La Salida / Julio 29 de 2015 / Comentarios

Las búsquedas de Cantor y Avski

Las búsquedas de Cantor y Avski

En el libro de Joseph Avski se dan cita personajes a un paso de la locura o de la santidad, mientras en el fondo se escuchan los lamentos de una sociedad que condena a sus jóvenes a crecer en medio del légamo de la sangre y el miedo. Este jueves 30 de julio, a las 6:30 p.m. en el Instituto de Bellas Artes, el autor conversará con el docente Juan Guillermo Caicedo, en el marco del ciclo pedagógico del Encuentro Luis Vidales.

En una reseña de El infinito se acaba pronto, Mario Mendoza señaló que su libro aborda las conexiones de la matemática con la religión: el hambre de absoluto las une. ¿Qué le hizo tomar ese camino? ¿También sirve la literatura para encontrar algo que le dé sentido a la vida?

 

Yo no hablaría de darle sentido a la vida. Creo que eso es un rezago del discurso religioso. Pero sin duda la literatura enriquece la experiencia, ensancha las posibilidades de la vida, y una experiencia más robusta adquiere más significados. En ese sentido la literatura ofrece caminos hacia experiencias por las cuales vale la pena vivir.

 

En una entrevista reciente señaló usted que la novela tiene un fuerte sustrato autobiográfico. En ella está presente la búsqueda de norte de los jóvenes de su generación. ¿Cómo fue crecer en la Colombia de su adolescencia? ¿Cómo nació en usted la vocación por las letras?
No sé cómo será crecer en Colombia durante la adolescencia, yo crecí en Montería, y me imagino que la experiencia de crecer en Floridablanca o Buenaventura habría sido tan distinta como hacerlo en Arequipa o Montevideo. Yo crecí a la enemiga, contrariando los valores dominantes en la sociedad monteriana. Crecí rodeado de otras personas como yo, mis amigos hasta hoy. La creación fue nuestro refugio a la hostilidad. Desde los años del colegio tuvimos bandas de rock, hicimos cortometrajes, tuvimos revistas literarias, intercambiábamos dibujos, leíamos sobre ciencia y matemáticas. Aún hoy, muchos de los amigos con los que crecí se dedican a actividades creativas, como los hermanos Orozco, que quizá son los más visibles.

 

Vive usted en Estados Unidos, donde ejerce la docencia universitaria. De su experiencia en la frontera entre México y USA nació su libro A un paso de Juárez. ¿Qué ha implicado en su carrera literaria se un inmigrante en el coloso del norte? ¿De qué forma ha cambiado su visión de la escritura el hecho de vivir en un contexto ajeno a su lengua natal?
Recuerdo haberme sentido extranjero toda mi vida. Desde luego en esa época no sabía que eso era sentirse como extranjero, pero cuando empecé a vivir en otro país me di cuenta de que era un sentimiento que había sentido desde niño. Es un sentimiento que solo desaparece alrededor de ciertas personas, independiente del lugar. Sin duda vivir exiliado de la propia lengua fue una experiencia nueva que me ha hecho mucho más consiente de mi propia lengua.

 

¿Qué tan difícil fue volver a escribir luego del affaire del caso con Salcedo Ramos? ¿Lo noqueó el alud mediático que provocó El corazón del escorpión?
Mis dificultades para escribir nunca han tenido nada que ver con ese incidente. Yo no he dejado de escribir desde hace 15 o 16 años, y no encuentro una buena razón para parar. Escribo lento, reescribo mucho, experimento con muchas formas distintas y me demoro mucho para terminar una novela. De El infinito se acaba pronto escribí varias versiones como cuento, y dos borradores de novela con los que no quedé contento antes de llegar a la versión que finalmente salió publicada. Esas han sido mis dificultades al momento de escribir. Por lo demás, yo prácticamente no leí nada de lo que se publicó sobre el tema. En ese momento me interesaba mucho más leer cosas como la biografía de Georg Cantor y libros sobre historia del infinito. Solo saber que mi novela estaba irritando los cayos de tantos viejos gordos del establishment literario me confirmaba que estaba haciendo las cosas bien.

 

Tiene usted en el tintero Fragmentos de una sombra, una biografía intelectual de Fernando González, el autor de Viaje a pie. ¿Qué hay de singular en la vida y en la obra del ‘brujo de Otraparte’?
En Fragmentos de una sombra hago un recorrido por las ideas de FG, sus grandes temas, en ese sentido es una biografía intelectual. Creo que es algo que no se había hecho con su trabajo. Casi todo lo que se ha escrito sobre el Brujo pasa por lo anecdótico, lo celebratorio o lo condenatorio, algunas cosas muy buenas, pero carece de la rigurosidad. Ese es el vacío que quiero llenar con el libro.

 

 

Por Ángel Castaño Guzmán

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