Domingo, 17 Dic,2017

Región / MAY 22 2016 / Hace 1 Año

Álvaro Mutis y las minas de Cocora

El Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en su obra Características geográficas del Quindío (Bogotá, 1989), sobre los recursos mineros, anota: “El oro en épocas pasadas tuvo una próspera producción y llegó a tener 20 minas, todas en el flanco occidental de la cordillera Central, que se encuentran totalmente abandonadas”.

Álvaro Mutis y las minas de Cocora

Las más interesantes reseñas de la obra de Hincapié Silva se refieren precisamente a esas minas. La Morena fue la más importante y conocida. “La historia de la mina La Morena se inicia en 1890 cuando la descubren pequeños artesanos que trabajan en la región salentina, aunque algunos investigadores afirman que ella había sido explotada a finales de la colonia”. Pero el relato que más llama la atención en la obra de Hincapié es la referencia a la obra literaria de Álvaro Mutis La nieve del Almirante. El autor asevera haberle preguntado al maestro Mutis sobre su vínculo con el Quindío, a lo que el escritor le respondió: “Innumerables veces. Mi abuelo de Manizales, Jerónimo Jaramillo Uribe había abierto fincas en el Quindío… Estableció una hacienda sobre la carretera que nos conducía de Ibagué hacia Armenia, más cercana a las montañas, en las confluencias de los ríos Coello y Cocora, por los lados de Toche. Con mi padre y otros extranjeros que lo visitaron, excursionamos por las minas abandonadas.”

En reportaje que Hincapié (Semanario Hoy Quindío, N° 21, 1993) le hizo al escritor Mutis, este se refiere a las minas de oro de Cocora. “Mi abuelo siempre estuvo obsesionado por las minas de Cocora. Las vetas atravesaban el río. Nunca las pudo encontrar, así le ayudaran los europeos. Las arenas delgadas en el agua venían impregnadas del precioso metal. Flotaban, pero él murió con la decepción de no haber podido encontrar el filón en la montaña arriba que existía…”

De acuerdo con Hincapié, también en su obra La Nieve del Almirante, Mutis maneja el discurso literario en referencia a las minas. Sobre Cocora relata el maestro: “Aquí me quedé, al cuidado de esta mina, y ya he perdido la cuenta de los años que llevo en este lugar”. En otra parte de la obra: “Otro socavón es el que los mineros llaman El Venado. No es muy profundo, pero reina allí una oscuridad absoluta, debido a no sé qué artificio en el trazado de los ingenieros”. Y una tercera mención: “La tercera galería es la que ya mencioné al comienzo, la llamada Socavón del Alférez. En ella vivo ahora. Hay una apacible penumbra que se extiende hasta lo más profundo del túnel”.

 

Minas artesanales
Hincapié menciona, además de las referidas en el párrafo anterior, los nombres correspondientes a minas que se trabajaron en forma artesanal: San Pacho, Campoalegre, El Chusco, Santa Isabel, La Esmeralda, San Carlos I y II, El Cóndor, La Félix, El Edén, La Rodillona, Marmato, La Moravia y La María. También anota que otras fueron exploradas por la empresa Burila y que en predios de La Palmera, en la región de Las Nieblas y en la finca La Siberia todavía quedan algunas ruinas que dan testimonio de aquellas labores.

Una muestra de la existencia de algunas concesiones y del porqué éstas no se dieron en mayor número es lo que también anota Hincapié: “Otros recursos mineros, se encontraron dentro de los linderos naturales que formaban las quebradas La Guayana y Santa Isabel.  Más adelante, se les había otorgado mil hectáreas de las antiguas concesiones de La Plata y La Marina”.

 

Desde el siglo XIX
En el Ministerio de Minas y Petróleos o en Ingeominas se encuentra la verdadera historia de lo que fue esa área de explotación aurífera. Por concesiones que el Estado otorgó desde el siglo XIX con el régimen del derecho minero de la época, que reducía la zona a 200 metros cuadrados, obligaron a los artesanos a asociarse, lo que en efecto hicieron desde 1880.  Entre las empresas famosas, se cuenta la Compañía La Morena S.A. de los Arango y los Vélez de Manizales, que existió hasta 1980.  Se estima que desde la colonia al siglo XX, se explotaron cuarenta  y ocho minas auríferas en las montañas de Salento.  En varios lugares del municipio se observan ruinas y túneles abandonados, de lo que fue en el pasado floreciente industria, vestigio de lo que puede ser y no fue; frustración y tristeza de varias generaciones…
Compañías inglesas y americanas intentaron lograr concesiones de  exploración y explotación que no llegaron a ningún éxito.El desarrollo minero hubiese podido ser amplísimo aquí y en otras  zonas, del país,  de no haberse presentado choques de índole legal entre los gobiernos de Santafé de Bogotá, el Estado Soberano del Cauca y el departamento de Caldas, que causaron dificultades para asociar el capital extranjero.  Las formas  de contratación, en donde se presentaron celos  mutuos entre nacionales y empresas trasnacionales.”

 

Patrimonio cultural
La variedad patrimonial de Salento es notoria, pero también es claro que sus recursos naturales y culturales se podrían ver afectados con un escenario posible de explotación minera en su territorio. Además de las acciones que se plantean, que van desde la oposición férrea de alcaldes y el gobernador a esa decisión, existen otras que se gestan desde el sentido comunitario o que están contempladas en la legislación cultural. Es bueno mencionar tres: en la Ley 1185 de 2008, decreto 2941 de 2009, artículo 8°, se menciona lo referente a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial. Uno de los campos de esta Lista, que se construye entre los ciudadanos y las autoridades de cada municipio, dice lo siguiente: “Patrimonio Cultural Inmaterial asociado a los espacios culturales. Este campo comprende los sitios considerados sagrados o valorados como referentes culturales e hitos de la memoria ciudadana”. Con relación a esto, es indudable que en la Lista Representativa de Salento los habitantes se ven  reflejados con la inclusión del Valle de Cocora, como que es el sitio más representativo de la región del Eje Cafetero.

 

Sitios sagrados
Paralelamente, el Cabildo Indígena Pijao del Quindío, desde 2015, hizo solicitud expresa a la Alcaldía de Salento para considerar al cerro Morrogacho (en la parte elevada del Valle de Cocora), como uno de sus sitios sagrados, que igualmente debe estar en la lista representativa. En consecuencia con esta acción, en noviembre de 2015 la Gobernación del Quindío, el cabildo Pijao y la EAM realizaron un documental y un documento escrito sobre la caracterización de otros sitios sagrados, además de Morrogacho, como son el valle del Chilí de Pijao y el cerro Peñas Blancas de Calarcá.

Una tercera herramienta consistirá en la permanencia del Paisaje Cultural Cafetero y del Valle de Cocora (como que hace parte de la zona de amortiguamiento del territorio de Salento) dentro de la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Es deber de todos los quindianos valorar el patrimonio cultural en todos los órdenes y la providencia de la Unesco así nos lo permite.

 

 

Por: Roberto Restrepo Ramírez-
Academia de Historia del Quindío


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