Domingo, 17 Dic,2017

En profundidad / AGO 13 2017 / Hace 4 Meses

Morrogacho, un cerro tutelar de Salento, con historia arqueológica

Todos los lugares tienen sus centinelas naturales. Son cerros, elevaciones montañosas, picos nevados o formaciones rocosas que se otean fácilmente hacia el horizonte, indicando orientación geográfica y despertando en los espectadores la más variada gama de sensaciones, tras una estela de pensamientos mágicos religiosos y leyendas fabulosas.

Morrogacho, un cerro tutelar de Salento, con historia arqueológica

En Morrogacho, además de una vegetación nativa y frondosa que incluye plántulas de palma de cera, también se encuentran evidencias arqueológicas, que se caracterizan ellas por ser formaciones rectangulares de piedra, elaboradas de pulidas lajas.


En el Quindío, el cerro de Las Tres Cruces alienta en Buenavista el fervor devocional vinculado a la tradición de peregrinación en fechas definidas.

Peñasblancas y el Castillo en Calarcá despiertan las fantasías de antiguos entierros indígenas. El nevado del Tolima, junto con las formaciones montañosas de la cordillera Central que otrora fueron depositarias de nieves, como el paramillo del Quindío, despertaron desde el siglo XVIII las mejores impresiones en los asiduos caminantes del Paso del Quindío, que también se consignaron en sus crónicas escritas o que sirvieron de inspiración para bautizar poblados como Filandia con el nombre de “hija de los andes”.

Otros cerros de formación volcánica, como el Machín, está en el acervo mitológico de los indios pijao pero también nos amenaza con su actividad volcánica, aunque no lo observemos desde la geografía de nuestro departamento.

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Reverencia

Solo dos engalanan en la altiva cordillera central un paisaje de magnificencia, como referencia visual desde cualquier ángulo de la hoya quindiana: Peñasblancas y Morrogacho.

El primero es visto con respeto desde amplios terrenos y el segundo se nos acerca y bordea con esbeltez desde Circasia, la carretera Armenia-Pereira, Salento y desde el mismo Filandia, donde se divisa lejano, mostrándose como un guardia de su entorno más cercano y que se ve como un declive maravilloso, el valle de Cocora.

No hay mejor topónimo para su denominación, el morro inclinado con reverencia frente a otra altura sublime, el nevado del Tolima. A veces, sobre todo en las tardes despejadas, se nos abren a la vista los dos mirándose de frente, sin olvidar que el sol se ha levantado en su confluencia cercana, lo que pudo representar para los indígenas precolombinos el mayor referente de consideración mitológica.

En Morrogacho, además de una vegetación nativa y frondosa que incluye plántulas de palma de cera, también se encuentran evidencias arqueológicas.

 Conocidas como “tumbas de cancel”, también se caracterizan ellas por ser formaciones rectangulares de piedra, elaboradas de pulidas lajas que fueron colocadas por las poblaciones prehispánicas en terrazas artificiales que siguen la dirección de la pendiente.


Primer registro

Los profesionales de la arqueología las llaman “estructuras líticas” y son muy profusos sus hallazgos, aunque la conservación in situ de ellas es muy escasa, ya que se destruyen por desconocimiento de su importancia histórica.

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Las primeras noticias sobre estos hallazgos arqueológicos en Morrogacho se remontan a la década de los años setenta, cuando ya se reseñaban estas formaciones de piedra en algunos escritos provinciales. El más conocido se mencionó en el libro “Inmigrantes extranjeros en el desarrollo del Quindío”, donde su autor, el abogado César Hincapié Silva, presenta las fotos de dichas estructuras y anota que habían sido contactadas por un italiano a principios del siglo XX.

En 1982, el recién creado Comité de Protección Arqueológica del Quindío (CPA) realizó la primera visita de profesionales de arqueología a este lugar, lo que quedó consignado en un informe de inspección, que se encuentra en los archivos de esta dependencia.

El primer registro de arqueología publicado sobre este lugar apareció en el Boletín del Museo del Oro Nro. 22 del Banco de la República, bajo el título “Notas sobre una tumba de cancel hallada en el municipio de Dosquebradas” (Cardale de Schrimpff, Mariane, Morales, Sory y Osorio, Óscar 1988).  Una de estas estructuras (de posible carácter funerario) es descrita en dicha publicación con techo en forma de caballete. En realidad, esta forma tan particular, que presenta las piedras superiores de la estructura con una forma de techo de vivienda, sólo se ha encontrado registrada en el cerro Morrogacho, pues los otros hallazgos describen una posición horizontal en su cubierta.


Guaquería y saqueo

En el año 2000, arqueólogos del Centro de Investigaciones Sociales Antonio Nariño (0) y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) realizaron un reconocimiento arqueológico de Morrogacho, publicado bajo el título “Aportes al Estudio de la Tradición Funérea Precolombina de Salento” (Rodríguez, Elkin y Tabares, Dionalver, enero 2001).

Según este informe, en dos aterrazamientos se encontraron en el primero dos estructuras líticas totalmente destruidas y, en el segundo, “se observaron evidencias correspondientes a cuatro tumbas de cancel, que se encontraban distribuidas en el centro y sector sur del plano”. Lamentablemente las dos terrazas habían sido, durante más de treinta años, objeto de acciones de guaquería y saqueo.

Hoy todavía están expuestas a la intervención de personas no especializadas en la acción arqueológica.

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Peligro

Ante el turismo creciente, las estructuras líticas arqueológicas del cerro Morrogacho y del Quindío están en serio peligro de desaparecer. Hay que conservarlas para garantizar la investigación arqueológica del futuro. Que no ocurra el planteamiento y recomendación de muchos expertos con respecto a ellas. Uno muy conocido, el historiador Héctor Llanos Vargas, se refirió en estos términos, ante el hallazgo de un sitio donde se destacaban algunas: “es un patrimonio de la humanidad porque ellas son muy parecidas a las de San Agustín, pero sin estatuas”. No obstante esta apreciación, en el Paisaje Cultural Cafetero abundan las noticias sobre su saqueo y total destrucción.


Redacción
LA CRÓNICA


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