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La Política / MAR 27 2016 / hace 3 años

La mala hora del socialismo del siglo XXI en Sudamérica

En el momento actual cuando el socialismo del siglo XXI parece haber tocado el extremo pendular de su agotamiento político, queremos hacer una breve síntesis del estado actual de sus logros políticos y sociales, a fin de iniciar el debate sobre su balance en el marco de la historia.

La mala hora del socialismo del siglo XXI en Sudamérica

Este socialismo, presentado como alternativa al modelo liberal de hace unos veinte años en Latinoamérica, se propuso construir un nuevo sistema.

Este socialismo, presentado como alternativa al modelo liberal de hace unos veinte años en Latinoamérica, se propuso construir un nuevo sistema de organización de gobierno y de Estado, que es precisamente lo que proponen Marta Harnecker, la socióloga y asesora presidencial en el primer gobierno de Hugo Chávez, y el profesor alemán Heinze Dieterich Steffan, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, en su libro Socialismo del siglo XXI. Se trata de dos grandes fuentes ideológicas de donde se han nutrido varios gobiernos de Sudamérica, desde finales del siglo XX y durante el período que va hasta el momento actual (2016), en lo que ha constituido un verdadero apogeo de la izquierda centrista que ahora parece ya haber alcanzado su punto cenital.

 

Crisis electoral del socialismo del siglo XXI
La fractura del poder del Estado chavista en Venezuela con la elección de una mayoría de la oposición en la Asamblea Legislativa a finales del año 2015; el fracaso en las urnas de Evo Morales en Bolivia, con la negativa popular para la refrendación de su cuarto período presidencial en 2019; la negativa al presidente Correa en el Ecuador, desgastado en el mando y con la oposición avanzando en las elecciones seccionales, para proponer de nuevo su candidatura para la elección presidencial del año 2017, son pruebas evidentes de que ha entrado en fase de declinación el modelo del socialismo del siglo XXI que estos tres  Estados, reconocidos como paradigmáticos de tal tendencia ideológica, habían acogido, a fin de crear una nueva sociedad y una nueva forma de gobierno, guiados con el ejemplo de Noruega. En efecto, este país europeo, con una economía basada en la renta petrolera, elevó los niveles de igualdad y la calidad de vida de sus habitantes a uno de los topes más altos del mundo, llegando a una renta  por persona que ocupa el cuarto lugar entre las economías del planeta; por eso se reconoce como el único estado realmente socialista de Europa.

 

Los escándalos y el derrumbe
De manera que vamos a referirnos a la mala hora de los países que acogieron este modelo económico y político del socialismo revolucionario, inspirado en la filosofía y la economía marxistas. Porque, además, en Argentina el kirchtnerismo, que adoptó estas mismas orientaciones ideológicas con la variante peronista, en cabezas de Néstor Kirchtner y Cristina de Kirchtner (2003-2015), ha tenido también su revés en la elección presidencial del año 2015; y Brasil, que se matriculó tardíamente en la misma tendencia, desde cuando en el primer gobierno del presidente Lula da Silva se empezó a exportar petróleo a gran escala, el modelo aparece ahora venido a menos por los escándalos de sobornos y de aprovechamientos personales en la estatal petrolera Petrobras, que han alcanzado al expresidente Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores y a su sucesora, actualmente en el poder, Dilma Rousseff.

El derrumbe percibido en la opinión electoral de esta opción que apareció hace aproximadamente 20 años, frente al agotado modelo neoliberal, se ha presentado a pesar de los intentos de blindaje de los mismos países para construir con el modelo trostkista de la revolución internacional de carácter permanente y con organizaciones de apoyo, como la IV Internacional (México, España, Portugal, Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay, Venezuela), el Foro Mundial Social (réplica del Foro de Davos), una opción frente al neoliberalismo, la globalización y la dominación capitalista, y, más localmente, con la propuesta chavista del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) como modelo de comercio socialista.

 

La utopía y los recursos monetarios
Habrá que preguntarse por qué razones económicas y políticas estos gobiernos, que han alcanzado el poder en el feliz momento económico que representó el incremento extremo de los precios del petróleo y el auge de las materias primas (que en la economía mundial se reconocen como commodities), no han podido ahora continuar celebrando jubilosamente el modelo de la democracia plebiscitaria, del Estado dispensador, de las conquistas civiles y del autorreconocimiento de las identidades. ¿O es que apenas se trató de una utopía socializante que mientras tuvo recursos monetarios pudo cubrir los riesgos de los desgastes en el poder, derivados de la corrupción y los personalismos de su aprovechamiento? O también, ¿por qué no se pudo construir para la historia una estructura de Estado socialista redistribuidor, alternativa del modelo capitalista, equilibrador de igualdades y ejecutor de grandes obras sociales, como ha ocurrido en Noruega?

 

Restaurar un modelo antiguo
Las respuestas a estos y otros interrogantes pueden enmarcarse en algunos de los términos del poder presidencial que antes esbozamos, para examinar por qué los grupos de poder que no están homogenizados ideológicamente con el gobierno, aunque aparentemente derrotados, sobreviven en la sombra y pacientemente esperan su oportunidad de restituir, o restaurar lo que fue antes el modelo que parecía extinguido. O analizar, además, por qué lo que debieran ser en estos proyectos de gobiernos socialistas, las asambleas soberanas de estirpe roussoniana, en su función de mantener el equilibrio político y plegar a superiores metas sociales al líder investido de poder, han terminado con su conversión en dóciles apéndices  de un ejecutivo proclive a su hipertrofia. Pero también, ¿por qué el ego del gobernante no resiste la tentación de eternizarse en el mando y, como ya lo dijimos, convierten a la Carta constitucional en un fuelle extensible, mediante lo que en Venezuela se ha justificado como “leyes habilitantes” como primer movimiento para la vía directa al socialismo.

Y, más cerca de la sicología política, que no es objeto de nuestro análisis, porqué se desborda el ego del presidente que lo hace tornarse en un mesías todopoderoso, empeñado en una refundación o en una reinauguración de la historia, dentro de la cual él funge como protagonista salvador. Para no dejar de lado, finalmente, la acción de grupos y personas, contratistas del Estado o amigos cercanos al líder presidencial, que se convierten en clanes soterrados y sin control, encaminados al enriquecimiento empresarial o privado, sin importarles la suerte del proyecto político. En estas condiciones, o mejor, si estos factores concurren, podremos así explicar, junto con la crisis de la economía extractivista, la pérdida de las mayorías electorales que, otrora poderosas fuerzas del cambio político, terminaron volviendo la espalda a sus líderes, llámense Evo Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Cristina de  Kirchtner, o Lula da Silva, y  dejando así en entredicho y desnudas de gloria sus realizaciones políticas frente al juicio de la historia.

 

 

Por Nodier Botero J.


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