia el espíritu. No somos pues un centro comercial de libros o una góndola del mercado, sino una experiencia cultural. No somos un lugar de negocios, sino una oportunidad de leer el mundo desde la perspectiva del encuentro y la palabra.

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Otra razón es personal: creo que necesito reinventarme y mirar otras posibilidades creativas. La Casa es una propuesta que intenta reivindicar lo que somos como seres que buscan felicidad a través de la convivencia pacífica.

¿Cuál será el norte de las actividades de La Casa? 

El norte de La Casa, como lo discernía Octavio Paz en sus ideas y poesía, es proponer la comunión y el encuentro. En La Casa vamos a tener circuito de exposición de artes plásticas, un taller literario de alto nivel discursivo y práctico, un cine club para niños, un cine club para adultos, recitales literarios, un tiempo para hablar de tango, otro para conversar sobre filosofía, y muchos momentos para discutir sobre la vida y la muerte, y sobre el futuro de los niños y de las niñas de nuestra región. Vamos a tener en La Casa recitales de música, y talleres de todas las artes.

La diferencia es que en La Casa las artes y las personas tienen un lugar. Es un espacio que incluye y convoca, sobre la base del respeto por la diferencia y la pluralidad. Tomaremos café, vino, colada de plátano, chucula, caspiroleta, y comeremos algo, pero especialmente tomaremos la palabra para nosotros mismos y para todos.

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Nuestra primera invitada será para el día 20 de diciembre la extraordinaria pintora Lina María Muñoz, que es el secreto mayor de los quindianos. Su obra es significativa porque aborda desde una estética muy personal la soledad que todos tenemos al caminar por este mundo. Lina María es una excepcional artista. He sido admirador de su obra y para mí es un honor que ella inaugure nuestra Casa. La Casa de todos y el 21 de diciembre hemos invitado a David Betancurt, un escritor colombiano residente en México, para presentar su libro La vida me vive amargando la vida, a las 6:30 pm.

En líneas generales, ¿qué opinión le merece el estado actual de la gestión cultural en el Quindío y en Calarcá? ¿Cuál es su balance al respecto?

En La Casa, de seguro, vamos a abrir el espacio para esa discusión. Hacer gestión cultural en el Quindío es nadar contra la corriente. Esta es una sociedad aún muy encerrada en sí misma. Ensimismada por su egolatría y la belleza del paisaje. Es difícil, por ejemplo, desde lo cultural asociarnos, y eso se refleja en todo. Nuestras instituciones, como los seres humanos, son incapaces de vivir sinergias y de acompañar sueños. En el sector del comercio existe una indiferencia casi total por la cultura de la región. La aspiración de muchos en el Quindío es el usufructo para sus fines de la cultura, pero no su nutrición con apoyo y con financiación. La gobernación este año ha realizado un esfuerzo notable en recursos, en gestión, en acompañamiento. Creo que en la secretaría de Cultura del departamento hay un equipo muy competente y comprometido. En Calarcá, el asunto es similar, aunque faltan recursos. Es muy grave lo que ocurre en Armenia, porque el alcalde dejó la gestión en manos de personas inexpertas y en las de los politiqueros. Esta alcaldía de Armenia, como la pasada, ha sido un fiasco en términos de gestión cultural. Me sorprende mucho que este alcalde, a quien admiro por su limpieza y buena intención, un alcalde con formación humanística, haya dejado expósita a la cultura. Quedo anonadado. No hay alcalde para la cultura de Armenia.

¿Y en los demás municipios?

Otra preocupación muy grande es la gestión cultural en los municipios de la montaña, donde se requiere un esfuerzo adicional, porque allí los gestores están muy solos. Y es alarmante la indiferencia de las universidades con el tema cultural. Solo les interesa el espectáculo, y ya. Exhibir que hacen cultura a través de un activismo muy peligroso, porque se pierde el norte de la creación y de la formación de públicos, desde una perspectiva académica. Otro asunto llamativo son las garantías hostiles de las oficinas de cultura. Creen que la sobre reglamentación, o hacer más kafkiano el acceso a los recursos, evita el desgreño y la corrupción, y no es así. Hay más condiciones que en un juego de tute para hacer cultura. Eso desanima, porque las ONG y los gestores culturales somos muy vulnerables y precarios en lo organizacional.
 

Redacción
LA CRÓNICA


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