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En profundidad / JUL 23 2017 / Hace 1 Año

Otro año más del “grito emancipador”, sin independencia

Son 207 años de usurpación de la tierra por terratenientes, conflictos sociales, entrega del país a agentes externos, enriquecimiento de unos pocos, guerras fratricidas, corrupción, mafias.

 

Otro año más del “grito emancipador”, sin independencia

No fue suficiente el arrojo y el valor en la lucha independentista; luego faltó inteligencia, honestidad con la joven república y abdicar del sectarismo.


Marco Palacios, en su libro Entre la legitimidad y la violencia, hace una radiografía de la historia del país desde la década de 1870 hasta finales del siglo XX. En el prólogo a la segunda edición, el autor plantea que los obstáculos para desarrollar el ideario de la modernidad, habían empezado a advertirse en los albores de la nación independiente.

En dicha obra expresa: “La inmensidad de una geografía accidentada en relación con la escasa población; la pobreza secular; el desbarajuste de las estructuras de la administración pública agravado por las ambiciones y rencores que, anidados primero en el corazón de élites arrogantes, se filtrarían, bajo la forma del sectarismo rojo y azul, desde las ciudades a los vecindarios más apartados y humildes”.

Para seguir el eco a ese “Grito de Independencia”, agrega: “(…). La adhesión de las clases dirigentes colombianas al capitalismo implicó, desde la Primera Guerra Mundial, que lo identificaran con el modelo de Estados Unidos más que con las formas europeas”. 100 años después, el país sigue siendo un satélite del amo del norte.

Las repercusiones de esa ‘independencia’ se manifestaron al final del siglo XX y así lo enuncia el autor: “(…). Los reformadores de 1990-1991, que consideraron “superada” la democracia representativa, no sabían de dónde partían; desconocían la endeblez de todo el tejido político-administrativo del país; la falta de tradiciones administrativas concurrentes con la democracia sin adjetivos y, copiando fórmulas de lo último en constitucionalismo, España, Brasil, se lanzaron a reformar sin saber a dónde llevaría la reforma”.


Los terratenientes bloquean la reforma agraria

Pero la situación del país también es un reflejo de varias décadas atrás. Leamos lo que sigue afirmando Palacios: “(…). Me anticipo a advertir uno de los erros mayúsculos: En las décadas de 1930 y 1940, se permitió a los grandes terratenientes, portadores natos de una cultura profundamente antidemocrática, que bloquearan las iniciativas de reforma agraria. Error que pudo corregirse en la década de 1960, aun dentro del esquema de contrainsurgencia de la Alianza para el Progreso”. 

Y anota además: “Las consecuencias han sido funestas, no sólo en el ámbito del campo colombiano sino en todo el país. La sociedad colombiana en su conjunto perdió dos oportunidades históricas de acercarse a la paz social, o para expresarlo en cierta jerga académica, de reconocer criterios de economía moral arraigados en la mayoría de la población. Esos yerros gravitan insidiosamente en el oscuro panorama social y político que tienen ante sí los colombianos al comenzar a recorrer el siglo XXI”. 

¿O acaso no hubo 8 años de ‘gobierno’ de un defensor a ultranza de terratenientes, siendo él también un latifundista? ¿Y no es también el obstáculo mayor la actitud de los dueños del campo colombiano, quienes han puesto el grito en el cielo por los acuerdos de paz? Antes y después de la ‘independencia’, la posesión de la tierra ha estado en el “ojo del huracán” de los conflictos sociales y armados en nuestra nación, situación característica de la época del medioevo en los países europeos. Es decir, en Colombia todavía hay personajes con mentalidad feudal.


Bolívar decreta pena de muerte contra los corruptos

Otro mal que heredamos desde la independencia tiene que ver con la corrupción. Es una mancha que ha enturbiado la historia de la patria y no le ha permitido su desarrollo. Poco después de empezar la República, en 1824 Simón Bolívar decretó la pena de muerte contra los funcionarios públicos corruptos. 

El libertador emitió cuatro decretos teniendo presente: “1- Que una de las principales causas de los desastres en que se han visto envuelta la República, ha sido la escandalosa dilapidación de sus fondos, por algunos funcionarios que han invertido en ellos; 2- Que el único medio de extirpar radicalmente este desorden es dictar medidas fuertes y extraordinarias, he venido en decretar, y”. El presidente decretó 4 artículos.

Los dos primeros decían: “Artículo 1º - todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital. Artículo 2º - Los jueces a quienes, según la ley, compete este juicio, que en su caso no procediere conforme a este decreto, serán condenados a la misma pena”.


Como en 1824, el país se hunde con los corruptos

Saltando de 1824 al siglo XXI, se sigue percibiendo la misma mancha que nubla el futuro del país. Así lo ilustra Andrea Paola Zuleta, en su trabajo de grado titulado: “La corrupción su historia y sus consecuencias en Colombia”. Artículo argumentativo para obtener el título de Especialista en Derecho Sancionatorio, de la universidad Militar Nueva Granada.

Al inicio de la investigación señala: “(…). La percepción sobre la corrupción en el país se ha venido elevando en los últimos años, según lo revela el Índice de Percepción de Corrupción 2013, IPC, de la Agencia para la Transparencia Internacional. El informe califica de 0 a 100 la percepción sobre corrupción en el país y en ese estudio, Colombia tiene 36 puntos, muy por debajo del promedio regional que es de 45 puntos”. 

Expresa igualmente: “En la región el país está en el lugar 18. Para Transparencia Internacional, el problema sigue siendo alarmante y considera que la lentitud de la justicia para castigar a los corruptos y las repetitivas prácticas de abuso del poder en todos los niveles del sector público se reflejan en la pobre calificación del país en este Índice de Percepción de Corrupción. (Transparencia Internacional, 2013)”. 

Zuleta cita a Elizabeth Ungar, directora ejecutiva de Transparencia por Colombia quien dice: “Mientras continuemos viendo que hay justicia dilatoria para los corruptos y que los niveles de sanción no son coherentes con el gran daño social y económico, la percepción de corrupción no va a disminuir”. (Transparencia Internacional, 2013, párr. 7)”.


El narcotráfico: Desventura para el país

Más adelante asevera: “Ha sido una desventura para el país la larga convivencia con el narcotráfico y el afán por el enriquecimiento fácil, que se convirtieron en la media y en la forma de ascenso social; el narcotráfico permeó a la sociedad en su conjunto, a la política, a la economía, a la agricultura, al deporte (Villegas, 1995, párr. 2), la sociedad en general fue mostrándose permisiva ante estos nuevos capitales lo que fue originando que se considerara normal obtener dinero de forma ilícita, (…)”.

Para volver a nuestro pasado, ya no de la época de la Independencia, sino más atrás, en su investigación Zuleta, de una de una de sus referencias, cita: “El problema de corrupción en Colombia se puede ubicar con la misma formación de su Estado, inclusive desde antes si se tienen en cuenta los saqueos y las malas administraciones de la Real Hacienda durante la colonia”.


Colombia no ha conocido lo que significa independencia

Si se indaga del significado de la palabra independencia, que da la Real Academia Española, se encuentra varias acepciones: Cualidad o condición de independiente; libertad, especialmente la de un Estado que no es tributario ni depende de otro; entereza, firmeza de carácter. Y todos esos significados le han faltado a Colombia desde sus inicios como República.

Con su importante patrimonio en biodiversidad y una tierra de donde brotaban con facilidad los productos alimenticios, además de un paisaje ‘envidiado’ por muchos países y toda su riqueza cultural que nos da identidad, hubiese sido suficiente para que el país, que es su gente y no unos pocos privilegiados, viviese en condiciones dignas.

Asimismo, el país se encontró con varios tesoros: sus recursos mineros, con petróleo y gas, sus caudales de agua, sus bosques, etc., pero esa bendiciones de la Pachamama se convirtieron en desgracia, porque ha reinado la ambición de unos pocos, la corrupción de otros tantos y la incapacidad de gobernantes y clase dirigente que, en 207 años de historia, se han disputado el poder, fraccionado y sectarizando a la población para que cándidamente se maten. 

Ha faltado también inversión en ciencia y tecnología, formación de capital humano, educación de calidad y que la población intente independizarse de una clase política incompetente. Como Colombia es un país muy feliz, a pesar de sus frecuentes desgracias, el 20 de julio circuló en la red una caricatura que decía: ¿Y qué es lo que celebramos hoy? ¡El día que nos cansamos de que nos robaran los españoles y comenzamos a elegir a nuestros propios ladrones!


Diego Arias Serna - [email protected][email protected]
Profesor-Investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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