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General / MAR 27 2014 / Hace 3 Años

Pedro Miguel Rozo, la pluma tras la telenovela colombiana

Pedro Miguel Rozo Flórez es el padre de muchas historias que, gracias a la televisión, han convivido con la mayoría de colombianos.

Pedro Miguel Rozo, la pluma tras la telenovela colombiana

Pedro Miguel Rozo Flórez es el padre de muchas historias que, gracias a la televisión, han convivido con la mayoría de colombianos. Telenovelas como ‘El último matrimonio feliz’, ‘Allá te espero’ o ‘Comando élite’ lo han convertido en un

Telenovelas como ‘El último matrimonio feliz’, ‘Allá te espero’ o ‘Comando élite’ lo han convertido en uno de los libretistas más galardonados de la actualidad y en un hombre que no concibe la vida sin escribir para la pantalla chica.

¿Cuándo y por qué surge ese deseo de contar historias?
Nuestra vida solo la podemos vivir una sola vez. Pero en compensación, las historias nos permiten un viaje con tiquete de regreso. Contar historias es la fascinación de construir vidas imaginarias para conocer a fondo a las otras personas y sobre todo a uno mismo, es la posibilidad de escapar y sumergirse en la vida de otra persona. Es una vía de escape y una forma de autoconocimiento.

¿Cuál es la clave para hacer una telenovela o una serie que logren el éxito que usted ha tenido?
Creo que es importante encontrar el equilibrio entre lo que el televidente quiere ver y lo que uno quiere contar. Una historia que se diseña sin pensar en las expectativas del televidente al que va dirigida se convierte en una narración excesivamente personal e intransmisible, pero una historia pensada exclusivamente para complacer al televidente, se vuelve vacía, sin nada que la distinga de las demás ofertas televisivas con las que compite. Creo que llegar a un equilibro de ambos polos es fundamental para dejar huella en la teleaudiencia.

¿Qué historia no ha contado y siempre ha querido hacerlo?
Hay una historia que me ha dado vueltas por más de diez años y cada vez estoy más cerca de poderla llevar a la pantalla grande. La historia de dos hermanas que por medio de una mentira piadosa que construyen para la mamá desde el exterior, empiezan a resignificar el sentido de sus propias vidas.

Ya con este proyecto ganamos el Premio Coral a mejor guión inédito en el Festival de La Habana el año pasado, y esperamos que ello abra puertas para lograr producirla para el 2015.

¿En qué se diferencia un libreto de los diálogos que todos tenemos normalmente?
Son muchas las características que impiden que un personaje hable como la gente en la vida cotidiana: en televisión se debe ir al punto, mientras en la vida real podemos explayarnos, cambiar de tema, dejar conversaciones inconclusas y hacer alusiones irrelevantes a todo momento.

Esto implica que el diálogo del libreto, si bien debe tener una apariencia de cotidianidad, a la vez debe ser sucinto, concreto, preciso, de otra manera es complicado que el televidente consiga engancharse con la historia.

¿Lo que está viviendo es su sueño cumplido?, ¿cómo hizo para cumplirlo?
No es mi sueño cumplido. Mi sueño era tener un gran grupo de teatro en el que pudiera contar las historias que me diera la gana y viajar por los festivales más importantes de todo el mundo sin tener que preocuparme nunca por la plata. Yo llegué a la televisión por oportunidades que se me fueron dando sin que yo las buscara.

Al principio la odiaba, el estrés de las entregas, las restricciones del rating, del mercado. Todo eso me parecía superficial y pensaba que escribir televisión no constituía ningún reto intelectual ni creativo, solo era la forma de sostenerme económicamente.

Al poco tiempo me vi en la cuerda floja y descubrí que si quería mantenerme adentro me tenía que tomar la cosa muy en serio, ponerle neuronas y corazón, porque si a mí me están pagando por hacer mi trabajo, tengo la obligación de hacerlo lo mejor que pueda. Poco a poco fui madurando y empecé a amar este oficio de la escritura audiovisual, y ahora no me imagino mi vida sin él. Mi relación con mi trabajo no fue amor a primera vista. Fue un enamoramiento que se fue dando con el tiempo y con la vida.

¿Cuál es la historia de ficción de la televisión colombiana que más aprecia?
Hay muchas, pero creo que ‘Cuando quiero llorar no lloro’, más conocida como ‘Los Victorinos’, fue una historia que tocó el corazón de todas las clases sociales colombianas, con una trama construida por fuera de los cánones del melodrama y más cerca a la estructura de la tragedia. ‘Los Victorinos’ nos permitió captar la compleja realidad del país desde diferentes puntos de vista.

¿Cuál es la historia de ficción de su carrera que más aprecia?
‘El último matrimonio feliz’, porque fue el primer proyecto en donde con Adriana Suárez, pudimos explorar la manera como ambos veíamos los conflictos de la mujer en la sociedad colombiana. Allí tuvimos una libertad en el proceso de escritura, que me permitió definir un estilo de escritura que antes apenas intuía.

¿Qué película recomienda siempre?
‘Buscando a Nemo’. Me parece que es uno de los mejores ejemplos para comprender la estructura de un buen guión, que por el hecho de ser comercial, no renuncia de ninguna manera a la complejidad de su historia y de sus personajes.

¿Le gusta involucrar al Quindío en sus historias? ¿Por qué?
Bueno, uno usualmente termina siempre hablando de lo que más conoce o de eso es de lo que puede hablar mejor. Telenovelas como ‘Allá te espero’, o la obra de teatro ‘Nuestras vidas privadas’, e incluso ‘Pacto’, el proyecto de cine del que hablé, son historias que se configuran desde un imaginario de familia que proviene del Viejo Caldas; un imaginario muy diferente al de otras regiones y que tiene que ver con la manera de construir las relaciones afectivas y las dinámicas sociales que de allí se derivan. 

 

Por Camila Caicedo


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