Miércoles, 12 Dic,2018

La Salida / DIC 11 2017 / Hace 1 Año

Olga de Chica, artista de Filandia y del Paisaje Cafetero, a un año de su muerte

La maravilla artística de Olga de Chica quedó perfeccionada en un libro de Fernando Macías y de Pedro Felipe Hoyos.  

Olga de Chica, artista de Filandia y del Paisaje Cafetero, a un año de su muerte

Olga de Chica no dejó escapar ningún aspecto que tuviera relación con las actividades culturales del campo.

La obra pictórica nos refleja un estado de ser, un estado del arte, así como un estado de actuar.  Por eso se equipara al análisis antropológico de una sociedad, algo así como una etnografía detallada de su artífice, quien hizo parte del grupo social donde se nació y se creció.

Los óleos de Olga de Chica, quien murió el 16 de diciembre de 2016, son la mejor referencia artística de su tierra quindiana.  Hicieron conocer a través de las tarjetas que los reprodujeron, a la mujer que logró plasmar el espíritu sencillo de los paisajes de esta región.

Filandia se apresta a celebrar el primer aniversario de su muerte con el recuerdo de sus pinturas que reflejan la historia y la idiosincrasia del hombre y la mujer de este departamento.  
Qué gran legado nos dejó esta artista para el análisis antropológico y para construir el componente patrimonial del paisaje cultural cafetero.

 

Escenas

Los cuadros de Olga de Chica resaltan todos los determinantes culturales del Quindío carnal que ella también vivió desde temprana edad en las estancias campesinas.

No nos cansaremos de mirar con detalle cada una de las escenas representadas, que además se engalanan de vida, lozanía y color del terruño.

Cada cuadro fue plasmado con integralidad.  Miremos cada uno de ellos, para encontrar en el talante de esta gran mujer, los detalles de la tríada Sociedad- Naturaleza- Cultura que experimentó con ahínco. Son sus vivencias transmitidas al arte. No dejó escapar ningún aspecto que tuviera relación con las actividades culturales del campo y de la ciudad.

Se ve en ellas todos los pasos de la caficultura, desde la siembra de las pequeñas matas, pasando por la desyerba y llegando a la recolección y el beneficio.  Pero no solo se limitó a dibujar labores culturales. Los palos de café, logrado en  una disposición de dibujo arqueado que representan las ramas verdes y puntos blancos que recuerdan la flor, son de un cromatismo esplendoroso hasta en las otras tonalidades que imprime.  Un ejemplo de ello es el óleo “Tierra del café”, dibujado en lienzo en 1982.

 

Animales

Qué decir de la naturaleza pródiga de sus obras, como lo testimonian la presencia de guayacanes de todos los colores, las palmeras, los pinos de tierra fría, los pastizales, las eras de cultivo, las flores y las mariposas.  Estas dos últimas expresiones están en todos los acompañamientos artísticos.

Si los animales del bosque aparecen, no podían faltar las aves de corral, las vacas y caballos, así como los perros fieles y compañeros, y hasta los gatos logrados en romántica figuración.  No es sino ver “Siesta de gatos”, como una verdadera metáfora del cafetal nocturno.

La maravilla artística de Olga de Chica quedó perfeccionada en un libro de Fernando Macías y de Pedro Felipe Hoyos.  Refleja el fervor cultural del libro poético para el desarrollo de los pueblos.  Estoy seguro que, en adelante, todos lo tendremos como referencia, como pasaporte al pasado, como evocación, como portal del recuerdo, como el homenaje hermoso para la mujer que todo fue inspiración campesina, porque ella vivió la magnificencia de ese medio.

Varias veces insinuó a Filandia en la obra.  Bien pudo la artista pintar con directa relación al poblado de su estirpe y titularlo así escuetamente.  No  lo hizo, pero en todas sus postales está un detalle significativo de la tierra del canasto y el  sietecueros.  Si no existía un testimonio de la ruralidad, es solo ver en  cada uno de sus cuadros la marca de las colinas de su pueblo.  Si quisiéramos  recordar la Cometa de Chun, la veremos en muchos de los óleos de Olga de Chica, recordando la sinfonía volátil de los cielos, que algún día inspiró a Chun fabricar la cometa más grande del mundo.  Hasta el  cuadro titulado ‘Se elevó guerrero’, del año 1982, evoca historia y acontecimiento, pues hace remembranza de las prodigiosas historias de esta tierra, o sea el famoso globo de Guerrero en Armenia y Montenegro.

 

Pedro El Arenero

Filandia hace presencia con su iglesia principal, con la escena de “Pedro El Arenero”, que nos recuerda al empedrador y hasta los toldos de lona en su plaza principal. Imposible olvidar el poblado con tanta alusión artística. 

Muchos detalles de otras estancias de su vida y  de la colombianidad aparecen en sus cuadros:  las vendedoras de alegrías de Cartagena, que se confunden con las chapoleras, las fincas donde transcurrió su infancia, las costumbres étnicas,  el río Cauca y la selva, su Manizales del alma, el hermoso borrachero de su jardín, los silleteros de Antioquia y los niños.

Nada de ello podía faltar en la obra de una artista colombiana, que tuvo proyección internacional, pero que tenía su corazón en la tierra cafetera.  Nos dejó la impronta humana en la  delicadeza y la ternura de sus hijas, en el cariño de sus nietos, bisnietos y tataranieto y en el respeto señorial de sus familiares estadounidenses que siempre le dispensaron el trato de mamá Olga, como la recordarán también tantos niños del mundo y de Colombia que se vieron beneficiados con sus contribuciones a la infancia a través del fondo Unicef.

Apenas comienza, con su obra conocida y con la observación detallada y minuciosa de sus cuadros, el viaje expedicionario de la cultura cafetera, en todo su esplendor etnográfico y artístico. 

 

Roberto Restrepo Ramírez
LA CRÓNICA


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