Por: Oliver Gómez Solarte
Mientras los seguidores del Deportes Quindío viven el infierno de ver a su equipo hundirse en el último lugar de la tabla del descenso y sin un horizonte claro, desde el seno de la institución el silencio es perturbador, lo que hace temer que el rumbo continuará siendo el mismo y la más perjudicada sería la institución que es la más firme candidata para convertirse en inquilina de la Primera B.
Después de la derrota 0-1 ante el Cúcuta Deportivo, la séptima del equipo en lo que va del torneo, las alarmas no se han encendido en esta empresa deportiva y ni el mismo director técnico sabe que va a pasar con él, pues su continuidad no ha sido asegurada, a pesar de que muchos la dan como un hecho.
Ante dicha situación, el grupo no se encuentra tranquilo, pues sobre él se posan mantos de duda relacionados especialmente con la seriedad con la que se encara su actual momento en busca de la mejor solución para un equipo que, aunque cada día parece más de fuera, es un sentimiento quindiano, como lo rezan los integrantes de sus diferentes barras.
El silencio del presidente César Pinzón es abono para la desilusión generalizada entre los ‘cafeteros’, que cargan con la cruz de que su representativo sufra de un cáncer que parece terminal, pues no se vislumbran las soluciones para honda crisis que se vive en su interior.
Lo que deja pensativos a los quindianos es que mientras que en otros conjuntos tras unos cuantos traspiés se inicia la revolución, en este no pasa nada ni frente a un diluvio como el actual, lo que le resta seriedad a su campaña, pues denota que incluso escasea el amor propio.
A falta de ocho días para el trascendental encuentro ante el Cortuluá, otro de los implicados en el tema del descenso, se requieren golpes de timón para que el panorama se vea más y que el sonido de las palabras y el movimiento de las acciones de las cabezas de la institución apacigüen el sosiego cuyabro.