Jueves, 22 Ago,2019
Historietas del más acá / MAY 19 2019 / hace 3 meses

Piedras vivas

Autor : Ernesto Acero Martínez

Este convento está ubicado en el norte de la ciudad, cerca del hospital San Juan de Dios, y aunque pasa desapercibido para muchos, es bien conocido por otros tantos que han recibido allí una alta dosis de ayuda.

Sor Ludi Estella cuenta con gracia, y al final de la anécdota sonríe, que un coronel le pidió a un soldado conseguir una veladora para que acompañara un familiar que estaba enfermo, el recluta fue a una tienda, compró la veladora y se la llevó a su superior, pero se ganó un regaño, el oficial le dijo que él se refería a una hermana veladora, a una monja de las que pasa en vela la noche cuidando enfermos en clínicas o viviendas. Esa es la versión de la religiosa sobre el remoquete que les pusieron a las Siervas de Jesús de la Caridad.
 


En el convento de Armenia viven 11 hermanas nacidas en Colombia, Perúy Ecuador.


La casa que habitan las monjas, de toca y hábito crema, está ubicada en el norte de la ciudad, pasa desapercibida para mucha gente, menos para el que necesita ayuda. A las monjitas las buscan para que cuiden personas enfermas, y ellas lo hacen con amor y por misericordia; van hasta el lecho del enfermo y lo abrigan con amor, apoyo físico y espiritual, desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana, el día que sea. Cumplen sagradamente una cita los miércoles en el hogar Jesús Pobre para dar comida y consuelo a los adultos mayores; en el día responden a cada sonido del timbre con alimento para el hambriento; todo lo hacen con sincera entrega, con paciencia y humildad, por eso se justifica que en la entrada  del convento esté escrito, en una piedra, la palabra bienvenidos.
 


 


La casa en la que viven las religiosas tiene amplios corredores, dos capillas, polideportivo, salones de estudio y hermosos jardines.

 

Ubicación del Convento Siervas de Jesús (Ver en otra pestaña)


Las Siervas de Jesús de Colombia conforman, junto con las hermanas residentes en los conventos de Perú y Ecuador, la provincia de San Ignacio. La primera sede que tuvieron en el país fue la de Armenia, hoy su apostolado también mora en Buga, Medellín, Cocorná, Barranquilla, Puerto Colombia y Bogotá.

A la capital quindiana llegaron por primera vez el 7 de febrero de 1955, fueron recibidas por las Capuchinas y el primer obispo de Armenia, Jesús Martínez Vargas, tras la anuencia de monseñor, las madres regresaron a Argentina para organizar lo que sería su llegada definitiva a esta ciudad. El 4 de julio de 1955 empezó a navegar una comisión de siete monjas de la comunidad, desde Valparaíso, para desembarcar nueve días después en Buenaventura, en donde las esperó don Gabriel Villa. La primera comunidad de Siervas, en Colombia, se instaló el 14 de julio de 1955 en una casa marcada con el número 14-14 de la calle 20 de Armenia.


¿Cómo se sostienen las Siervas de Jesús? (Ver en otra pestaña)


La actividad apostólica de esta congregación empezó a sumar admiración y apoyo, especialmente el de la señora Inés de Ángel, que donó el terreno en donde fue inaugurada la actual sede el 24 de diciembre de 1958 con una solemne eucaristía celebrada a las 7 de la mañana. La construcción fue diseñada y dirigida por los hermanos Gustavo y Eduardo Fajardo Molina.
 


Su labor de cuidado ha sido un gran apoyo para muchos quindianos.
 

Las religiosas llegan de cuidar pacientes a las seis de la mañana y se unen al rezo de Laudes, participan de la eucaristía, rezan el Rosario, desayunan y se concentran en los diferentes oficios de la casa, todo es un compartir de hermanas. Al mediodía toman el almuerzo y luego descansan hasta las  siete de la noche; en un salón, acogedor, como lo es cada espacio de la casa, comparten experiencias y dialogan sobre la palabra de Dios, pasadas las 8 de la noche hacen el rezo de Vísperas  y a las 8:40 salen en misión a cuidar enfermos al lugar que les hayan solicitado.
 

La formación es uno de los pilares del convento (Ver en otra pestaña)


En juegos de mesa, algunas veces jugando baloncesto, voleibol o fútbol, plantando flores y cuidando el jardín, pasan las hermanas sus ratos de ocio. Las religiosas viven de la caridad, son muy organizadas, con la basura orgánica preparan compost para alimentar las áreas verdes del convento. Cada hermana cuenta con seguridad social y si alguna, como la ecuatoriana sor María Cristina Carrión Pupiales, recién graduada como gerontóloga de la universidad del Quindío, quiere cursar estudios superiores, la comunidad los subsidia.


Los cantos acompañan a la oración y a la adoración (Ver en otra pestaña)


Muchas son las experiencias que resultan de ese contacto diario entre las hermanas y los enfermos, pero hay una especial, le ocurrió a la monja colombiana Ludi Estella, en Ecuador. A la religiosa le encomendaron el cuidado de Olguita, una mujer ya mayor, aburrida con la vida por las múltiples experiencias vividas; la señora le contó a sor Ludi, días después cuando aceptó la presencia de la Sierva y empezó a hablarle, que su hijo era drogadicto, que el esposo la había abandonado y que un hijo adoptivo la maltrataba. Una noche de sábado la paciente aceptó confesarse, pero debía ser en ese instante; para la hermana Ludi era un logro mayor haber hecho que la señora aceptara de nuevo a Cristo en su corazón, pero el reto de conseguir un cura a esa hora parecía imposible aunque así sucedió, milagrosamente un hombre de sotana pasó por la habitación de Olga, venía de visitar a un familiar enfermo, Ludi Estella corrió, convenció al padre, se llevó a cabo el sacramento, Olguita descansó del peso del resentimiento que llevaba en el alma y al otro día también su cuerpo descansó del dolor físico, murió en paz.


Ernesto Acero Martínez
@hdelmasaca
Especial para LA CRÓNICA


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