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Cultura / NOV 30 2017 / Hace 1 Año

La música que reina sobre las montañas

El poeta y narrador antioqueño Juan Manuel Roca escribió un ensayo sobre el libro La lluvia en la mitad de la noche del quindiano Andrés Matías, obra que en el momento adquiere el interés de los lectores.

La música que reina sobre las montañas

Juan Manuel Roca, poeta y narrador antioqueño y Andrés Matías, poeta quindiano.


“Una poesía contenida, sopesada y leve como la lluvia”

Si Andrés Matías pudiera escribir con los ideogramas de la lluvia, lo haría. Y si pudiera hacerlo con la tinta china de la noche, también se aventuraría a ese silabario hecho de trazos, de gestos simbólicos que salen de una paleta sobria, asordinada.

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Su apuesta por una poesía contenida, sopesada y leve como la lluvia que acompaña su más reciente libro, tiene algo de mantra, de música callada.

La sabiduría que reconoce en los animales, vista como paradigma en el caballo, encabalga siluetas de un paisaje que traen a la parcela del papel una mirada amorosa. El poeta los cabestrea y los festeja como sombras que pacen bajo el espejo lunar.

Dice Cirlot que del “carácter mágico del caballo deriva la creencia de que la herradura trae buena suerte”. Lo cual nos hace pensar que un camino hollado por sus cascos augura un buen momento de celebración, el encuentro con esa entidad bienechora. Es como si la huella de la herradura fuera la sombra cercana del caballo. Hacia ese instante del encuentro apunta la poética de este libro.

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Hay un tono de fronteras de olor, de paredes de clorofila que quizá sea la manera como este poeta atrapa sin estridencias ni acuarelismos costumbristas, la rumorosa región del Quindío.

En su mirada hacen yunta el paisaje del adentro, un paisaje lleno de “soledades sin estrellas”, y el paisaje libérrimo de la intemperie. A veces se confunden, como ocurre de pronto cuando un animal o un hombre salen del recinto oculto de la niebla o de la casa para hacer una expedición a la intemperie. Entonces el ojo del caminante o del extraviado en la montaña los mira como una aparición, como un acontecimiento.

De apariciones, de fulguraciones, de imágenes de algo que permanecía escondido o arropado en la tramposa cotidianidad, está hecha esta serena poesía.

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Matías no es un gimnasta del lenguaje, alguien que acude al aspaviento de las grandes y sonoras palabras. Lo suyo es el maridaje del ojo y el cerrojo, una manera de asomarse a un mundo fragmentado, sin las cabriolas propias del embeleso o la ebriedad de la lengua. Asistimos a un paisaje de enlutadas lunas, de lluvias muy finas que parecen agujas para tejer un paisaje albino, un paisaje de crines ásperas o de afelpadas gamuzas que dan cobijo a los frailejones del páramo. De lluvias, en fin, que ejecutan sin atriles ni partituras la “música que reina sobre las montañas”.


Redacción 
LA CRÓNICA


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