Jueves, 15 Nov,2018

Cultura / MAR 20 2016 / Hace 2 Años

Las manos laboriosas, creadoras y sencillas de María Delfina Molina

Manos buenas y laboriosas; santas manos entregadas al trabajo creador, artesanal, sencillo, con la hermosa experiencia adquirida a través de la imaginación; manos entregadas a la faena cotidiana que genera satisfacciones personales y familiares, sin el afán comercial de la cruda y dura época del consumismo que vivimos.

Las manos laboriosas, creadoras y sencillas de María Delfina Molina

María Delfina es campesina del altiplano cundiboyacense.

En fin, que al filo de la tarde, próxima la oración que encomienda a la noche el sueño reparador, María Delfina Molina de Vanegas termina su labor, tras agotar dos, tres o cinco ovillos de lana virgen en una prenda de vestir, elemental y bella por el amor que a ella ha entregado.

 

Vida consagrada 
María Delfina es campesina, con hondas raíces en el suelo amado del altiplano cundiboyacense. Nació en la vereda Playa de Carmen de Carupa, Cundinamarca y desde los siete años al lado de sus padres y abuelos, comenzó a tejer con largas agujas la lana virgen que entregaban las humildes ovejas criadas en la tierruca generosa.

Vive con su esposo labriego Pedro Pablo Vanegas Sánchez. Allí en esa ruralía Playa vio la luz del día hace sesenta y tres años; allí transcurrió su niñez sembrando los surcos al lado de sus padres; comenzó la hermosa tarea de esquilar las ovejas, lavar los vellones, trenzar en el huso campesino la fina hebra para los tejidos.

Así transcurrieron los años; cada 12 meses la esquilada de sus pacientes ovinos; unos blancos otros negros; pero todos productores de la materia prima para sus tejidos, lana virgen.

 

Amor terrígeno 
El tiempo ha premiado a esta sencilla mujer de la tierra cundinamarquesa. Siempre tejiendo, ha repartido sus horas días, meses y años entre la ternura y desvelos por sus hijos, cinco mujeres y dos hombres; todos la aman con el corazón agradecido; saben de sus pasados sacrificios para sacarlos a la mayoría de edad responsable; son gentes laboriosas, sin malos pensamientos, alejados de la ciudad que corrompe las almas y acaba con la buenas costumbres. Algunos de ellos han logrado el profesionalismo, entre ellos, Carmen Alicia, que hoy es fonoaudióloga.

María Delfina Molina de Vanegas ha tenido y tiene la “fábrica” de su materia prima al alcance de sus manos; ha criado hasta treinta y cinco carneros machos y hembras, que con el tiempo se reproducen; ama a los animales con la ternura de las gentes libres de pecados.

Las ovejas le han suministrado en interminables calendarios también su leche y su carne, y la lana de sus cuerpos que hoy orgullosa exhibe en su almacén de Carmen de Carupa convertidas en prendas de vestir y muñecos bien apreciadas por turistas y visitantes de distintas latitudes.

Al comienzo María Delfina llevaba sus productos de lana al poblado los domingos y festivos; una hora de camino duro desde “Playa” a la plaza campesina. Regresaba con lo necesario al yantar de la semana. Lo pródigo de su vida la ha favorecido con creces.

Y es larga la lista de puntadas con cuatro agujas a la vez que se pueden ejecutar con lana virgen y que ella enseña a parientes, campesinos, gente de la ciudad, transmitiendo su elemental y perfeccionado conocimiento de las ovejas y su abrigo natural. Tejidos en ajedrez, cuadros, rayas, ojo de perdiz, dibujos de caballos y animales, punto estera, brochet malla, estera, margaritas, monos, media puntada, borrachos, cadeneta, medio mono, resortes, rombos, zig zag, garbanzos, ensortijados, besitos y otras novedades de su fértil imaginación en el trabajo edificante.

 

“Fábrica” de lana  
Desde la génesis del universo ha existido la oveja, bien emparentada con el hombre desde el comienzo de los siglos; de fácil crianza y manejo, es factor de economía doméstica; su gestación es de cinco meses; ya hembra reproductora, tiene tres crías en dos años aproximados; el primer vellón se esquila al año de edad del animal.

Para una buena cobija de lana virgen se necesitan dos vellones grandes; sus colores son blanco, gris, café y negro.

Proceso
Tiene sus misterios el trabajo con las ovejas y su lana: se esquila al noble bruto con tijeras especiales; se lava el vellón una semana después de cortado para que el animal no se enferme tal como lo dice su esposo Pedro Pablo con su experiencia campesina; se procede a formar “vanas” de lana; luego se hila en el huso o tortero, invento de los antepasados; se hace un ovillo con dos “husadas”; torcido el hilo, se forma la madeja y se lava de nuevo; se desenreda y vuelve el ovillo y comienza la hermosa labor del tejido: de las manos prodigiosas de Delfina salen cobijas, ruanas, suéteres, guantes, gorros, bufandas, muñecos, pasamontañas. Ahora ella se vale del telar donde urde la lana y se devana en cañuelas para sus producciones.

Reconocida
María Delfina Molina de Vanegas jamás ha sabido del desfallecimiento espiritual y corporal. Siempre se le ve en función del trabajo.

Es artesana de tiempo completo pero tiene horas para sus obligaciones campesinas: alimentar a las ovejas, el cariñoso rebaño de seres que la comprenden y quieren; da de comer a las gallinas, cerdos criados en la parcela, a los perros compañeros y cuida de la huerta labriega que suministra verduras y hortalizas.

Ha participado en exposiciones artesanales en Corferias, Festilana, vitrina comercial y cultural que enaltece a Cucunubá cada año con el trabajo de los artistas de la lana y que pueblan el Valle de Ubaté.

No ha recibido premios en estas muestras, pero ha participado en certámenes de la Fundación Compartir y la Feria de las Colonias Artesanales y otros eventos organizados por la Gobernación de Cundinamarca y Alcaldía de Carmen de Carupa.

¡Ah! Y algo más: María Delfina es poeta. Ha cantado, exaltando a sus eternas compañeras las ovejas que le proporcionan la lana.

Veamos algo tierno de su inspiración de trovadora, ejemplo campesino de virtudes y trabajo sano, fundidos en el crisol de su sencilla existencia: 
“Te quiero mucho ovejita / eres mi tierna mascota / siempre de dones me dotas / desde niña hasta abuelita. Para el lápiz diste plata / de mis primeros rayones / y hoy te escribo mis renglones. Cuando voy a darte pasto / tú me saludas balando /  y tu lana voy hilando para pagar cualquier gasto. Tú me alegras mi destino / eres la que aportas / lana con la que hacemos la ruana / insignia del campesino.”

 

 

Por Antonio Valencia Salazar 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net