Viernes, 21 Sep,2018

En profundidad / JUL 16 2017 / Hace 1 Año

Me encontré en la vida con… Juan Zuluaga Herrera

Fue  por cuatro períodos sucesivos al Congreso a nombre del Quindío hasta 1990, cuando este fue revocado por el presidente Gaviria al convocar la asamblea constituyente.

Me encontré  en la vida con…  Juan Zuluaga Herrera

Fue uno de los abanderados del llamado Ospinismo, durante su vida política.


Notable parlamentario, abogado y cafetero nacido en Calarcá el 9 de octubre de 1924, sus padres Milciades Zuluaga y Esther Herrera de Pereira, hijos: Nélida, Césida, Rosemberg, Vicente, Milciades, Edgar, Ruth, Lucy, Yolanda, Marleny y Juan. Hizo sus estudios primarios en Calarcá y culminó su bachillerato en el colegio de San Bartolomé de Bogotá. Como hecho que marcó su vida política, el doctor Mariano Ospina Pérez le entregó la medalla correspondiente.

Conviene señalar que el papá Milciades, propietario de una compra de café y de una finca en Calarcá, decidió vender todo lo que tenía y llevarse a la familia a Bogotá, lo cual explica que todos los hermanos y el propio Juan, se formaran en universidades de la capital, una decisión formidable que permitió su educación, a pesar de las dificultades económicas. 

Zuluaga ingresó a la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la universidad Nacional de Colombia, alumno de López Michelsen y de Antonio Rocha, fue condiscípulo de Víctor Renán Barco y de Carlos Holmes Trujillo, entre otros, figuras del liberalismo colombiano. En el último año de estudios, trabajó como asistente del maestro Antonio Rocha y al terminar materias, aceptó el nombramiento de secretario de la facultad de Derecho. Participó por estos días en la fundación de la facultad de Economía de la Nacional y profesor de doctrinas económicas.

En 1954, antes de graduarse, se casó con la bella señora de Calarcá Nelly Álvarez Gómez y se tituló, finalmente, en 1956. Cuatro hijos: Guillermo, abogado y dirigente cafetero; Luz Patricia, fonoaudióloga, Juan Fernando, economista y Jorge Mario.


Banco Popular

Gracias a sus nexos y estudios en la capital, fue nombrado gerente de este Banco en Armenia, permaneció dos años y al cabo se retiró porque los directivos del Banco no le cumplieron con las promesas laborales y empezó a ejercer la profesión en temas civiles y comerciales, afines a su interés profesional; con todo Zuluaga no vislumbró éxitos en su ejercicio y ya con hijos pequeños, organizó su traslado a Santa Marta pero el consejo oportuno de un amigo personal y la consecución, a crédito, de una pequeña finca en Montenegro, le hizo optar por permanecer en su tierra; fue una decisión acertada que, con el tiempo lo proyectó como gran cafetero y político.


Cafetero innovador

Con persistencia y sacrificio levantó su pequeña parcela sembrada en café, pero en 1960 fue nombrado jefe de la Oficina de Instrumentos Públicos, cargo que ejerció hasta 1968. Al culminar este encargo público, continuó su labor agrícola y le picó el bicho de la política, llamado por el dirigente Luis Granada Mejía. En este caso, Granada le encargó a Zuluaga Herrera la coordinación de su campaña en Quimbaya.

Progresó con fincas de café y con dedicación y empeño se fue convirtiendo en agricultor avezado e innovador; fue el primero o uno de los primeros cafeteros en introducir la variedad caturra, renovó los cafetales y la Bonanza Cafetera lo beneficio de tal manera que para la época fue reputado como uno de la cafeteros más exitosos; con razón, fue llamado jocosamente Juan Caturro o el Doctor Caturro.


Político y parlamentario

Cuando el presidente Misael Pastrana nombra a Granada Mejía director de las Aduanas de Colombia, Zuluaga le propone que encabece una lista al Senado y que él, lo haría para la Cámara de Representantes; ante la negativa de su antiguo jefe quien prefirió seguir en Aduanas, buscó al brillante abogado Rodrigo Gómez Jaramillo y en 1974, llegó por primera vez a la Cámara y Gómez Jaramillo al Senado de la República.

Fue por cuatro períodos sucesivos al Congreso a nombre de nuestro departamento, hasta 1990, cuando fue revocado el Congreso por el presidente Gaviria al convocar la famosa asamblea constituyente que dio al país la Constitución de 1991; muchos de sus amigos le insistieron que volviera aspirar, no obstante el resultado de las urnas no lo favoreció y no regresó a la Cámara de Representantes. 

Alternó en la comisión tercera de asuntos económicos y en la comisión cuarta de presupuesto nacional, tramitó recursos nacionales para las vías rurales, escuelas, casetas comunales y acueductos terciarios del Quindío; a través de la fundación Jesús María Ocampo, luchó por la educación de miles de jóvenes de escasos recursos económicos.

Durante su vida política fue uno de los abanderados del llamado Ospinismo, sector cercano al doctor Mariano Ospina y después con la irrupción y liderazgo del dirigente Misael Pastrana Borrero en el Partido Conservador, uno de sus seguidores más entusiastas y, sin duda, uno de sus voceros en esta región.


Concejal de Armenia y de otros municipios, nunca fue diputado 

Político de todas las horas, al igual que la mayoría de la clase política de su época- Ancízar López, Horacio Ramírez, Silvio Ceballos, Rodrigo Gómez, Samuel Grisales, Rogelio González y otros, ejercieron su actividad pública con una característica singular: realizar su actividad proselitista y buscar el favor de los electores, con pulcritud y honradez, sin hacer uso personal de los dineros del Estado. Todos sin excepción fueron grandes manzanillos, expresión colombiana que se refiere a las argucias del trabajo electoral, pero debo señalar que daban, en su gran mayoría, buen uso de los auxilios parlamentarios. Fue el caso de Zuluaga Herrera, honrado al exceso con una tradición de agricultor exitoso merced a su trabajo denodado, golpeado después por la destorcida de la bonanza cafetera.

Ya sin curul Juan mantuvo su fundación y el grupo político pero le empezó a dedicar más tiempo al trabajo agrícola, en este punto es importante anotar que su dedicación a su partido y a sus amigos menguó su economía personal, golpeada además por el dramático descenso de los precios del café.

Juan Zuluaga Herrera fue un ciudadano emérito que prefirió servir a sus ciudadanos, sacrificando su propia comodidad; en su juventud se codeó en Bogotá con juristas de renombre y con figuras promisorias de la vida nacional, abriéndose paso, a pesar de las dificultades, pero decidió venirse a su tierra con el fin de actuar en la política y en los negocios del café. Parlamentario activo y fogoso, en su ejercicio cotidiano defendía sus ideas con vehemencia y ardentía propia de sus creencias más íntimas; con todo, su calidez e inteligencia afloraban en el seno de su hogar o en la vida cotidiana.

Lo conocí como político y como persona, con el afecto de su amistad sin sombras, la misma que he recibido de sus hijos y de sus hermanos Milciades, Lucy, José Vicente y el recordado Rosemberg, muerto en hecho absurdo ocurrido en Ecuador. Paisanos ilustres, como Juan, al servicio de la región.
Su desaparición el 15 de abril de 2008 nos privó de un gran ser humano, trabajador incansable, quindiano ejemplar.


Gabriel Echeverri González
Especial para LA CRÓNICA


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