Martes, 13 Nov,2018

General / OCT 09 2016 / Hace 2 Años

Me encontré en la vida con... Álvaro Uribe R.

El notable político e intelectual colombiano nació en Bucaramanga en 1923 y murió en Bogotá el 20 de diciembre de 2007 a la edad de 84 años. Hijo único del acaudalado propietario Antonio José Uribe, un familiar suyo, José María Rueda Gómez tenía el título de conde de Cuchicute y marqués de Majavile y a Uribe se le conoció como el Condecito.

Me encontré en la vida con... Álvaro Uribe R.

Alfonso López Michelsen y Álvaro Uribe Rueda, en reunión de parlamentarios del MRL.

Hizo sus estudios de bachillerato en el colegio de San Bartolomé, ilustre claustro que albergó destacadas figuras de la política y concluyó su carrera universitaria en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Colombia, donde fue alumno de Alfonso López Michelsen, Carlos LLeras, Gerardo Molina y Antonio Valencia Zea, entre otros.

Se casó con la distinguida dama de la sociedad bogotana Anita Vejarano, pintora destacada y amiga íntima de Marta Traba, fallecida recientemente. Tres hijos: Antonio José, Administrador de Empresas de la universidad de los Andes, experto en seguros; Cristina, abogada de la universidad Javeriana y Elena, comunicadora social y administradora de grandes hoteles.

Siete nietos en total llegaron a esta gran familia. Comenzó su carrera profesional y montó una oficina de seguros que compartió con Hernán Valbuena y Felipe Salazar Santos, en el edificio de Seguros Bolívar en la calle 17 con carrera séptima. 

 

Grupo del café Exelcior

En esta oficina se fue cuajando un nutrido grupo de políticos jóvenes que poco después se comenzaron a reunir en el café Exelcior, algunos de ellos: Jorge Gaitán Durán, Enrique Peñalosa (padre), Virgilio Barco, Enrique Vargas Ramírez, más tarde apareció Gustavo Vasco, sus discusiones eran políticas contra la alternación en el poder  y el Frente Nacional. Más tarde dijeron fundar una revista llamada Nueva Crítica.

 

Nueva Crítica

El grupo en mención responsabilizo a Uribe Rueda de la dirección de la revista, con el fin  de  representar las nuevas figuras de la política, contra el Frente Nacional y todo lo que ello significaba. El expresidente Alfonso López Pumarejo quién vivía en la calle 18 entre carreras 7 y 6, frente a la famosa librería Grancolombia, centro de intelectuales, alentaba al grupo de Nueva Crítica y con regularidad almorzaba con Uribe y Salazar Santos.

No contentos con la revista decidieron fundar un periódico, semanario, ante la necesidad de mayor penetración política ante las bases populares, que se llamó La Calle.

 

La Calle

La presencia de este semanario en las calles fue una bocanada de aire democrático y el abrebocas de la creación de una nueva fuerza política en el país. La coyuntura exigió solicitarle al doctor López Michelsen, quién se encontraba en Méjico, que regresara a país y encabezara la nueva fuerza, no lo hizo pero envió una carta bien documentada que se convirtió en la línea política del futuro MRL; en ella López después de hacer un análisis del país, hacía una fuerte crítica al Frente Nacional y a la alternación en el poder.

A la redacción de la Calle llegaron seis meses más tarde, Ramiro de la Espriella y Jaime Lopera.

 

MRL

En 1959 comenzó la vida del Movimiento Revolucionario Liberal  bajo la dirección de López Michelsen y Álvaro Uribe Rueda y muy pronto se convirtió en fuerza política de orientación popular, con dirigentes en todas las regiones; la luna de miel duró hasta 1964, cuando comenzaron las desavenencias y se formaron dos líneas: Blanda y Dura.

La Blanda liderada por López con Indalecio Liévano Aguirre, Iván López Botero, aguerrido líder de Calarcá y fogoso parlamentario y  brillante orador, Enrique Peñalosa (padre), Enrique Vargas Ramírez y la línea dura que encabezaba Uribe Rueda con Felipe Salazar Santos, Jaime Lopera, Ramiro de la Espriella, Jaime Angulo Bossa, Jaime Ucros, Jaime Cadavid, Estanislao Posada, Antonio Barberena, Ernesto Vela Angulo, María Elena de Crovo y Alfonso Gómez Gómez.

La separación y el fin del MRL se consolidó con el ingreso de López Michelsen al gobierno de Carlos Lleras, primero como gobernador del Cesar y después, en 1968, como canciller.

A partir de este momento las relaciones entre López y Uribe se enfriaron un tiempo largo, entre otras cosas, porque el presidente Misael Pastrana Borrero, nombró a Uribe como embajador de Colombia ante el gobierno de Méjico por  cuatro años.

 

Político, escritor, intelectual

Líder y dirigente de todas las horas, fue concejal de Bucaramanga y Bogotá, diputado de Cundinamarca, representante a la Cámara y Senador de la República. Al regresar de Méjico, se acercó a López quién aspiraba la reelección en 1982. En esa oportunidad Uribe fue nombrado responsable de  la campaña en Bogotá y este cronista fue su asesor; las circunstancias fueron adversas, en particular por la disidencia liberal de Luis Carlos Galán quién  sacó un guarismo cercano a los 800.000 votos, lo cual le permitió ganar al presidente Belisario Betancur.

Brillante orador, fue uno de los grandes parlamentarios y su vibrante discurso engalanaba el Senado de la República, se recuerda entre otros, su airosa defensa de López en el famoso caso de Contadora. Uribe era un estudioso y preparaba sus intervenciones con cuidado y dedicación.

Aspiró a la presidencia de la nación pero sus intentos fracasaron, así como ocurrió con otro gran colombiano, el doctor Álvaro Gómez,  no ocupó ningún empleo distinto a embajador, nunca fue ministro ni ocupó otras dignidades.

Alternaba la política  con  la lectura y la investigación. Producto de esta dedicación de horas, fue la publicación, primero a través de la editorial Herder,  de un libro sorprendente llamado El Dique Iluminado, una vasta exploración histórica sobre Bizancio y Constantinopla. Dejó los borradores de El otro lado de la luna, editado por sus herederos, gracias al Instituto Caro y Cuervo, una generosa reivindicación de España. Único heredero de una gran fortuna, ello le permitió hacer política con tranquilidad y parte de ella la invirtió en su vocación.

Fue un hombre elegante, altivo, honrado hasta la exageración y amigo entrañable, desde luego uno de los grandes colombianos que he conocido, amante de la lucha popular y gigante en la plaza pública. Pudo llegar más alto, pero hasta donde llegó, la historia lo consagra como uno de los más grandes dirigentes del siglo XX. Un personaje fiel a su casta y a su grandeza.

 

Por Gabriel Echeverri González


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