Domingo, 23 Sep,2018

Región / SEP 12 2018 / Hace 10 Dias

Quindío, ruta de venezolanos exiliados buscando mejor vida

Durante los últimos meses se ha incrementado en Colombia el éxodo de extranjeros que se observan caminando por las principales carreteras del país. La vía a La Línea hace parte de las largas jornadas.

Quindío, ruta de venezolanos exiliados buscando mejor vida

Un grupo de cinco venezolanos, movilizados por un conductor de carga, han atravesado medio país para llegar hasta Lima, Perú.

A Colombia siguen llegando venezolanos exiliados de su país, quienes buscan mejores oportunidades. En los últimos meses, el éxodo de los extranjeros se ha incrementado y es muy común encontrar grupos de ellos caminando por las principales vías nacionales. LA CRÓNICA hizo un recorrido por la vía La Línea, donde encontró dos grupos de viajeros, quienes viven del buen corazón de la comunidad y de los camioneros que les brindan descanso en algunos tramos.

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Luis Gerardo Sánchez Rojas hace parte de un grupo de cinco venezolanos que entraron de manera ilegal a Colombia y han recorrido, durante siete días, su geografía.

“Yo soy de Mérida. Nosotros entramos de manera ilegal, es decir, por lo que nosotros llamamos ‘trocha’, porque los que tienen pasaporte lo tienen vencido y no lograron renovarlo o sencillamente no pudimos sacarlo. Para pasar la frontera tuvimos que pagarle a alguien en pesos colombianos, porque eso es monte”, dijo.

Afirmó que el destino final es Lima, Perú, donde tienen conocidos que los ayudarán a trabajar y así poder sostener a sus familia que dejaron en su tierra.

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“Allá ya no se puede vivir, no tenemos acceso a medicamentos, alimentación ni estudio. Ya no hay transporte público, la gente se moviliza en camiones. Yo dejé mi casa, mis artículos personales y mi familia. Allá era montacarguista de una cadena de abasto, pero tampoco pude seguir por falta de dinero”.

A pesar del frío que se genera en el alto, estos excursionistas caminaron por horas, hasta encontrar un conductor que decidió movilizarnos en su remolque. En el recorrido, personas en vehículos que pasaban cerca y los identificaron les brindaron comida y agua, con el fin de ayudarlos en su travesía.

“Acá nos han recibido muy bien, nos dan comida, agua y a veces dónde quedarnos. Son muy pocas las personas que nos rechazan. Las autoridades no se meten con nosotros, normalmente nos dejan seguir”.

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Su única guía es un mapa de Colombia que consiguieron en la frontera, por medio del cual trazan la ruta para llegar a su destino.

“Es la única ruta que conocemos. No tenemos nada de dinero, ni un peso colombiano, creo que en este momento en mi billetera tengo un dólar arrugado. Uno de mis compañeros traía una tablet que tuvo que vender en Barranquilla para poder comer, pero solo le dieron $15.000 por ella”.
 

“Allá ya no se puede vivir, no tenemos acceso a medicamentos, alimentación ni estudio...”


Dos menores caminando

En Calarcá, luego de haber superado el alto, estaba John Jairo, de 17 años de edad, acompañado por su hermano, que es un año menor, quienes pretendían llegar a Pereira para trabajar en una finca cafetera.

“Llevamos seis días caminando. En Venezuela ya no hay nada, no hay comida ni trabajo. Mi mamá está recién operada y me vine con mi hermano porque no lo podía dejar solo. Tenemos un amigo en Pereira que trabaja en una finca cafetera, esperamos que podamos conseguir algo allá y comprar ropa para irme a Perú, donde otro compatriota me está ayudando a conseguir un puesto en un restaurante”, narró John.

Afirmó que en su mayoría, los colombianos se han mostrado amables y receptivos. “Estamos muy agradecidos. Desde que salimos de Cúcuta no nos ha faltado nada, lo único que se nos complica a veces es dónde dormir. A mí me regalaron unos zapatos, porque las botas que traía me sacaron ampollas”.

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El adolescente, que estudió hasta octavo de bachillerato, aseguró que en Venezuela trabajaba como cocinero en un restaurante y con eso apoyaba a su familia, sin embargo, la situación económica del país obligó al dueño del establecimiento a venderlo y él se quedó sin cómo subsistir.

El recorrido ha sido largo, pues han tenido que caminar durante horas

“Llegamos a Pamplona caminando, pero allí logramos que nos llevaran hasta el páramo que se llama Berlín y luego hasta Bucaramanga. A San Gil llegamos caminando y otro transporte nos llevó a Tunja, donde atravesamos una montaña, que no recuerdo el nombre, a pie. La Línea la pasamos la mitad caminando y el resto en un camión”.
 


Tatiana Palacio Mejía 
LA CRÓNICA


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