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En profundidad / ABR 21 2019 / hace 2 meses

La iglesia Católica ora y llora

No es clara la vida del Jesús histórico. Son muchos los interrogantes, verdades a medias, misterios, incongruencias. Y otros, al igual que él, supuestamente hicieron milagros. 

La iglesia Católica ora y llora

Los turistas, desde una de las orillas del río Sena, observan con tristeza cómo las llamas consumen Notre Dame, un monumento gótico patrimonio de la humanidad. Foto : Archivo particular

En esta Semana Santa para los creyentes, algunos elevaron plegarias, otros descansaron o compartieron con sus familias y más de uno se la pasó de fiesta. Así fue para cerca de mil millones de católicos que dicen profesar esta religión. Para otros, unos seis mil quinientos millones, la semana pasó desapercibida. Pero también hubo un profundo dolor, que hizo llorar a más de una persona, cuando lenguas de fuego subieron al cielo saliendo de la catedral de Notre Dame, símbolo del arte religioso, estandarte del gótico y visita obligada de los turistas que llegan a París. (En contexto: Incendio consume la emblemática catedral de Notre Dame de París)

Así que en esta ocasión les comentaré algunas ideas relacionadas con la iglesia católica, basándome en el libro Jesús. La historia alternativa, publicado el año pasado y escrito por Carlos Uribe Celis, sociólogo de la universidad Nacional de Colombia, Unal, magíster en estudios de desarrollo económico de la universidad de Cambridge, economista de la universidad de Ohio y con formación en estudios latinoamericanos en la misma institución. Actualmente adelanta un doctorado en psicoanálisis de la cultura en Bgsp, Boston, USA. Ha sido profesor titular de la Unal y visitante en universidades de EE.UU. y España. Tiene suficientes pergaminos que soportan su texto.

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El argumento formulado por Uribe abre el camino para llegar al Jesús histórico; sendero que enseña cómo la humanidad, desde tiempos pretéritos, ha estado inmersa en la violencia y el crimen. La contraportada presenta una síntesis del libro expresando: “La tradición histórica conocida como la búsqueda de Jesús apareció en el siglo XVIII. Qué hechos marcaron el Israel del tiempo en que vivió Jesús; cómo lo vieron sus contemporáneos; qué revelan los registros arqueológicos; qué dicen los evangelios cuando se estudian con la mirada de la ciencia”. 

Agrega: “Con estas preguntas se ha construido una historia alternativa, tan fascinante como la mitología, que descubre un Jesús humano, un hombre de su tiempo (…)”. Con la presentación de las distintas comunidades que competían por el poder político y religioso, las personalidades que definieron su época y la reconstrucción crítica de su pasión y muerte, entre otras cuestiones de fondo, Uribe Celis reúne evidencias y argumenta a favor de tesis tan sorprendentes como que la familia de Jesús en Galilea era adoptiva; que no muere en la cruz sino que tiene otro destino, y que la fe que enseñó fue distinta de la que predicó Pablo.
 

¿Hizo milagros Jesús?

La contraportada es un imán que atrae para que se lea todo el documento, pues deja prever que el manejo social con la mentira no es un asunto solo del siglo XXI, centuria del conocimiento. El engaño siempre ha existido y, tal vez, en las casi dos décadas de este es más pronunciado y descarado. Veamos qué enseña Uribe en su texto, teniendo en cuenta solo los milagros de Jesús, una idea muy arraigada en los creyentes y que sería un soporte para consolidar la fe en él.

“(…) Jesús fue caracterizado como un taumaturgo, un hombre que hacía milagros. Sus enemigos contemporáneos reafirmaban la existencia de estos al tachar a su hacedor de ‘mago’, una identificación negativa en aquella cultura y, entre los romanos, de carácter ilegal. También fungía como reconocimiento de su poder que acusaran a Jesús de tener tratos con el demonio, al que daban el nombre de Beel-Zebub (…)”.

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Agrega más adelante: “Se considera que el hacedor del milagro está dotado de un poder especial o de un don que, único entre muchos, le permite realizar acciones portentosas. Así las cosas, consideramos que Jesús fue un obrador de milagros, pero entre los hechos que los evangelios consideran como tales es posible valorar el relato de la acción portentosa y determinar en qué medida esta resulta, de algún modo, posible, o hay que calificar su exposición como simplemente fantasiosa (…)”.

Continúa: “Esa energía de la fórmula eisteiniana: E = mC2, que expresa solo una correlación, no es, sin embargo, en gran parte desconocida. Existen energías ocultas, no identificadas, que alcanzan efectos cuyos mecanismos ignoramos. Un milagro es, puede decirse, el efecto de esas secretas energías actuando de manera inesperada sobre un cuerpo o sobre una relación entre cuerpos. Jesús fue —o pudo ser— un ejemplo del don de operar sobre esas energías: es pertinente a esta concepción el relato evangélico de la hemorroisa que toca el manto de Jesús para sanarse de la dolencia que la aqueja, pero que lo hace a hurtadillas, sin dejarse ver”.
 

Vespasiano curó con saliva

Uribe se apoya en el libro de Johon P. Meier: Un judío marginal, para sustentar su tesis sobre los milagros y expresa: “(…) Una estadística aportada por Meier indica que en los relatos evangélicos se exponen seis exorcismos —sin contar los siete demonios— que Jesús expulsó, de una vez o sucesivamente, a su discípula la Magdalena. Se enumeran catorce curaciones, tres resurrecciones y ocho milagros de la naturaleza, todo ello con Jesús como agente singular”. 

Más adelante relata: “Las curaciones y exorcismos de Jesús resultan hechos altamente probables en la cultura y las condiciones de la época. También en el día de hoy se dan ocurrencias similares. En la antigüedad —Edad Antigua y Edad Media— se atribuía a los reyes y a la gente con poder —cuando eran amados del pueblo— la capacidad de operar sanaciones. El historiador Tácito, por su parte, relata que Vespasiano, emperador romano, curó con saliva —igual que Jesús— a un ciego en Alejandría”.

No solo Jesús tenía capacidades portentosas, Uribe relata el caso de Apolonio de Tiana, otro taumaturgo que hacía milagros, resucita a una muerta o, al menos, aparentemente muerta; hace profecías, expulsa demonios, sana enfermos, aparta la peste, evoca muertos, aparece súbitamente en un lugar apartado, ve lo que sucede en lugares alejados, habla lenguas sin haberlas aprendido, posee la capacidad de comprender a los animales.

Como expresa Uribe, “los exorcismos de Jesús parecen cosa normal en una Palestina que se familiarizó con la demonología del periodo persa, en los siglos V y IV antes de nuestra era, a.n.e. En el siglo I de n.e., los demonios y los ángeles eran ‘actores’ comunes en el imaginario popular judío. Sobre las resurrecciones merecen una consideración diferente. Los evangelios dicen que Jesús resucitó a tres personas: el hijo de la viuda de Naím, la hija de Jairo y Lázaro. Sobre la resurrección de Naím, lo primero es que no se sabe dónde fue; su localización es incierta”.
 

El profeta Eliseo practicó la resurrección 

Añade Carlos Uribe: “Solo la cita de Lucas, quien, además, ignoraba, en general, la geografía de Palestina. Al hijo de una viuda de Naím —se nos dice— lo acababan de enterrar. Jesús se compadeció, tocó el féretro y el difunto se incorporó. Se ha observado que este relato prácticamente copia el de Elías y la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta de Sidón en el Antiguo Testamento, AT. En el relato del libro I de Reyes, la resurrección operada por Elías se combina con otro milagro: la multiplicación de unos panes realizada por el mismo profeta”.

Continúa: “Justamente los dos tipos de milagros: resurrección y multiplicación de los panes, son atribuidos también a Jesús. De la misma manera, en el AT el profeta Eliseo practica la resurrección del “hijo de la sunamita”, mediante lo que parece ser un ejercicio de respiración boca a boca y la corrección de hipotermia cubriendo el cuerpo del muchacho con el cuerpo del profeta: (…)”. La resurrección de la hija de Jairo también genera interrogantes. Él era un alto dignatario de la Sinagoga que acudió a Jesús para pedirle la sanación de su hija que agonizaba.

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Como indica Uribe, Jesús atendió el llamado y se dirigió a la casa de Jairo. En el camino Jesús curó a “la hemorroisa”, que subrepticiamente tocó el manto de Jesús y con ese solo gesto —y su fe— logró sanarse. Ya próximo Jesús al hogar de Jairo, vino gente a comunicar que la niña había muerto, pero Jesús pidió fe, al tiempo que expresó: “La niña no está muerta sino dormida”. Enseguida Jesús entró al recinto donde yacía la niña y pronuncio en arameo, niña levántate, a lo que apenas a oídas, la niña se incorpora. Resulta sintomático, afirma Uribe, que Jesús diga que la niña “no está muerta sino dormida”, cosa que vuelve a ocurrir en el evento de la resurrección de Lázaro. 

El autor resalta que siendo la resurrección de Lázaro un hecho tan notable, de un hombre al parecer rico y de alta consideración en Jerusalén, solo sea narrado con lujo de detalles en el cuarto evangelio. Los otros evangelistas ¡no hacen eco alguno de semejante prodigio! Además, Jesús al recibir el mensaje de las dos hermanas —Marta y María— sobre la enfermedad de Lázaro, usó expresiones similares a las otras ‘resurrecciones’: “Jesús dijo: “Esta enfermedad no es de muerte”. No obstante, se dirigió a la casa de Lázaro, pero antes les dijo a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo”, después corrigió: “Lázaro ha muerto”.
 

Bases gnósticas del cuarto evangelio

Uribe aclara que el cuarto evangelio se construye sobre bases gnósticas. Esto implica, en la visión gnóstica típica, que lo real es aparente y que lo verdadero está oculto, pues pertenece a lo ideal. Asimismo, explica que el académico neoyorquino Morton Smith, (1915-1995), dijo haber descubierto en 1958, una pieza textual que se le ha llamado “El evangelio secreto de Marcos”. El fragmento correspondiente a esta resurrección, es otra versión ligeramente distinta de la de Juan.

Al respecto el autor del libro manifiesta: “A partir de los dos textos paralelos, puede interpretarse que la resurrección de Lázaro, que “dormía”, para que Jesús lo despertara, es el caso de un hombre que estaba místicamente enamorado del maestro, cayó en trance —¿depresivo?— y se sepultó o fingió una muerte mística para presionar la venida del maestro en su busca. Sabedor Jesús de lo que realmente estaba ocurriendo, expresó dos ideas: que Lázaro no había muerto realmente, pero que sería “resucitado”, es decir, que pasaría por un rito místico/gnóstico de resurrección, para inducirlo en una vida nueva espiritual, lo que ocurrió realmente”.

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En esta parte concluye Uribe: “No hubo resurrecciones reales, pues la resurrección —no confundir con el reavivamiento a partir de estados de inconciencia, comatosos, catalépticos, como los entiende el hombre moderno— tiene en la especie humana —hasta ahora— una probabilidad igual a cero. ¿Qué dice el autor sobre los milagros de la naturaleza? “En los evangelios, los llamados “milagros de la naturaleza” suman ocho: la tempestad calmada, la multiplicación de los panes y peces en dos ocasiones, el caminar sobre el agua, la maldición de la higuera estéril, la obtención de la moneda en el cuerpo de un pez para pagar el impuesto, la pesca milagrosa, y la transformación del agua en vino”.

Termina el autor expresando: “El padre J. P. Meier es de la opinión de que estas acciones y resultados son siete difíciles de precisar. Cuando la tempestad se calmó, ¿fue por intervención del taumaturgo o por un giro meteorológico de la naturaleza?”. Y sigue explicando los otros siete ‘milagros’. También concluye que el “milagro” es una construcción con otros fines parenéticos —moralizantes, e predicación— o teológicos. Así que son muchos los interrogantes que surgen de la vida de Jesús, y en esta entrega dominical se planteó solo el caso de los milagros.
 

Una parte de la iglesia católica ardió en París

La catedral de Notre Dame fue ‘abrigada’ por las llamas el lunes. No sirvió que los turistas que transitaban por la Île de la Cité, clamaran al cielo para que detuviese el fuego, ni fue suficiente el río Sena, que impávido no podía contribuir con sus aguas para aplacar el incendio. Tampoco sirvieron de nada más de 800 años de historia, que desde el más allá conjuraba para detener la destrucción, asimismo, no valieron las súplicas del “Jorobado de Notre Dame”, quien —con Víctor Hugo— rogaron defendiendo las gárgolas, ni la lucha de los bomberos impidió parte de su ruina. Nuestra Dama sucumbió.

La catedral, construida entre los siglos XII y XIII, es una de las representantes góticas más importantes de la humanidad, que con sus bellas vidrieras les dan resplandor a sus paredes y con el magnífico órgano conjugan la luz y el sonido, dándole solemnidad al lugar. Los rosetones presentes en las fachadas occidental, norte y sur le dan realce tanto a la parte externa como a la interna. Su interior también es embellecido con sus obras de arte, como la Piedad de Nicolas Coustou, además de instrumentos musicales, lámparas y cuadros religiosos.

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Su aguja, con sus 96 metros, venía vigilando la ciudad y resistía la acción del viento desde el siglo XIX, hasta este 15 de febrero cuando el fuego la doblegó. Todo contribuye para que lo espiritual, lo religioso y lo místico le den su halo de misterio a este espacio. Por eso está en el catálogo de patrimonio de la humanidad de la Unesco y ha venido siendo visitada por unos quince millones de personas cada año. La catedral ha tenido diversas modificaciones, siendo la más importante la del siglo XVII. En esa ocasión se quiso adaptar algunos de sus espacios al estilo barroco del momento.

Después del incendio vendrá la reconstrucción y serán varios años en que los turistas y franceses, sobre todo parisinos, pasarán por el lugar con nostalgia. Por fortuna, ya son varios los empresarios, el mismo gobierno, la iglesia y seguramente personas filantrópicas, que darán sus donativos para que Notre Dame vuelva a brillar en el firmamento de los monumentos hermosos. ¿Pero cuándo occidente va a llorar y detener la destrucción de los monumentos árabes a cambio del petróleo y el gas?


Diego Arias Serna ([email protected], [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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