Lunes, 24 Sep,2018

Cine / SEP 02 2018 / Hace 21 Dias

Pájaros de verano, por una nominación en los Óscar

David Gallego es el director de fotografía. También lo fue en El Abrazo de la Serpiente.

Pájaros de verano, por una nominación en los Óscar

En la Guajira una enorme y solitaria mansión en medio del desierto es destruida a tiros por un grupo de hombres fuertemente armados con rifles y explosivos bajo un cielo de tormenta, se trata de una disputa familiar, un ajuste de cuentas entre los miembros de una familia indígena vinculada al narcotráfico.

La escena hace parte de Pájaros de verano, la nueva película de Ciro Guerra y Cristina Gallego, que se estrenó el 2 de agosto en las salas de cine del país y que este año buscará estar en los premios Óscar. Se trata de la cuarta producción cinematográfica dirigida por el colombiano, una de esas, El abrazo de la serpiente, se convirtió en 2016 en el primer largometraje nacional en competir por un galardón en los premios Oscar como mejor película de habla no inglesa.

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La nueva obra fue seleccionada por la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas para que compita por una de las nominaciones en el evento más importante del mundo de la industria del cine, que se entregarán en Hollywood. Los filmes seleccionados se darán a conocer el 22 de enero de 2019 y la ceremonia de entrega de reconocimientos será el día 24 del mes siguiente.

 

Sobre Pájaros de verano

La película habla sobre la bonanza marimbera de la daécada de 1970. Es la historia de un clan Wayú, aborígenes de la península de La Guajira, y su entrada al negocio del narcotráfico. José Guillermo Acosta interpreta a Rapayet Abuchaibe, quien desea contraer matrimonio con Zaida Pushaina, una mujer wayú que acaba de salir de un encierro de un año lista para ser pretendida por un hombre como lo dicta su cultura, interpretada por Natalia Reyes, quien es recordada por su papel de Lady Tabares en la serie de televisión ‘Lady, la vendedora de rosas’.

Para oficializar la relación, la madre de Zaida y matriarca del clan Úrsula Pushaina, personificada por Carmiña Martínez, exige un tributo en la forma de chivos, reses y collares, según sus tradiciones. Para hacerse con el capital necesario para el tributo, Rapayet hace negocios con unos ‘gringos’ miembros del cuerpo de paz que están buscando marihuana en los territorios indígenas de La Guajira.

Lo que comienza con una venta de unos cuantos kilos se convierte en una empresa que con el tiempo saca avioneta tras avioneta cargada del narcótico desde pistas clandestinas en el interior del territorio wayú.

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La historia es un drama de mafiosos mezclando una visión etnográfica de la cultura indígena. La influencia extranjera necesitada de drogas crea, dentro del clan wayú, un hambre de poder que termina atentando contra sus preciados principios de honor y familia.

A Colombia le es familiar ver el narcotráfico relatado en las pantallas. Es bien conocida la historia del dinero fácil en abundancia que termina por corroer la moral de quien lo gana, poniendo a familias y amigos a luchar y a matarse los unos con los otros. La diferencia de Pájaros de verano es que la historia se cuenta desde la perspectiva de la matriarca wayú y su interpretación del fenómeno desde su cultura.

Úrsula es testigo de cómo los negocios de su yerno ofenden a los espíritus que cuidan el territorio ancestral de su gente, estos se manifiestan a lo largo de la película mediante sueños premonitorios, visiones y apariciones de diferentes animales que tienen un significado simbólico para su etnia. Esos mensajes hablan del gran mal que está a punto de caer sobre la familia. Las desgracias del narcotráfico son retratadas como una especie de maldición o castigo divino dentro del filme.

Todo ese misticismo se combina con la mirada contemplativa de las tradiciones indígenas. La película deja apreciar diferentes elementos de la cultura y hace participe al público de rituales que dejan entrever la idiosincrasia wayú. Es hablada casi toda en wayuunaiki y solo en algunos instantes y hacia el final se habla en español. Es una ventana a una región culturalmente alejada del resto del país. Ese aspecto de enriquecimiento cultural, entre otros, es propio de las obras de Guerra y Gallego.

Pájaros de verano nos invita a reflexionar sobre el impacto de los extranjeros en las maneras locales de hacer las cosas. La venganza y la muerte son subproductos de una avaricia creada por la influencia de los mercados estadounidenses en La Guajira. Las ideas que nacen de la lógica de los negocios reemplazan las tradiciones y los valores autóctonos. En la película se muestran ampliamente, y se justifican, las reservas que tienen los Wayú al tratar con alijunas, que es el nombre que le dan a todos los que no son de su etnia.

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La película es una buena razón para asistir a las salas de cine y para tener fe en las producciones colombianas. Posee una planimetría inventiva y cuadros llenos de color, propios de La Guajira. Además de que está cargada de acción, tiene también un dramatismo palpable, los personajes están todo el tiempo con una actitud preocupada producto de su actuar contrario a sus costumbres. Las secuencias de las visiones le dan una atmósfera mística, la que podría sentir un alijuna cualquiera, asistiendo a una ceremonia indígena a luz de una hoguera, acentuada por una banda sonora creada con instrumentos clásicos de la cultura wayú. Es la música una característica sobresaliente de Pájaros de verano, es misteriosa y melancólica, va de la mano con la narración y le facilita al público sumergirse en la maldición del narcotráfico.
 

Inauguración del filme

Pájaros de verano fue seleccionada como filme inaugural de la 50 Quincena de Realizadores, sección paralela al festival de Cannes, también está preseleccionada para representar a Colombia en la edición 33 de los premios Goya.


Redacción
LA CRÓNICA


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