Domingo, 23 Sep,2018

En profundidad / AGO 06 2018 / Hace 1 Mes

Miraflores 1998, así recuerdan la toma las víctimas quindianas

Luz Mary Ospina Zapata, madre de uno de los policías de la región secuestrados, recordó que mientras estaba en San Vicente del Caguán buscando noticias, otro de sus hijos murió en armenia en el terremoto de 1999.

Miraflores 1998, así recuerdan la toma las víctimas quindianas

Jhonny Marín en la base de Miraflores ala

En La noche del 3 de agosto de 1998, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, atacaron la base antinarcóticos ubicada en el municipio Miraflores, en Guaviare, a 150 km de la capital departamental.

Los guerrilleros atacaron miembros de la Policía Nacional y del Ejército. El enfrentamiento duró más de 20 horas y dejó un saldo de 9 uniformados muertos, 10 heridos y 22 desaparecidos, los sobrevivientes que no lograron escapar fueron secuestrados por el grupo insurgente, que los tomó como prisioneros de guerra, entre los que estuvo Jhonny Alexánder Marín Ospina, un policía quindiano que en ese entonces tenía 19 años de edad.

20 años después LA CRÓNICA se comunicó con Luz Mary Ospina Zapata, madre del ciudadano, que hoy continúa prestando su servicio a la patria desde la Seccional de Investigación Criminal, Sijín. La mujer recordó que su hijo estuvo en poder de las Farc por tres años, hasta su liberación el 28 de junio de 2001.

Luz Mary Cuenta que en esos tres años realizó 76 viajes a distintos lugares del país luchando por la liberación de su hijo. En el Congreso de la República pasó dos días seguidos protestando en marzo de 1999. En San Vicente del Caguán durmió en el comando de Policía, abandonado por varios días, siendo alimentada por la guerrilla. Ella y otras madres se tomaron la iglesia del 20 de Julio en Bogotá, en donde duraron tres meses viviendo. La mujer quindiana se convirtió en una líder de las familias que buscaban el retorno de sus seres queridos secuestrados.

Fueron muchos los artículos que la prensa nacional le dedicó por aquella época y que ella guarda en un robusto libro de recortes junto con las pruebas de supervivencia e imágenes de su hijo, tanto libre como en cautiverio.

Luz recuerda toda la pena de esos días y agradeció tener a su hijo en libertad. “Yo estaba muy mal, estaba enferma. Un día llegué a mi casa y me llamaron de Caracol Radio y me preguntaron sobre qué sentía al saber la noticia de que iban a liberar a Jhonny el 28 de junio. Inmediatamente prendí el televisor y estaba hablando Raúl Reyes”.

A las dos semanas recibió a su hijo en la base militar de Tolemaida, Cundinamarca.
 

La noticia del secuestro

Del secuestro, la primera en enterarse fue Luz Dary Zapata, madre de Luz Mary, quien en esa época trabajaba en la gobernación del Quindío y fue allí donde compañeros de trabajo le informan del ataque a la base de Miraflores.

“Cuando mi mamá llegó a la casa me preguntó si había visto televisión, a lo que yo respondí que no, ella me dijo ‘secuestraron a Jhonny’, inmediatamente encendí el aparato”, aseguró Luz Mary, que al escuchar la noticia salió de su casa ubicada en Armenia, en el sector conocido como La Cabaña, hacia la estación de Policía del parque Uribe. Cuando llegó no había luz eléctrica por culpa de un fuerte aguacero, los uniformados no tenían noticias sobre lo que había ocurrido en el Guaviare. 

Esa misma noche viajó a Bogotá, fue en la dirección general de la Policía Nacional donde obtuvo una respuesta que no respondía nada en realidad, le confirmaron que Jhonny estaba desaparecido. Como no tenia dónde quedarse, regresó a la capital quindiana.

El 11 de enero de 1999 llegó la primera prueba de supervivencia a Manizales. Fue una foto instantánea de Jhonny marcada con su nombre en la letra de otra persona, lo que resultó inquietante para la familia. Luz Mary viajó a San Vicente del Caguán y fue allí donde se enteró del terremoto del 25 de enero, en el que perecieron varios familiares suyos, incluyendo su otro hijo Hernán Darío. El fin de siglo le puso una gran prueba de vida a esta madre quindiana, que lo único que pudo hacer fue armarse de valor y seguir luchando por recuperar lo que el conflicto armado le había quitado. 

El comandante de la Policía de esa época, Luis Fernando Velázquez, y la Policía del departamento estuvieron a su lado ayudándole con los viajes, como igualmente lo hicieron varios almacenes del centro de Armenia y LA CRÓNICA. La ciudad se encontraba conmovida con la situación. Hasta hoy, para Luz Mary es común que las personas que recuerdan su lucha por volver a ver a su hijo, la reconozcan en la calle.
 

Pablo Romero Rico, la historia de otro secuestrado en la toma guerrillera

Jhonny Alexánder Marín conoció durante el curso de policía a Pablo Romero Rico, con quien después de graduarse realizó una especialización de antinarcóticos.

Los dos jóvenes, oriundos de la ‘Ciudad Milagro’, trabajaron juntos en la base de Miraflores. “Esa era como la prueba, el examen. El peor hueco de Colombia en antinarcóticos era Miraflores y por ahí se empezaba. Es el mejor curso, por decirlo así, porque en una noche normal podríamos tener dos hostigamientos”, dijo Romero, quien para la época de la toma tenía 20 años y quien fue secuestrado junto a Marín Ospina.

Antes de la toma, los dos quindianos ya habían estado en Miraflores combatiendo por más de ocho meses y recibieron condecoraciones por ser una base con una operatividad ejemplar, como recordó Pablo: “Nosotros habíamos cogido guerrilla, armamento, dado de baja a subversivos. Habíamos tenido muchos combates y estábamos invictos, no habíamos tenido ni un muerto ni un herido”.

Relató que iban a ser relevados junto con otros miembros de su grupo antes del 3 de agosto de 1998, pero su comandante se opuso, pues no quería gente nueva que no tuviera experiencia en combate dentro de la zona y pidió que se les dejara hasta después de la fecha de acuartelamiento de primer grado, que era el 7 de agosto, día de la posesión presidencial de Andrés Pastrana.

Señaló que días antes de la toma relevaron al Ejército. “Los contraguerrilla cumplieron dos años, eran regulares y por ley no podían pasar más tiempo allí”.

El 15 de julio llegó el relevo. “Eran unos soldados que venían de combatir paramilitares en el Meta, ellos venían con el pecho alto pero con poca experiencia en el combate, ahí hubo un error grande porque ellos no se dejaban enseñar”.

Romero contó que estaban ubicados en un codo del río Vaupés, había una calle principal, una pista aérea y un puerto. Para poder cruzar la pista hacia el caserío, unos 80 metros, los policías tenían que ir en grupos y fuertemente armados. “10 fusiles, una M60 y un lanzagranadas para poder cruzar hasta allí a comprar un pan o cualquier cosa, si es que te lo vendían. Era un pueblo guerrillero, nadie nos hablaba, la guerrilla tenía dominado el lugar porque era una zona cocalera”. El pueblo para la época contaba con tres bases, una conjunta del Ejército y la Policía, y dos de los militares en cada punta de la pista de aterrizaje.

Los soldados contraguerrilla de una de las bases de las puntas eran los encargados de cerrar el perímetro del pueblo a un kilómetro. Fueron ellos los que el 3 de agosto, realizando esta labor, se encontraron a las Farc. El combate comenzó a las 7:00 p. m. y para la medianoche los guerrilleros ya habían acabado con el primer grupo de contraguerrilla. En la base conjunta en la que estaban Pablo y Jhonny recibieron información desde la capital del país sobre el ataque, esperaron, como dicta su entrenamiento, y a las 4:00 de la mañana comenzó el enfrentamiento.

Romero afirmó que eran aproximadamente 80 de ellos frente a varias cortinas de 200 guerrilleros, cada una a todo su alrededor. Las Farc tenían sitiado Miraflores y habían sacado a la población civil.

Era la época del Plan Colombia y la fuerza pública recibió apoyo aéreo por parte de Estados Unidos, pero no fue suficiente, la lejanía del pueblo hacía que los aviones se quedaran sin combustible rápidamente. 

Pablo y Jhonny fueron retenidos por la guerrilla a las 6:00 p. m. del 4 de agosto. Fueron embarcados en lanchas y pasaron los siguientes tres años entre campamentos en el Guaviare y Caquetá. Estuvieron retenidos en 17 locaciones diferentes antes de ser liberados en medio del acuerdo humanitario de 2001.
 


Luz Mary Ospina y su hija Luisa Ospina con el libro donde guardan las memorias del secuestro. 


El problema continúa


El problema real del secuestro es la readaptación. “Realmente el secuestro es cuando te quitan la libertad, te liberan y se acabó, el problema es que las consecuencias de esos tres años vienen después de la liberación”, aseguró Pablo. 

Para él, las instituciones, Policía y Ejército, tomaron la situación como algo mecánico: “Gente secuestrada, gente liberada. Las familias son las responsables de lidiar con las consecuencias del cautiverio. Todos los que recuperan la libertad necesitan de asesoría sicológica para enfrentar el trauma causado por la guerra, algunos caen en la drogadicción y hay casos de suicidios dentro de los liberados. A esto se le suman cosas como el paso del tiempo, esposos que se quedaron solteros, pues sus parejas se volvieron a casar al no tener esperanza de volverlos a ver, hijos que crecen sin sus padres, familias dañadas por el conflicto”.

Pablo Romero afirmó: “Cuando lo liberan, uno sale contento pero ahí comienzan los problemas. Uno no se adapta. Yo dormía en el piso, no hablaba, no podía interactuar, ni servirme comida, tuve problemas con mi pareja. Nos pusieron un grupo interdisciplinario de la Policía y el sicólogo nos acusó de tener síndrome de Estocolmo, eso fue una ofensa tremenda y todos nos salimos del tratamiento. Se cumple con un proceso de readaptación según la normatividad, pero la realidad es que solo era en el papel. Hay problemas de todo tipo, investigaciones, que porque lo cogieron en la toma, las citaciones, vienen las demandas , las contrademandas. Además, uno después de tres años sale muy desubicado, sin saber cuánto vale una libra de arroz siquiera”.

El Estado colombiano y la guerrilla de las Farc están en la obligación de pagar indemnizaciones por la toma de Miraflores, pero estos procesos no se han concluido y actualmente las familias continúan en la pelea por la reparación que merecen como víctimas. En 2006 el Consejo de Estado condenó al ministerio de Defensa y a las Fuerzas Militares, para que se encarguen de reparar a 28 de los 129 uniformados que resultaron secuestrados entre el 3 y el 5 de agosto de 1998. 


David Alejandro Figueroa Arias
LA CRÓNICA

 


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