Domingo, 17 Dic,2017

En profundidad / AGO 13 2017 / Hace 4 Meses

La historia tal como me la contó Martha Senn

Frente al Metropolitan Opera House (MOH) de Nueva York, el viento helado de diciembre doblega las plantas de los históricos jardines del Lincoln Center (Centro Lincoln para las Artes Escénicas).  

La historia tal como me la contó Martha Senn

Martha Senn y Alpher Rojas Carvajal.


Pequeñas perlas de hielo tejen una alfombra de nieve bajo la cual se pierden  las huellas y se congelan los sueños de los viandantes citadinos.

En su danza aérea los copos blancos salpican los trajes, los cabellos y las barbas de apresurados transeúntes que se dirigen al gran escenario de espectáculos culturales.

Jirones de periódicos vuelan en el espacio como si tuvieran vida propia. Uno de esos ejemplares describe cabriolas oscilantes y va a estrellarse contra la cara de un voceador de mercancías.

Recomendado: ¿Para qué sirve la historia?


El anunciador, aparta rápidamente de su rostro la humedecida página y lee en alta voz el titular ilustrado con una gran fotografía, un rostro de mujer: “¡Hoy, Martha Senn!”, y tras apretarla contra su torso de amante latino, suelta un ¡aaahhh, mamacita! de elocuente regocijo.

El  cielo se ilumina a intervalos con los fogonazos que anuncian la inminencia de una tormenta sin fin.  

Aun así la vida no deja de fluir: bajo las cornisas de los edificios van grupos estudiantiles de paseo, ciudadanos ociosos, comercios abiertos, tranvías en circulación, gatos vagabundos, papagayos que agitan su colorido plumaje… 

Y por las avenidas de la poderosa “capital del mundo” corren grupos de gringos abrigados que huyen  de la precipitación fluvial; los goterones estallan contra el asfalto humedeciendo su imperial historia y esconden en sus lúgubres madrigueras a sus más queridos fantasmas.

Pero la tempestad cobra mayor ímpetu y provoca el aplazamiento de la principal temporada cultural del año, cuya figura central es Martha Senn, la talentosa y atractiva mezzosoprano colombiana, de exitosa acogida entre el selecto universo del bell canto. Su genialidad no ha consistido en hacer bien su papel de intérprete de otras creaciones, sino en aportar la suya propia.

Nuestra compatriota se ha librado de la galerna invernal, dentro de una limusina negra, conducida por un apuesto afro de origen abisinio, impecablemente uniformado. 

Martha desciende  y observa el desorden y el ruido un tanto opacados por la intensidad de la  lluvia y se detiene en la puerta de acceso al MOH, desde donde empieza a calcular “la entrada” de público por entre la multitud de reporteros de prensa que la espera con micrófonos, flashes y cámaras y que de inmediato iniciaron sus febriles interrogatorios casi judiciales sobre su vida y obra. El fin de semana la estrella colombiana  sería portada de las principales revistas gringas.

Le puede interesar: 
Me encontré en la vida con… Agostino Abate


Su apostura de diosa griega resalta sobre sus piernas perfectas como talladas por el cincel del Fidias griego. Subiendo las escalas del teatro, Martha hace estremecer su cuerpo en una leve danza hasta alcanzar una agitación rítmica que luego reduce a cadencias armoniosas en un sensual balanceo de sus caderas.

Y allá en lo alto sus ojos dulces, grandes y embriagadores, que dirige hacia el vacío para atrapar recuerdos, causan en los espectadores, la parálisis seductora de una hipnosis. Ahora sus manos recorren la superficie geográfica de sus caderas, de su vientre, de sus piernas, de sus redondeces pectorales.

Agita alegremente su melena de cabellos lacios y azabaches y abre sus ojos al cielo lanzando una aguda nota, que va creciendo hasta hacer vibrar los cristales luminosos del techo.

Entonces, sus brazos  se elevan como un junco con las palmas resplandecientes hacia el público: de su interior, desde la profundidad de su organismo, la tenue nota tiene el registro suave de una flauta cristalina que se abre y copa todos los espacios con el más puro linaje operático. Su bella imagen parece expedir un misterioso fulgor que se roba el aplauso de los periodistas.

Ahora empieza a recoger la tonada y la absorbe hasta adelgazarla en un bajísimo vibrato. Entonces, sólo entonces, hace un sorpresivo ademán con el que, igual que una tempestad súbita, cancela abruptamente el ciclo musical y, se desmadeja hasta quedar tendida en el suelo como una duna en la noche del desierto.

Desde el fondo del cromático jardín, una voz de trueno -la de Plácido Domingo, el gran tenor español-, pide una nueva presentación, y el público que no se ha dejado arredrar  por el temporal empieza a corear “otra, otra”. 

Lo mismo le ha ocurrido en el Covent Garden de Londres, en el Festival de Pésaro, en el Teatro de L`Opera de Roma y en los más afamados escenarios artísticos del mundo, en donde ha sido acompañada y aplaudida por intérpretes de la talla de Luciano Pavarotti, Alfredo Krauss, José Carreras, Nicolai Ghedda, Luís Lima y Plácido Domingo.

Suspendida temporalmente su presentación en el MOH, la hermosa diva, regresa al exclusivo hotel Waldorf Astoria (un rascacielos de estilo art déco de 47 pisos, situado en Manhattan, sobre la Park Avenue) luciendo sus agraciadas formas femeninas, transparentadas por los tules de su traje aguamarina que ondula al ritmo de su marcha. Esperaba con aire de ansiedad la llamada telefónica que, desde Colombia, le haría Juan Sebastián Betancur Escobar, su compañero sentimental por diez años.

Le puede interesar:
Me encontré en la vida con Hernán Jaramillo Botero
Me encontré en la vida con… Fabio Arias Vélez

 

- Aló, hola mi amor –dijo Martha desde Nueva York.

- Bien, ¿cómo has estado? –pregunta desde Bogotá Juan Sebastián.

- No habrá presentación hoy. El invierno…si…si. Bueno y dime: ¿Por qué me has llamado cuatro veces en las últimas dos horas, según me dicen en la recepción? ¿Qué ocurre?


Al otro lado, en Bogotá, la timbrada voz de Juan Sebastián, carraspea y trata de ocultar el tono de preocupación.
 

- Si…ejem. Quisiera saber que día tienes previsto regresar a Bogotá. Deseo comentarte seriamente y de una vez por todas algo que nos concierne únicamente a nosotros y que probablemente puede poner en peligro nuestra relación.

- No puede ser. Qué pasa…

- No. No te afanes. Será aquí y frente a frente, dijo con aparente sequedad Sebastián.


Marta pensó con pánico: “Sebas tiene otra mujer” o, tal vez un hijo que se le ha presentado de improviso. Será que… ¡Dios mío…¡No…! ¿será  que padece una enfermedad terminal?

Todas las opciones negativas cruzaron por su mente desesperada. Pero de inmediato las desechó, dado el carácter pulcro de su prometido. Lo conocía al dedillo.
Al día siguiente Martha Senn llegó al aeropuerto El Dorado, en un vuelo vespertino de Avianca. En sus ojos asomaba una gran preocupación: “¿Qué habrá pasado, Dios mío?”, se preguntaba constantemente. 

No había muchos motivos para contemplar el porvenir con  optimismo. La duda crecía internamente a niveles de tragedia, tanto más cuanto que un autoexamen a sus últimos diez años la hacía ver en una entrega total a quien decidió que sería, después de sus dos hijos y la Opera, la mayor pasión de su vida: Juan Sebastián, un respetable hombre público, de gran prestigio intelectual y de reconocida solvencia ética.

Al llegar al restaurante de la cita, Martha hizo una mirada circular, y allá, en el fondo, observó a Juan Sebastián inclinado sobre una copa de vino, muy pensativo. Sobre el borde de la mesa tenía el libro “La verdad de las mentiras”, de Vargas Llosa. Martha corrió con energía a saludarlo y él se levantó con lentitud y un mohín de indiferencia le puso freno al abrazo que intentaba darle su pareja.

Un fugaz y convencional beso en la mejilla de la hermosa mujer amenizó la jornada. Luego, un brindis con jerez y una ‘entrada’ de scargots, aceitunas y algo de caviar con galletas de soda, precedieron las primeras palabras.

Tras una mirada de reconocimiento mutuo. Martha, quien también es abogada Cum Lauden de la Universidad del Rosario y una gran lectora de clásicos de historia y de literatura,  y nuestra máxime intérprete del Bell Canto, con firme determinación se lanzó a la palestra:
 

- Juan Sebastián, dime qué ocurre, ¡por Dios!, me vas a enloquecer, dijo Martha con gran excitación.

- Bueno, no te enfades, cariño. Te dije que es algo que nos tiene a punto de una ruptura en nuestra relación, pero que podemos intentar solucionarlo. Así que vamos por partes.

- Tomemos un traguito. ¿Un vino? ¿O prefieres un scotch 20 años? Ofreció complaciente Juan Sebastián.


Le puede interesar: Me encontré en la vida con… Luis Fernando Velásquez Echeverri

Y pasó su mano sobre los sedosos cabellos de Martha. Ella la retiró con delicadeza y dejó ver su semblante bañado en lágrimas. No se pudo contener y gimió largamente balbuceando reclamos inaudibles.

Tras una pausa silenciosa, Martha volvió a la carga:
 

- Dime por favor qué es lo que ocurre…

- Bueno voy a decírtelo, pero espero que lo tomes con serenidad, sin llanto ni teatro. ¿Entendido?

- Entendido, perfectamente y vamos al grano, dijo Martha al borde de la histeria.

- Listo, pero primero otro scotch. Hagamos un brindis por nuestro futuro, cualesquiera sean los caminos que tome, ¿correcto?, dijo Sebastián.

- Correcto, dijo Martha con voz quebrada. Salud, agregó, y levantó la copa.

- Salud. Espero que tengas la suficiente fuerza espiritual para resistir lo que te voy a decir, dijo Sebastián.

- ¡Ya, Carajo!, exclamó Martha con desesperación.

- Pero no te enfades, viejita. Creo que ambos debemos llegar a un estado tal que podamos sobreponernos por más que nos duela.

- Bueno, está bien. Pero entonces por favor ¡No me manipules más!, gritó entre lágrimas Martha.

- Bien, se arriesgó Sebastián y elevó su voz: Marthica, es que ¡A mí no me gusta la ópera! ¡A mi sólo los tangos de Gardel!

- ¡Soberano bobo!, gritó Martha y soltó un grito de tal estruendo que los presentes en el restaurante se sorprendieron y llegaron hasta la mesa creyendo que se había dado una situación conflictiva entre la distinguida pareja.


Aclarado el incidente se dio comienzo a una gran fiesta de amigos que concluyó a la madrugada en el apartamento de Sebastián (Ambos viven en el mismo edificio, pero en pisos contiguos).

Al día siguiente Martha descansa y se levanta de buen ánimo. Se acerca a la puerta y se encuentra con Juan Sebastián que ya venía a buscarla. Flirtean y pasan el día juntos. 
Entonces Martha va hasta su estudio y selecciona un disco y lo hace sonar en su equipo digital: “Por una Cabeza”, el bello tango interpretado por Carlos Gardel, su versión preferida, que nunca escuchaba delante de Sebastián, pues consideraba que a un académico tan refinado como Sebastián Betancur le parecería cursi escuchar “al Gardel  de las barriadas de Metrallo”. 

Martha ha sido aficionada clandestina a los tangos, y escoge su tiempo y su espacio para escucharlos. Lo subrayó –superando el malentendido-, con un pensamiento de Walt Whitman: “Ninguna cosa es buena fuera de su lugar y ninguna cosa es mala en su lugar”.

Ahora, en la segunda década del siglo XXI, Martha y Juan Sebastián escuchan tangos y dialogan en lunfardo. Él, cuando su agenda lo permite la acompaña a sus presentaciones y la aplaude con frenesí de enamorado. ¡Live the tango!, dice Martha, en perfecto inglés británico. ¡Live the Opera!, responde Juan Sebastián.

Le puede interesar: Me encontré en la vida con… Juan Zuluaga Herrera


Esa misma tarde, Martha le propone casarse. 

Juan Sebastián responde que le da igual, que no está enamorado y que no sabe en qué consiste el amor, si es que realmente eso existe. No entiende el romanticismo, ni la atracción que ejercen ciertos lugares. Conoció y estudió en Nueva York y le pareció sucio, anodino, irreal. Sólo lo seducen los efímeros instantes de la intimidad “que ojalá fueran más seguidos y prolongados.  Todo lo demás, salvo la cultura universal y tu arte, carece de verdadera importancia”. Ella concuerda con  esa reflexión. Una vez más coincide con su devoción imperecedera por la libertad.


Alpher Rojas Carvajal
Especial para LA CRÓNICA


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net