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En profundidad / NOV 30 2017 / Hace 7 Meses

La India y su historial de arqueología, café y turismo

La India  y su historial de arqueología, café y turismo

Se encuentra, en el centro de su pequeño parque, el ícono artístico del poblado: el busto de una mujer indígena con los brazos levantados.


Un destino de caminos de naturaleza rebosante y disfrute de la visualización patrimonial arquitectónica con marca tradicional en los alrededores de la vía de acceso, es el panorama que hallamos en el corregimiento de La India de Filandia.

“Comprende las veredas La India, La Lotería, La Castalia, La Palmera, La Morelia y La Julia, dedicadas a la caficultura y ganadería”. (Álvaro Camargo Bonilla, en “La India, un corregimiento que se proyectó”, periódico Tibouchina, julio-agosto de 2000).

Se llega a La India por carretera semi pavimentada, que se caracteriza por cafetales y guaduales circundantes. El único bus que cumple el periplo sale cumplidamente desde la calle llamada la “salida para La India”. En el recorrido se avistan maravillas constructivas, las casas de bahareque de una planta, que todavía conservan el aire de la vida aldeana, con materas y flores abundantes.

Cuando se entra al corregimiento, el carrete de la memoria da vuelta para retornarnos al ambiente apacible del pasado: todo en pequeño, como su parque, las calles y su jornada de regreso. El bus recoge los pasajeros que se dirigen a Filandia frente al espacio central que funge como paradero. Es allí donde se encuentra, en el centro de su pequeño parque, el ícono artístico del poblado: el busto de una mujer indígena con los brazos levantados.

Admirarla con cuidado y con reverencia nos pone de presente las muchas versiones que existen sobre el origen del topónimo “La India”. La más generalizada cuenta que a principios del siglo XX se halló una figura, que cubría otra imagen de oro femenina, lo que maravilló a su descubridor y a los vecinos. No se ha precisado el sitio, ni la fecha aproximada y tampoco las condiciones de guaquería, lo que ha permitido se envuelva aquello en un viso de fábula y de leyenda.

El corregimiento fue constituido según el acuerdo 011 del 14 de agosto de 1985. En 1935 se fundó la primera escuela y hoy en día cuenta con un colegio de bachillerato. 

Se le endilga la fundación a Leocadio Antonio Salazar. El desarrollo de las primeras décadas del siglo XX fue notable en todos los renglones de la vida provinciana. Si se realizase un estudio de raíces familiares de Filandia, podría descubrirse, en este corregimiento, el origen de muchos de sus habitantes que viven en el casco urbano. Algunas menciones así lo corroboran, cuando se pretende explicar la extensa ramificación de sus descendientes en el seno de aquellos núcleos familiares. Como ejemplo significativo se cuenta que doña Laura y su hermana Camila se casaron con dos hermanos, Teodoro y Nacianceno López, y que sus apellidos le dan grosor al árbol de su prole de 27 hijos de los dos matrimonios, como lo pudieron comprobar en la reunión de más de 240 primos realizada en el mes de enero de 2017.

Como todo lo que ocurre en La India es singular, se comprueba que la familia de Manuel Velásquez tiene su residencia en el límite de los tres departamentos, a tal punto que se anota jocosamente cómo su cocina está en el territorio del Valle y se vive repartidamente en el resto de la casa que está en terrenos de Quindío y Risaralda. En esa confluencia también se encuentra un sitio arqueológico especial llamado el Salado de La Plata. Consiste en una concentración de piedras donde se han encontrado vestigios que muestran cómo los indígenas prehispánicos explotaban agua salobre que brotaba.

El turismo también es la fortaleza del corregimiento, aprovechando los emprendimientos de sus habitantes y los atractivos naturales. Entre ellos el de Jairo Taborda y Danilo Gómez que han permitido se instale una dinámica turística en torno de cafés especiales. Las almohadas de carbón de guadua en cercanías de Ulloa, fabricadas por el campesino Ovidio de Jesús Jaramillo, quien dice que lo aprendió de los japoneses y que su técnica fue perfeccionada gracias a los directivos del colegio Francisco Miranda de La India. El sistema de sembrados agroecológicos, invernaderos y proyectos asociativos de sistemas de riego en La Julia, que ha permitido la producción de tomate y flores en gran escala.

Un santuario mariano llamado La Colina del Silencio en La Castalia, un lugar de espiritualidad para el descanso y la reflexión, que ya promueve un tipo de turismo religioso bien equilibrado. Las cascadas de La Morelia. Como aquí todo es fertilidad, la riqueza de sus suelos y el maravilloso microclima han permitido la excelsa calidad de su grano producido. También sobresalen las superlativas noticias de sus productos, como la yuca más grande que se extrajo en la finca “El Descanso” de La Morelia hace 26 años y la biodiversidad de su santuario natural más cercano, el bosque de Barbas, un cañón profundo que bordea el corregimiento, donde se encuentran comunidades de monos aulladores.

Pero La India es mucho más importante por cuenta de sus pobladores, algunos de ellos longevos de más de 99 años, como don Aristóbulo Jaramillo. En el parque de Filandia se habla con sus pobladores, quienes confirman el inmenso material de información que existe sobre La India, lo que daría para otro capítulo sobre La India, poblado que se podría denominar “la colina mágica de la región”.

[*] Próxima entrega: La Virginia, puerta de entrada a la leyenda del Cacique Calarcá


Roberto Restrepo Ramírez
Academia de Historia del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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