En Colombia no solo se están produciendo casos de trata de personas a nivel internacional; en los últimos años se ha intensificado esta situación entre regiones del país, siendo el Eje Cafetero uno de los principales orígenes de quienes padecen este flagelo.
“Departamentos como Antioquia, Risaralda, Quindío, Caldas, Valle del Cauca y Cundinamarca aparecen entre las principales regiones de origen de las víctimas de la trata interna. Mientras tanto, ciudades como Cartagena y Bogotá hacen parte de los destinos. Objetivos distintos a la explotación sexual están entre las condiciones menos visibles de la problemática”, refiere el informe.
Según el documento de la OIM, el cual refleja la dinámica mundial de este delito, el incremento del número de víctimas con menos de 18 años es 14 puntos mayor que el de aquellas que ya cumplieron la mayoría de edad. En efecto, el número de adultos atendidos por esta causa a nivel global se incrementó en un 13% al pasar de 3.012 a 4.404 en el mismo período.
En Colombia, de acuerdo con el reporte del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, entre marzo de 2011 y marzo de 2012 la entidad recibió 51 denuncias de menores víctimas de trata de personas, todos reclutados dentro del territorio nacional y todos con fines de explotación sexual.
“Los casos reportados han sido por presuntos traslados de niñas y adolescentes al interior del país y la principal causa es el contacto a través de redes sociales para trabajar ejerciendo la prostitución”, precisaron funcionarios del Icbf. “Algunos de los casos fueron reportados a través de la línea de prevención contra la trata de personas para adelantar las acciones de verificación de derechos”, agregaron.
De las familias y otros cómplices
Las organizaciones que lidian con la trata de personas coinciden en identificar que internet es uno de los canales más amplios para el contacto y reclutamiento de las víctimas. No en vano, los medios de comunicación registran con cierta frecuencia la desaparición de adolescentes y jóvenes cuyos familiares sospechan de sus contactos previos a través de las redes sociales, las aplicaciones de conversación instantánea y otros mecanismos de la red.
“Últimamente se está utilizando mucho internet como medio para contactar a los menores de edad”, confirma Óscar Gómez Díaz, director de la fundación Esperanza, entidad que trabaja por los derechos humanos en contextos migratorios. “Se hace a través de las redes sociales, donde los citan a reuniones, les hacen ofertas afectivas o lúdicas y, en ocasiones, ciertas ofertas laborales”.
La facilidad de la comunicación a través de internet ha servido para allanar otro escenario de la trata de personas que se configura en reconocidos lugares públicos, en desarrollo de actividades que a primera vista transcurren en la completa legalidad. Tal es el caso de los encuentros juveniles que son citados por las redes sociales en un parque o en las inmediaciones de un concurrido centro comercial y que aparentemente no tienen nada de irregular.
“Viene un explotador sexual de Inglaterra y a través de internet concreta una cita en Bogotá con un adolescente que vive en Armenia”, ejemplifica Luz Stella Cárdenas, directora de la fundación Renacer, organización que atiende víctimas de la trata de personas, especialmente con fines de explotación sexual. “A través de los contactos del mismo grupo, el muchacho busca quién le facilite el viaje y llega a la cita. Aparentemente ahí no hay ningún delito y por eso detectar estos casos requiere un trabajo de investigación mucho más fuerte”.
Aquí las familias juegan un papel determinante. Para quienes siguen de cerca los recorridos de la trata de personas, es claro que muchos menores de edad caen en las redes obligados por la desesperación que les genera vivir en medio del maltrato, la violencia intrafamiliar o la falta de un espacio para expresar sus sentimientos y sentirse comprendidos.
En otros casos, las autoridades se encuentran con niños que no viven en contextos de violencia intrafamiliar aparente, pero sí pasan sus días en la soledad que reina en las dinámicas familiares de hoy o en la compañía intermitente, a veces indiferente, de padres o cuidadores que no conocen a sus hijos ni conciben espacios para el acompañamiento.
“Los colombianos tenemos que darnos cuenta de las familias que tenemos”, enfatiza Luz Stella Cárdenas, de la fundación Renacer.
Trata interna aumentó el 140%
Una de las más reveladoras conclusiones del informe de la OIM, y quizá la que más preocupaciones despierta entre las fuentes de información consultadas, es el aumento de la trata de personas en la modalidad de trata interna a nivel global. Según el mismo documento, mientras los casos atendidos por trata internacional o externa disminuyeron en un 13%, los relacionados con la trata interna aumentaron en un 140%, al pasar de 713 en 2008 a 1.708 en 2011.
Para Carolina López Laverde, la trata interna, poco visibilizada y reconocida en Colombia, es un fenómeno que expone aún más a los menores de edad. “Si uno mira las cifras de trata externa, encuentra que la mayoría de las víctimas son mayores de 18 años, porque es más fácil sacar del país y trasladar a un mayor de edad; pero la trata interna, particularmente temas como la explotación sexual y la explotación laboral, afectan de igual manera a personas menores de 18 años”.
López Laverde advierte que en países como Colombia el fenómeno de la trata interna requiere más atención de la que actualmente tiene. “Esto no se está mirando lo suficiente y es un problema que está creciendo”, explica. “Hablamos por ejemplo de las mujeres que son captadas en Antioquia y llevadas a Putumayo para ser explotadas sexualmente, muchas veces por grupos armados ilegales, o de los hombres que son reclutados para ser explotados en contextos mineros”.
“Tenemos que empezar a mirar el tema interno en otros contextos”, dice López Laverde. “El servicio doméstico, por ejemplo, es un tema muy recurrente pero muy delicado, porque se cruza con lo cultural y con el aval histórico de muchos contextos sociales”, puntualizó.
Con información de Agencia Pandi