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En profundidad / JUL 07 2019 / hace 2 meses

La desertificación y la sequía, otros flagelos

El cuidado de la tierra también puede ayudarnos a afrontar la emergencia mundial que nos plantea el cambio climático, manifestó recientemente la ONU. 

La desertificación y la sequía, otros flagelos

Foto : La tierra cada vez más desértica debe motivar acciones gubernamentales concretas de corto mediano y largo plazo, para evitar una mayor aceleración del cambio climático.

Según lo informó la ONU, además de los 24 mil millones de toneladas de suelo fértil perdido, la degradación de la calidad de la tierra es responsable de la reducción del producto nacional bruto en un 8% cada año. “La desertificación, la degradación de las tierras y la sequía son grandes amenazas que afectan a millones de personas en todo el mundo, en particular a mujeres y niños”, aseguró António Guterres, Secretario General de la ONU, en un mensaje difundido con motivo del “Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía”, que fue el pasado 17 de junio.

Nuestro planeta se desgasta y “la gente sigue de rumba y en estos días detrás de un balón”. Pareciera que no se dieran cuenta de qué tipo de planeta se les va a legar a las próximas generaciones. Faltan pocos años para que se empiece a sentir el efecto de la destrucción. La ONU afirmó recientemente que para el 2025, dos tercios del mundo vivirán en condiciones de “estrés hídrico”, cuando la demanda supere la oferta durante ciertos períodos, con 1.800 millones de personas que experimentarán una escasez absoluta de agua. 

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También agregó que es probable que la migración aumente como resultado de la desertificación, estimándose que para 2045 será responsable del desplazamiento de unos 135 millones de personas. Por ese motivo, Guterres señaló que es urgente cambiar esta tendencia: “Proteger y restaurar la tierra y utilizarla mejor puede reducir la migración forzada, aumentar la seguridad alimentaria y estimular el crecimiento económico”.

El continente africano está en ascuas, al Amazonas lo están destruyendo y el Chocó - zona olvidada de Colombia - lo están súper explotando: El bosque y el agua los están degradando, y la explotación minera sigue sin rubor dejando una estela de miseria. Y cuando la población se organiza y alza la voz de protesta, sus líderes son asesinados. La clase política no tiene compasión y la corrupción de los gobernantes no da tregua. 

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“Hagamos crecer el futuro juntos” 

En el “Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía”, la ONU planteó como lema: “Hagamos crecer el futuro juntos”, centrándose en tres temas clave relacionados con la tierra: la sequía, la seguridad humana y el clima. El uso inadecuado de la tierra está íntimamente relacionado con la crisis climática. 

Sin embargo, restaurar el suelo degradado puede ser un arma importante en la lucha contra el cambio climático. Dado que el uso de la tierra representa casi el 25% del total de las emisiones globales, la restauración de las que están degradadas tiene el potencial de almacenar hasta 3 millones de toneladas de carbono por año. 

En consonancia con esta fecha, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, declara: “Estamos decididos a proteger el planeta contra la degradación, mediante el consumo y la producción sostenibles, la gestión sostenible de sus recursos naturales y medidas urgentes para hacer frente al cambio climático, de manera que pueda satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras”.

En particular, el objetivo número 15 de ese compromiso, establece su determinación de detener y revertir la degradación de la tierra. Asimismo, en otro mensaje, Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la Convención de la ONU, dijo que hay tres cosas que todas las personas necesitan saber sobre el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación: “No se trata solo de arena. No es un problema aislado que desaparecerá silenciosamente. No es problema de otra persona. De lo que se trata es de restaurar y proteger la frágil capa de tierra que solo cubre un tercio del planeta, pero que puede aliviar o acelerar la crisis de doble filo que enfrenta nuestra biodiversidad y nuestro clima”.

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El Amazonas y el Chocó degradados

La mitad de las personas en el planeta se ven afectadas por las tierras dañadas o viven en áreas urbanas que consumen recursos que ocupan 200 veces más tierra que sus pueblos y ciudades, generando el 70% de las emisiones. La página web de la ONU explica: “La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el pastoreo excesivo y las malas prácticas de riego, pueden socavar la productividad de la tierra”.

Todo el planeta está siendo deteriorado. El Amazonas, la mayor región de bosque tropical de la Tierra ha sido deforestado por la ganadería. Esta destrucción dejó ver que si en la década de los 90 la selva absorbía 2 mil millones de toneladas de CO2, en esta época se ha reducido a la mitad. En solo la Amazonía brasileña, en 2015 la deforestación repuntó en casi 800 mil hectáreas. Lo peor es que, como en Colombia, en Brasil también se asesinan luchadores de organizaciones ambientalistas. En 2016, fueron eliminados 49 activistas ecologistas; de los cuales 9 de cada 10 crímenes ocurrieron en el Amazonas.  

La expansión de la frontera agrícola para cultivar soja, los sembríos de pasto para la ganadería, los proyectos hidroeléctricos, la explotación minera legal e ilegal y la explotación de la madera, son los responsables de su destrucción. Cuando estamos en vísperas de los 200 años de Independencia, hay que decir que España está implicada en lo que le pasa a este pulmón del mundo. 

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Empresas de ese país son responsables del negocio maderero y proyectos de energía hidráulica. España es el cuarto importador mundial de madera ipé, contribuyendo tanto a la destrucción del Amazonas, como a la invasión de territorio aborigen y hasta el trabajo esclavo. Lo peor está por llegar, pues con Jair Bolsonaro en la presidencia de Brasil, solo basta esperar que la destrucción del Amazonas continúe en mayores proporciones. Ese mandatario logró el triunfo con el apoyo del poderoso grupo político que se autodenomina Coalición Carne, Biblia y Bala, que defiende la deforestación para abrir paso a la ganadería.

Al otro lado del Amazonas, en la costa pacífica, otra región también es victimizada. En la selva del Chocó, la coca, la minería ilegal y legal, le explotación de la madera y la violencia, han ‘asesinado’ la esperanza de un pueblo que desde décadas ha sido olvidada del gobierno central y ultrajada por la corrupción de políticos y gobiernos locales. Del oro, el platino, la madera y su riqueza en flora y fauna, solo le queda al pueblo la violencia y el olvido. El Chocó alberga más del 10% de la biodiversidad del planeta. Su flora podría aportar la solución a varias enfermedades, al igual que la Amazonas, pero a la clase gobernante poco le interesa ese tipo de riqueza.


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA

[email protected] / [email protected]

 

 


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