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La Salida / SEP 14 2016 / hace 3 años

Museo gráfico, una década de fundación con más de 80 años de historia

Ayer, el Museo Gráfico del Quindío cumplió 10 años de ser inaugurado. Pero antes de convertirse en lo que es hoy, vivió desde 1994 un proceso de recolección, restauración y descripción de imágenes del  departamento, proyecto liderado por Luis Fernando Londoño, director del recinto ubicado en Calarcá. 

Museo gráfico, una década de fundación con más de 80 años de historia

Luis F. Londoño, director del Museo Gráfico del Quindío, que ayer cumplió 10 años.

¿De dónde surgió la idea de recopilar estas imágenes?
A raíz de mi contacto con la imagen, mi papá tuvo un teatro,  luego en algún momento cuando terminé el bachillerato, me fui para Bogotá y logré colaborar en la parte de fotografía en el tiempo en que las noticias se hacían en cine, 16 mm, porque videocámaras portátiles no existían.

Terminé de estudiar sistemas y me vine a trabajar a la universidad del Quindío y me integré a la facultad de Educación cuando se estaba creando la carrera de Tecnología Educativa, llamada también audiovisuales. 

Fue un tiempo muy hermoso porque la universidad iba muy adelante a nivel tecnológico y nos tocó tener televisión a color en el 74, un año antes de que a Colombia llegara, entonces tuvimos la oportunidad de ver el mundial de 1974 a color.

En 1999 en la registraduría de Calarcá existían unos archivos de las primeras cédulas de este municipio y doña Libia Jaramillo de Lozano, me informó que el registrador de la época los iba a botar.

Con gestión se logró recuperarlos y encontramos 23.011 cédulas desde la número 1, que nos han servido para determinar cómo fue ese proceso de colonización en Calarcá a nivel de apellidos. 

 

Entre ese hallazgo de cédulas ¿recuerda cuál fue la primera?
La cédula número uno de Calarcá se hizo en julio de 1934 al registrador de la época don Pedro Fayad. 

 

¿Recuerda la primera imagen que adquirió para el museo?
No exactamente, porque el proceso de adquirir fotografías nació desde muy niño. Yo diría que la primera foto pudo ser una mía montado en un caballito, de las clásicas que le tomaban a uno los papás, donde el fondo era un paisaje pintado a mano y en un estudio fotográfico.

 

¿Qué tan importante fue ese contacto con lo audiovisual, para la creación de este museo?
Estar tan cercano a lo que fue lo audiovisual, hizo que cuando terminara el bachillerato quisiera aprender lo que era la parte de cinematografía, y después de haber montado la productora Luis Fernando Londoño televisión en Bogotá en 1994, dije, ya vamos a empezar a recoger los archivos gráficos del Quindío.

Fue un proceso largo porque tuve que, primero tocar puertas para pedirle el favor a una familia que me facilitara el álbum familiar, que fue muy difícil. El otro trabajo bonito fue que en el momento en que empecé a laborar en los pueblos, la idea era recoger fotos, entonces utilizábamos estrategias, y fue que para poder ver esas imágenes del pueblo, debían llevar otra para poder entrar. 

Entonces pagaban la entrada donando historia, eso hizo que fuéramos aumentando el archivo. En un momento este fue tan grande que el doctor Camilo Cano, presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia me ofreció el edificio para montar el Museo Gráfico del Quindío y a la vez el museo del terremoto con el geólogo Alfonso López Reina. 

Dicho ofrecimiento generó que me dijeran: “Luis Fernando no se vaya para Armenia, quédese en Calarcá”, nos comprometemos 35 personas a dar un aporte mensual para conseguirnos un lugar, y se hizo. 

El 13 de septiembre se inauguró el museo gráfico, con una invitada especialísima Vicky Hernández y el cantante y poeta Álvaro Perdomo, un evento hermoso, que hizo que todos se enteraran que se estaba  haciendo esa compilación del archivo gráfico del departamento. 

Lo más curioso es cuando empiezan a aparecer los recicladores con material en video y fotografía como la llegada del primer avión, el primer partido del Quindío, la llegada de Carlos Lleras Restrepo a Quimbaya en el año 67 y Mario Moreno ‘Cantinflas’ toreando en  la Plaza de Toros en el año 54. 

Tener un espacio en estos momentos, dedicado a la recolección de material gráfico y audiovisual ha servido para que estos documentos que ya estaban en la basura no hayan desaparecido. 

 

Hoy 10 años después de la inauguración del museo, ¿con cuántos archivos gráficos cuenta?
Una cifra exacta no tenemos, porque día a día se enriquece y además porque hay archivos por digitalizar y describir, canecas llenas de negativos, que se establecieron en el departamento por más de 70 años. En estos momentos el museo cuenta con más de 400.000 fotografías antiguas de todos los municipios. 

 

Hasta el momento, ¿cuál es la imagen más valiosa, curiosa o particular?
Curiosidades hay muchas, las que más llaman la atención es ver las parejas donde está el  hombre rudo y una mujer con una mantilla y una cara de resignación, silenciosa, obediente y resignada. Comparándolas con las mujeres de ahora que son muy diferentes.

Otras que me causan mucha curiosidad es ver cómo arquitectónicamente van cambiando los pueblos. Hay una foto que me llama muchísimo la atención que es una que se hizo sobre la carrera 18 con 50, un sitio que de pronto en la historia de Armenia es muy lindo, la entrada a la casa de citas de la ‘Ñata Tulia’, el famoso Arenales. 

Allí, una imagen de un hombre que viene con una recua de animales cargados de café, pero va pasando de la tierra al pavimento, y en la misma foto hay un Willys, una carretilla, un camión y un automóvil, entonces en esa foto se resume la evolución de lo que era el transporte. 

 

¿Cuál es la foto que le hace falta?
Faltan muchas, yo digo que la historia gráfica es infinita, uno no puede decir, ya la estoy completando, día a día aparecen imágenes que uno nunca se imaginó que pudieron ser registradas, y ese es precisamente mi trabajo, ver cómo se puede completar esa historia del departamento.

 

¿Cree que con el museo se ha cumplido el objetivo que tenía?
El objetivo de recopilar y dar a conocer, trabajo que me gusta sobre todo con la gente de edad, porque ellos son los que más han apoyando la descripción, acá entra un adulto mayor y dice, “ese señor se llama ‘Fulano de tal’, en ese toldo vendían tales cosas, y ese caballo se llamaba tal...”.

 

Una invitación para que las personas visiten y además enriquezcan el museo.
Me gustaría hacer dos invitaciones, la primera al público en general, que desde ayer hay una exposición que relata cómo fue ese proceso de maduración del  territorio llamado Quindío.

La segunda invitación es para que los organismos del Estado, al menos las secretarías de Cultura se acerquen y conozcan el museo gráfico, porque da tristeza decirlo, los gobernantes que están y los que han pasado, casi ninguno de ellos ha tenido la delicadeza de ver dónde está recogida la historia de su departamento. 

 

Por Lily Dayana Restrepo


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