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Medio ambiente / SEP 23 2018 / Hace 2 Meses

La irrigación de los cultivos aumenta y el agua dulce escasea

“La tierra provee lo suficiente para saciar las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre.” Mahatma Gandhi.

La irrigación de los cultivos aumenta y el agua dulce escasea

A punta de hacha y motosierra estamos acabando con los ‘pulmones’ del planeta y los reservorios de agua.

La Tierra tiene reservas del líquido vital más que suficiente para cubrir las necesidades de la población humana, pero la intervención en el ciclo del agua, el mal uso del agua potable, el pésimo manejo de la arborización, el deplorable uso en la irrigación de los cultivos, costumbres malsanas en la forma como nos alimentamos, etc., son actos que están aportando a hacer del planeta un lugar no apto para la vida.

Además, el cambio climático, como la espada de Damocles, nos advierte que si no se toman medidas drásticas, la humanidad podría cruzar un punto de no retorno después del cual será imposible limitar el calentamiento global por debajo de los 2 grados Celsius extra en 2100, según una investigación reciente. El estudio también muestra que ya se ha superado el plazo para limitar el calentamiento a 1,5 grados, si no se adoptan medidas radicales para influir en el clima.

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Pero esas voces de alarma de los científicos, no son escuchados por los gobernantes, los llamados a tomar las medidas drásticas para ralentizar la degradación de la tierra. El presidente de EE.UU., máximo contaminador del planeta, folclóricamente afirma que no hay cambio climático y su forma de actuar ante el mundo está “elevando la temperatura” de las relaciones internacionales, así como la del clima. Apoyando el incremento del uso de los combustibles fósiles, contribuye a afectar el aire, y respaldando su explotación, degrada el recurso hídrico.

Así que son múltiples los factores que están convirtiendo al planeta azul en una bola mancillada por la contaminación de la atmósfera, el agua, el suelo, el manejo del bosque, el desperdicio —40%— de comida lista para el consumo, el derroche en las compras de baratijas, el pésimo manejo del tráfico vehicular tanto en las ciudades como en las carreteras –muy marcado en Colombia-, etc. Como es imposible en este espacio dominical cubrir tantos temas, en esta ocasión haré énfasis en lo atinente a la irrigación, el cambio climático y la siembra de pinos y eucaliptos, en particular en el departamento del Quindío.
 

Se contamina y desperdicia el líquido vital

La población mundial sigue creciendo, lo que implica que hay que aumentar la producción de alimentos, lo que nos debe preocupar porque hay que incrementar el uso del agua usada en la irrigación, pero si no se hace racionalmente, además de desperdiciar el líquido vital, la producción agrícola no es la adecuada. Si bien es cierto que la ciencia no podrá resolver todos los daños antropomórficos, si el ser humano no cambia su chip destructivo, no hay duda de que quienes se dedican a la investigación podrán ayudar a mitigar el mal.

Recientemente se conoció un estudio que presenta un nuevo método para cuantificar la irrigación, empleando observaciones de la humedad del suelo a partir de satélites como la misión de la ESA para el estudio de la Humedad del Suelo y la Salinidad de los Océanos, Smos. Como explica Luca Brocca, del Instituto de Investigación para la Protección Geo-Hidrológica, Irpi, del Consejo Nacional de Investigaciones Italiano, CNR: “Como primer paso para demostrar el aprovechamiento de este tipo de mediciones por satélite, elegimos nueve lugares en Estados Unidos, Europa, África y Australia”.

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Agrega: “Escogimos cuatro satélites para que observasen la humedad del suelo y conseguimos medir desde el espacio la cantidad de agua empleada para irrigación entre dos mediciones de humedad consecutivas”. Además de la misión Smos de la ESA, el estudio también incluyó datos de la misión Soil Moisture Active Passive de la Nasa, el dispersómetro avanzado de la misión MetOp de Eumetsat y el radiómetro avanzado de barrido por microondas de la Jaxa, a bordo de la misión Aqua de la Nasa.

La noticia científica afirmó que, aunque hay que avanzar en las investigaciones, los datos sobre humedad del suelo presentan un gran potencial para monitorizar en el futuro el agua consumida en la agricultura, y su importancia es clara si tenemos en cuenta que la demanda de agua corre el riesgo de superar la oferta existente en muchas partes del mundo. La importancia de este estudio la subraya la misma noticia, destacando que se estima que la irrigación, el mayor obstáculo que los humanos interponen a los ciclos hidrológicos, ya consume alrededor del 70% del agua dulce mundial.
 

El riego adecuado aumenta la producción de alimentos

Este consumo continuará incrementándose debido a una demanda cada vez mayor de alimentos y al cambio climático. Para que los agricultores y los responsables políticos puedan tomar medidas apropiadas para conservar este recurso esencial, es importante conocer con exactitud la cantidad de agua que se suministra a los cultivos, sobre todo en aquellos lugares donde este recurso escasea.

Estudiar el asunto de la irrigación también obliga la celebración de eventos. Por ello el 22 y 23 de agosto se realizó la 6ª Reunión Internacional de Riego en la Estación Agropecuaria de Inta Manfredi, que está en Córdoba, España. Uno de los estudios que se destacó fue la importancia de la irrigación para aumentar el rendimiento. Especialistas del Inta observaron rendimientos por el riego para todos los cultivos. Así se tiene que fue del orden de 115% en trigo, 51% en maíz y 28% en soja.

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La agricultura, como ya se mencionó, contribuye al cambio climático, que también está bajo la lupa de los científicos, exceptuando al ‘iluminado’ de Donald Trump, para quien este fenómeno no existe. En este mes se conoció otra investigación del grupo de Matthias Aengenheyster, de la universidad de Oxford en el Reino Unido y Henk Dijkstra, de la universidad de Utrecht en los Países Bajos.

Ellos, valiéndose de información de modelos climáticos determinaron la fecha límite para comenzar la acción climática que mantenga —con una probabilidad del 67 por ciento— el calentamiento global por debajo de los 2 grados extra en 2100, dependiendo de lo rápido que la humanidad pueda reducir las emisiones de gases con efecto invernadero mediante un uso mucho más amplio de energías renovables.
 

Hay que impulsar las energías renovables

El informe científico afirma que si pudiéramos incrementar la proporción de energía renovable en un dos por ciento cada año, tendríamos que comenzar a hacer eso antes del 2035 —el punto de no retorno—. Si pudiésemos reducir las emisiones a un ritmo más rápido, incrementando la proporción de energía renovable en un cinco por ciento cada año, obtendríamos con ello 10 años más de margen.

Los investigadores advierten, sin embargo, que incluso su escenario más modesto de acción climática es bastante ambicioso y requerirá mucha entrega por parte de las autoridades y la ciudadanía en general.

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Así que, si los gobiernos persisten en la explotación minera que afecta el agua y el uso de los combustibles fósiles que contaminan la atmósfera y el agua, entonces la ciudadanía debe apoyar a grupos ecológicos y ambientalistas que luchan por conservar la biodiversidad y al planeta. Si no hay freno al cambio climático, uno de los fenómenos que debemos afrontar —sino nos ahogamos—, es el incremento de las lluvias e inundaciones extremas, como lo advierten los científicos.
 

Pérdidas del 3.5% del PIB

El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, de mayo de 2014, advierte sobre el impacto por el deterioro ambiental en Colombia, estimando que el deterioro ambiental generaba para esa fecha, un costo anual equivalente al 3.5% del PIB, siendo notables las pérdidas asociadas con el deterioro de servicios ecosistémicos.

La sola degradación de los servicios relacionados con la regulación hídrica y la estabilidad de los suelos, combinada con la acentuación del período de excesos hídricos, contribuyó a que entre 2010 y 2011 se destruyera cerca del 14% de la red vial nacional. Recordemos el drama reciente de la vía al Llano. El informe destaca que las últimas décadas, la cobertura de bosques naturales pasó de 56.5% a 51.4%. Ese deterioro se obtuvo por la expansión minera, los cultivos ilícitos y la extracción de maderas tropicales.

Asimismo, la degradación se da por los cambios en el uso del suelo, la disminución, pérdida o degradación de elementos de los ecosistemas nativos y agro-ecosistemas y las Invasiones biológicas. Un cuarto factor es la contaminación y toxificación del agua por la actividad minera, la agricultura industrial y la ganadería y, finalmente, el cambio climático, detalla el documento.
 

El pino y el eucalipto están deteriorando el bosque quindiano

El Quindío, considerado por propios y extraños un paraíso que ha lucido un verde de múltiples matices, en los últimos años se ha sentido más orgulloso porque su “Paisaje Cultural Cafetero” hace parte del “Patrimonio cultural de la Humanidad”, pero pareciera que ese hecho ha impedido ver lo que ha estado pasando con su paisaje. La Palma de Cera, el árbol nacional, está en peligro porque su entorno con pasto y ganado lo afecta. Asimismo, la invasión con pinos y eucalipto está afectando la tierra y el agua.

Charles Howard Stirton —1946—, botánico sudafricano, investigó los efectos de varios tipos de pinos en una región de Sudáfrica.

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En 1978 publicó su libro: “Bellas pero peligrosas”, que refleja su investigación. Allí expresa que el flujo de los arroyos en áreas sembradas con pino se reduce. Igualmente, la campiña se pierde y el peligro de que se produzca incendios forestales es mayor. También la Sociedad Colombiana de Ecología ha afirmado que las plantas exóticas —como el pino y el eucalipto— extraen minerales de los suelos y el subsuelo, como el aluminio y el hierro, intoxicándolos y acidificándolos.

Esta problemática del Quindío ha sida denunciada por ecologistas y hasta la defensora del pueblo en el Quindío, Piedad Correal Rubiano. En septiembre de 2016 desató una polémica cuando aseguró que los cultivos de pinos y otras coníferas en la cordillera de Salento y otros municipios del Quindío eran los principales responsables de la falta de agua que acusa esta zona del departamento.

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Aunque varios expertos han expresado el daño de este tipo de árbol, como el científico Francis Sanders, quien en Argelia encontró que los eucaliptos necesitan 1.600 toneladas de agua para producir una tonelada de madera, se sigue permitiendo que la multinacional Smurfit Kappa Colombia, de la que es filial Cartón de Colombia siga sacando madera del Quindío.

El negocio debe ser tan bueno que incluso les da para pagar sanciones, como la que quedó en firme este año por 2.400 millones de pesos y que le impuso la CRQ por los daños causados en las quebradas La Pizarra y La Cristalina de Pijao.


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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