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En profundidad / JUL 29 2018 / Hace 3 Meses

Otro fantasma recorre el mundo: El acoso y abuso sexual

En muchos países y sus instituciones, así como universidades públicas y privadas, la violencia verbal y el atropello físico que ellas reciben, parece crecer. 

Otro fantasma recorre el mundo: El acoso y abuso sexual

Las manos criminales no se impondrán si toda la sociedad sale en defensa de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente. El Estado debe ser fuerte con los infames que violentan a mujeres y hombres.

Que las mujeres a lo largo de la historia han sido desdeñadas y perseguidas como cuando las trataban de brujas en la Edad Media y que han sido víctimas de un patriarcado malevo, hasta en la ciencia, no hay la menor duda. Si agregamos el abuso y el acoso sexual, más el maltrato por su pareja y la discriminación salarial cuando ocupan un cargo público o de las empresas privadas, es natural que se rebelen.

Esos atropellos han sido objeto de denuncias, y sino en todos los países, al menos en la mayoría se ha legislado buscando su protección. Pero esas leyes a veces se convierten en letra muerta. También hay que decir que los hombres, aunque en menos porcentaje, también han sido maltratados y acosados sexualmente por sus parejas.

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Voy a hacer énfasis en el acoso y abuso sexual, porque en los últimos años “la punta del iceberg” se ha hecho más manifiesta y las denuncias han recaído sobre muchos estamentos tanto privados como públicos.

Pareciera que le sexualidad humana controlara nuestros instintos o nos faltara mucha formación y respeto en este sentido. Las instituciones gubernamentales, universidades públicas y privadas, conventos, el cine, etc. no escapan al señalamiento por conductas sexuales atípicas. 

En octubre de 2017, Los Angeles Times reveló que alrededor de cuarenta mujeres habían acusado al director de cine y escritor de EE.UU. James Toback, por acoso sexual, hechos que se han presentado desde la década de 1980. También el año pasado el productor de Hollywood, Harvey Weinstein, a pesar de su poder, tuvo que apartarse del liderazgo de su empresa porque 26 mujeres lo denunciaron de abuso y acoso sexual. ‘Sabrosamente’ vivió durante 30 años en la impunidad. 
 

Hollywood ‘desnudó’ al fantasma

El escándalo de Hollywood sirvió para que el fantasma se manifestase en muchas partes. Con la invitación de la actriz Alyssa Milano para que las mujeres que habían sido víctimas escribieran en Twitter y Facebook reportando el caso, en poco tiempo las redes sociales se saturaron con las declaraciones de miles de mujeres de todas partes que denunciaban los atropellos.

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La política de alto nivel –altura presidencial- no escapa a ese fenómeno. Recordemos el caso de la becaria Mónica Lewinsky y el expresidente Bill Clinton o los enredos sexuales del exprimer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, a quien se le culpó de prostitución de menores y abuso de poder. Así también en los parlamentos de los diferentes países, esa contaminación sexual está presente.

Veamos algunos casos: las políticas de EE.UU. revelaron que cotidianamente en el Congreso eran acosadas. Asimismo lo declararon parlamentarias del Reino Unido y Francia. Si en los países que llaman desarrollados ese fantasma ronda las oficinas, ¿por qué no hará presencia en Asia, África, Oceanía, países árabes y América Latina? Colombia -para citar un solo país y no mencionar al Congreso-, conoció el caso de la secretaria privada, Astrid H. Cristancho, del exdefensor del pueblo, Jorge Armando Otálora quien en 2016 renunció a su cargo cuando ella lo denunció por agresión sexual.

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Tan ‘excelente’ funcionario fue absuelto y de agresor se convirtió en víctima. Daniel Coronell –DC-, publicó en la revista Semana (2018/06/03) la entrevista que le concedió Cristancho –C-. “DC: Doctora, el fallo dice que no hubo acoso, sino que usted sostuvo una relación amorosa y sexual con su jefe, completamente consentida. ¿Es eso cierto? C: No, no es cierto. No fue consentida, no fue amorosa y no fue una relación. Ni de noviazgo, ni de pareja, ni de amor. Fue el abuso de un jefe poderoso contra una persona que necesitaba su trabajo”. Si eso le pasó a una abogada, ¿Cuántos abusos ocurren con miles de secretarias?

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En el Ejército y la Policía también hay abusos

La fuerza pública tampoco se libra de este duende. Alicia Liliana Méndez, en su artículo publicado en el periódico El Tiempo (03/03/2018), titulado: “Acoso sexual en la Fuerza Pública: pocas denuncias, un riesgo latente”, lo inicia expresando: Dos mujeres de la Policía se atrevieron a dar un paso con pocos antecedentes en toda la fuerza pública colombiana: Denunciaron a sus superiores por supuesto acoso sexual y abrieron el debate sobre una práctica que se sabe que existe, pero que rara vez genera consecuencias para quienes la perpetran”. 

La sevicia de los pervertidos no tiene frontera, actúan asimismo por fuera de su jurisdicción. El 25 de abril 2017, Sally Palomino en un artículo escrito para el periódico El País de España, y que tituló: “Denunciados más de 4.000 casos de abuso sexual de niños en Colombia en 2017”, empieza expresando: “El fin de semana una niña de cuatro meses fue violada por un soldado del Ejército”. El solo título y el inicio de la noticia nos debe generar tanto repugnancia como reflexión sobre lo que le se vive en nuestro país.

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También afirmó Palomino: “Durante el año 2016, el Instituto de Medicina Legal atendió 17.908 casos de menores remitidos por denuncias de presunto abuso sexual”. ¿Por qué pasa tanta atrocidad? ¿Cuáles son las posibles fallas en la familia, la escuela, las instituciones, la sociedad? ¿De qué paz se habla ante tanta violencia? ¿No debería toda Colombia estar en un diván y someterse al diagnóstico de psicólogos, siquiatras y neurocientíficos? 

¿Acaso la corrupción de políticos y gobernantes, el narcotráfico, paramilitarismo y diversos grupos armados alimentan tanta maldad? ¿Podrá ser la violencia armada favorable para ocultar este otro flagelo tal vez más dañino? Ni que decir de la violencia sexual inmersa en la guerra, que es más que perversa.
 

Lo mismo pasa en la universidad 

El fenómeno se hace más angustiante cuando en la academia también está. La universidad, que debiera ser el faro que ilumine el camino que debe recorrer la sociedad, emite destellos malévolos. Hace poco, un profesor de la universidad Nacional de Colombia –sede Bogotá-, salió denunciado por una estudiante de maestría. No es el único caso, en varias universidades desde varios años se viene denunciando. No se sigue a Einstein cuando afirmaba que la mejor forma de enseñar es con el ejemplo. 

Esas inclinaciones infames no son únicamente de profesores novicios, como podría creerse. En el caso de la universidad Nacional, quien actuó incorrectamente fue un docente mayorcito y padre de familia. Y ese proceder sexual del docente “clama al cielo”, cuando un científico de la talla de Francisco Ayala es señalado por acoso sexual y prácticamente expulsado de la universidad de California en Irvine -UCI-. 

En Colombia ese nombre no es tan conocido, es familiar entre quienes se interesan por la evolución o gocen de cultura general. Para ubicarlos: Ayala -84 años- es un biólogo evolucionista, considerado uno de los científicos, sino el mejor, más importante de España -con nacionalidad estadounidense- y uno de los que cuenta con más prestigio en EE.UU. Conocido por sus estudios del reloj molecular evolutivo y sus investigaciones en genética, así como su aporte en la lucha contra la enfermedad mortal de Chagas. 

Tiene a su haber más de 1.000 artículos científicos. Recibió el galardón Templeton, con un donativo de 1,5 millones de dólares, valor superior al de los premios Nobel. Ocupó la presidencia de la American Association for the Advancement of Science, agrupación de mayor prestigio en el mundo de las ciencias. Hasta hace pocos días era el único que lucía el título de University Professor, el más importante de la UCI, aunque tres de sus colegas han sido Nobel. 

En la UCI llevaban su nombre la Facultad de Ciencias Biológicas y la Biblioteca Central. Llegó a EE.UU. en 1961, poco después de su ordenación como sacerdote Dominico, colgando la sotana muy pronto. Por sus investigaciones ganó prestigio y dinero, pero al conocerse las acusaciones, la UCI lo destituyó.

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Ayala concede entrevista

El 13 de julio, en declaraciones concedidas a Mar de Miguel, y que aparecen en la web de El Mundo periódico español, ante la pregunta –P- : “¿De qué le acusan? Responde –R-: De cumplidos que yo tenía la costumbre de dar o de haber besado en la mejilla, como se saluda en muchas partes de Europa y aquí también. Aunque ahora estoy mejorando y ya no uso esos términos con personas que no tengo familiaridad íntima, para que no me vuelva a pasar lo que ha ocurrido con las tres mujeres que me han acusado”.

P: “¿No son cuatro las denunciantes? R: En el comunicado de la universidad se habla también de una estudiante. Me acusó de haber estado en un sitio cerca de ella y de que la había tocado por detrás. La universidad desechó inmediatamente esa acusación. Así que sólo queda la acusación de las otras tres mujeres. P: La universidad habla de un acoso reiterado. ¿Qué ocurrió exactamente? R: Me llegó una acusación de estas mujeres a las que yo simplemente expresaba cumplidos”.

Continúa Ayala: “Son mujeres a quienes yo conocía y a las que, cuando estaban juntas, saludaba con expresiones como “qué placer estar junto a unas mujeres tan guapas”. Ni siquiera quiere decir que uno piense que lo son, es una simple cordialidad. Estos saludos los hacía muy raramente, aunque la universidad los menciona como si fueran muy frecuentes”.

P: ¿Han exagerado su comportamiento? R: Mis cumplidos no eran íntimos. La intención de ser amable y cordial, lo han convertido en acusaciones de acoso sexual. Estas tres mujeres lo han interpretado de una forma diferente y la universidad les ha apoyado y lo ha llevado a un extremo extraordinario: quitarme de la universidad y mi nombre asociado a la Facultad de Ciencias Biológicas y a la Biblioteca de Ciencias. Estoy tremendamente afectado por la mala interpretación de estas acciones que no son más que cortesías.

Los medios le han dado mucha difusión al caso y quienes deseen pueden documentarse para que tengan una opinión más clara. Lo cierto es que muchos científicos respaldan a Ayala.
 

Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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