Domingo, 17 Dic,2017

Región / MAY 23 2016 / Hace 1 Año

La AHQ abre debate sobre el nombre del valle de Cocora

A propósito del artículo publicado ayer por LA CRÓNICA, de autoría del antropólogo Roberto Restrepo, titulado ‘Álvaro Mutis y las minas de Cocora’, el agrólogo Armando Rodríguez Jaramillo ha plasmado una carta sobre el particular, donde abre el debate sobre el nombre del valle de Cocora.

Esta es la carta: 
“Estimado Roberto, leí con atención su artículo de hoy en LA CRÓNICA DEL QUINDÍO titulado ‘Álvaro Mutis y las minas de Cocora’. Creo que existen algunas imprecisiones en la entrevista que cita de César Hincapié Silva al escritor Álvaro Mutis.

El abuelo materno de Mutis, Jerónimo Jaramillo Uribe, manizalita que al parecer participó en la fundación de Armenia, tenía la finca Coello que se ubicaba en la confluencia de los ríos Coello y Cocora en el corregimiento de Coello-Cocora de Ibagué, en límites con el municipio de Cajamarca, lugar en el que veraneaba de niño el escritor. Así que las minas de oro de Cocora a las que se hace alusión en la entrevista de Hincapié Silva nada tienen que ver con el valle de Cocora en Salento, son dos lugares muy diferentes que solo coinciden en el nombre.

Esta aclaración es importante para que no quede en el lector la idea que Salento, en la cuenca alta del río Quindío, es rico en oro, lo cual puede ser cierto. Las minas de oro en Salento esencialmente estaban en las cuencas de los ríos Boquerón y Navarco donde, según entiendo, se hallaba La Morena y otras concesiones que tenía el italiano Américo Marán.

De otra parte, sería muy interesante investigar la razón por la cual el nombre del cañón del Alto Quindío, como se llamaba lo que hoy se conoce como valle de Cocora, empezó a llamarse así a mediados de los años sesenta. Nuestro compañero de academia, Jorge Enrique Arias Ocampo, conocedor como el que más de su municipio, argumentaba que siempre esa zona se conoció como cañón del Alto Quindío. Pero que ante el auge de los cultivos de papa salentuna, tubérculo que según el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, era apreciado por su calidad sobre otros como la parda pastusa, los cultivadores de Salento tuvieron que ‘importar’ mano de obra de Anaime y Cajamarca.

En esas regiones, por haber sido pobladas de inmigrantes cundiboyacenses, sus habitantes conocían del cultivo de la papa.

Decía Jorge, que a finales de los años sesenta, se instaló la tienda Cocora que servía de sito de acopio de las muladas con papa que bajaban del Alto Quindío, lugar donde eran transbordadas en campero Willys y pequeñas camionetas para su traslado a Armenia. 

Este sitio, ubicado donde hoy se halla el  restaurante  Bosques de Cocora de Juan  Bautista Jaramillo, en el cruce de caminos de la carretera principal con el carreteable que lleva a la truchera, también servía para que los peones locales y del Tolima se reunieran a departir y tomar unas cervezas.

El nombre de la tienda rebautizó el territorio como el valle de Cocora, no “del”, como dice la prensa nacional.

Nota: Dejo abierto el debate que debería servir para empezar a escribir la historia del valle de Cocora, ya que es uno de los lugares más consultados en los buscadores de páginas en internet.


Atentamente,

Armando Rodríguez Jaramillo”.

 


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